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Inicio / Cuenteros Locales / MaCHaN / El Hada de los Sueños

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La historia que ahora voy a contarte, a simple vista, puede parecerte algo irreal, imposible, algo ficticio… pero puede que consiga abrirte esa pequeña puerta de ilusiones que, cuando abres, encuentras un mundo diferente, un mundo llamado Fantasía, donde el hombre más débil y cobarde, podía convertirse en un caballero valiente y fuerte… donde la más pequeña luz, podía iluminar un mundo lleno de oscuridad.

No hará mucho tiempo, quizás, solamente unos tres años, existió un pequeño lugar llamado Medilán. En él, habitaban toda clase de seres fascinantes, desde pequeñas ninfas, guardianas de los bosques, hasta terribles dragones, capaces de escupir fuego por la boca… sin olvidarnos de los magos, magos poderosísimos, con una fuerza (poder) tan inmensa, que podían despertar al mal más oscuro y temible que nunca nadie hubiera imaginado. Pero sobre todos aquellos seres, duendes, gnomos, sirenas e incluso elfos, destacaba una pequeña hada, llamada Niräe, que más adelante, por causas que aún desconoces, sería recordada como “El hada de los sueños”.

Todo empezó un cálido día de verano. Niräe estaba sentada sobre una roca que había en medio de un lago, con sus pies metidos en el agua. En la orilla del lago, tocando una especie de flauta de madera, estaba su amigo de la infancia Luel, un mago, pero con un don especial; su inmenso poder, aún estaba por descubrirse del todo.

-Niräe, si te caes al agua, no me hago responsable. – Dijo Luel.
-Iré con cuidado… tranquilo. – Dijo Niräe sonriéndole.

Niräe, al ser hada, no sabía nadar, ya que si mojaba mucho sus alas, podía perder la capacidad de volar. Luel seguía tocando con la flauta, una melodía que a Niräe le encantaba. Ella le miraba, mientras movía sus pies en el agua. Lo que sentían el uno por el otro era bastante distinto. Ella le apreciaba y le quería mucho, pero solo como un amigo estupendo… o eso es lo que creía; él la quería, pero no solo como amiga, si no mucho más que eso.

De repente Niräe, perdió el equilibrio y se cayó al agua. El primer instinto de Luel, fue utilizar la magia para ayudarla.

-¡¡Invitu deska ikarium!! – Gritó Luel.

Para ser exactos, lo que dijo fue “Ven ahora hacia mí”; era un conjuro de levitación. La llevó hasta la orilla. Niräe estaba empapada, podía correr el riesgo de no volver a volar nunca. Luel, lo que hizo fue extender sus manos sobre ella, sin tocarla, y pronunciar estas palabras Sole vitum curae, “Sol caliente que da vida” y la secó por completo.

-Quieta, no te levantes… es mejor que descanses un poco – Dijo Luel.

La cogió en brazos y la llevó bajo un árbol. Al cabo de un rato Niräe se despertó.

-¿Por qué lo has hecho? – Preguntó ella.
-¿Hacer el qué? - Luel se extrañó de su pregunta.
-Sé perfectamente que después de utilizar tu magia te debilitas mucho, y encima has hecho dos conjuros…
-No pretenderías que te dejara en el agua ¿verdad? – Dijo Luel.

Niräe se acercó a él, y le dio un beso en la mejilla.

-Gracias – Dijo ella.
-No tienes porque darlas… - Luel se puso un poco nervioso.

Al cabo de varios días, empezaron las fiestas de “Hurian”, que duraban tres días. Tenían ese nombre, porque se celebraban en honor a un Dragón llamado Hurian, que dio su vida para salvar el mundo de Fantasía.
Por la noche se hacían unas fogatas, y todo el mundo bailaba y cantaba alrededor de ellas, recordando la llama de aquel dragón, que los sacó a todos de la oscuridad.

El segundo día de fiesta, por la noche, Luel vio que un par de elfos, estaban tonteando con Niräe. A ella parecía que no le importaba nada en absoluto, pero él empezó a ponerse celoso. Al principio pudo contenerse, pero cuando se dio cuenta de que uno de los elfos estaba acercándose demasiado a ella, fue para allá y se la llevó.

-Siento interrumpir… pero es que Niräe no está disponible… - Dijo Luel con ironía.
-Luel, ¿qué estás diciendo? – Preguntó Niräe extrañada.
-Si no os importa… me la llevo.

Luel la cogió de la mano y se la llevó de allí. No la soltó hasta que llegaron al lago donde, desde muy pequeños, habían discutido, habían reído e incluso, llorado; el mismo lago donde Niräe se calló al agua y Luel la sacó utilizando su magia.

-¡¿Se puede saber qué demonios estás haciendo?! – Dijo Niräe enfadada.
-¿Yo? Nada… - Contestó Luel dándole la espalda.
-¿Me quieres decir por qué de repente te has puesto así?
-Yo no me he puesto de ninguna manera…
-Ah! Muy bien… pues ya te aclararás tú solo. Adiós. – Dijo ella.
-Niräe, espera… - Luel se giró.
-¿Y bien?
Lo siento, siento haberme puesto así… pero es que tú… tú… - Luel no sabia como decírselo.
¿Yo qué? – Niräe no entendía nada.
Me gustas desde que éramos pequeños. – Se formó un silencio – Sí, es cierto… pero nunca he podido decírtelo, porque tenía miedo a perderte… y eso era lo último que quería.

Niräe no supo qué decir y, sin saber porqué, se fue corriendo. Al día siguiente las cosas cambiaron, Niräe no se atrevía a mirar a Luel, en cambio, él pensaba que ella no quería saber nada de él, y no se atrevió a hablar con ella, por miedo a empeorar las cosas.

Después de finalizar las fiestas, Luel dijo que se iba a estudiar y a practicar magia, durante cinco años, a una escuela que había en una montaña, alejada de todo y todos. En esa escuela, antes, solo se admitían magos, pero se dieron cuenta de que eso era una verdadera estupidez, porque todos los seres tenían poderes mágicos. Así que decidieron que la escuela estaría abierta a todo aquel que quisiera entrar y aprender de sus cualidades.

La noticia llegó hasta los oídos e Niräe. Al principio le pareció bien, pensó que, como Luel aún no había descubierto todo su poder, le iría bien esa escuela para desarrollarlo del todo. Pero fueron pasando los días y cada hora, cada minuto, cada segundo que pasaba, se acercaba, cada vez más, al momento en el que Luel se marcharía.
Algo dentro de Niräe, no pudo soportarlo. Por las noches lloraba sin motivos, había perdido las ganas de reír, las ganas de salir y divertirse; algo le oprimía el pecho, haciendo de los días una tortura insoportable.

Finalmente llegó el día y Luel se marchó sin despedirse. Para Niräe fue el fin, fue como sentir un puñal en el corazón que la destrozó por completo. No entendía qué era esa sensación; su cabeza seguía diciéndole que él era, simplemente, un amigo de la infancia, un amigo muy importante para ella… pero nunca tienes que hacer caso de lo que te diga la cabeza, es un completo error; ella en estas situaciones, no sabe como actuar, lo único que hace, es aferrarse a una idea y no “soltarla” hasta que se demuestra lo contrario.

Pasaba el tiempo, pero Niräe estaba cada día más y más triste. No pasaba un solo día sin que ella fuera al lago, aquel lago que le traía tantos recuerdos. Y entre tantos recuerdos, le vino a la cabeza, la melodía que él siempre le tocaba con la flauta. Tan profundo era el vació que sentía, que, como una simple distracción, le puso letra a aquella dulce melodía.

Duerme ahora,
Y sueña con los momentos que pasamos juntos.
Alguien te está llamando desde lejanas tierras.

La esperanza se desvanece en el mundo de la noche,
entre sombras que caen del tiempo y la memoria.

¿Por qué sollozas?
¿Qué son esas lágrimas sobre tu rostro?
Pronto te darás cuenta de que tu dolor va a desaparecer.
Estás a salvo en mis brazos, tú solo duerme.

¿Qué ves en el horizonte?
¿Por qué te llaman los ángeles blancos?
Cruzando el mar, una pálida luna se eleva.
Tus sueños han venido para llevarte a casa.

No digas que todo ha terminado.
Blancos ángeles nos llaman.
Volveremos a encontrarnos.
Y estarás aquí en mis brazos, aún dormido.


Al acabar de cantarla, le pasó algo muy extraño. Una extraña luz la envolvió por completo, y se sintió… distinta. Quiso comprobar qué era esa luz, y algo hizo que caminara, directamente al agua.
Ella era consciente de que no sabía nadar y que no podía mojar sus alas, pero fue grande su sorpresa al ver que, cuando metió un pie en el agua, este no se hundió.

Ese mismo día, por la noche, Niräe habló con sus padres y les dijo que quería ir a estudiar magia a la escuela “Cofae”, y te sorprenderás al saber que, sí, era la escuela de magia a la que Luel había ido a estudiar, hacía ya dos años y medio. Así que al cabo de dos días, hizo las maletas y se marchó, pero el camino era largo, y tardaría tres días en llegar a “Cofae”.

Niräe estaba impaciente por ver a Luel, pero sabía, que después de lo que pasó en el lago, no podría actuar como a ella le gustaría, así que decidió que, cuando llegará allí y le viera después de tanto tiempo, tendría que actuar de una manera que le hiciera ver a Luel, que ella sentía algo por el, que de alguna manera, lo que pasó aquella vez, no fue más que un error que ella cometió y tendría que conseguir por todos los medios posibles, que él se fijara en ella y se diera cuenta de que había cambiado.

Y en cierto modo lo había hecho, tal vez no de la manera que tú pensabas, pero aquella canción, formada a partir de una melodía creada por Luel y una letra hecha por Niräe, había despertado algo dentro de ella, que cambiaria las cosas para siempre… la verdad es que, a parte de despertar algo en ella, había despertado un poder oscuro, bueno, más bien había despertado a “la nada”, capaz de destruir por completo al mundo de Fantasía. Podía adoptar muchas formas según su voluntad, ya que “la nada” no era nada más que sentimientos tristes y dolorosos de la gente y no tenía ninguna forma en concreto.

Si no recuerdo mal, este poder oscuro, ya se había despertado antes, mucho antes de que tú e incluso yo hubiéramos empezado a tener vida. Destruyó todo lo que encontró a su paso, árboles, casas, paisajes, animales… e incluso gente inocente. Aterrorizó a todo ser que se pusiera en su camino, e incluso niños inocentes murieron en el intento e huir. Pero solamente uno de aquellos seres, solamente “él”, uno entre millones, fue capaz de parar a “la nada”.

No se si en este momento, en este mismo instante, debes acordarte de él, pero supongo que sí. Fue Hurian el Dragón. Creo recordar que no era uno de los seres más poderosos que en ese momento habitaban Fantasía, lo único que le hacía diferente era su valor, sus ganas de mejorarse cada día más y que, ante todo, siempre ponía el corazón antes que el orgullo.

La nada lo destruyó todo; no dejó nada tras de sí. Hurian, se dio cuenta de que, la nada, no eran nada más que ilusiones perdidas, de gente que había intentado conseguir su sueño y había fracasado en el intento; a causa de eso, sus corazones se habían vuelto oscuros, se habían llenado de dolor y rencor hacía todas esas personas que había conseguido ser felices y ante todo, dejaron de creer en la magia. Hurian pensó, que de la única manera que podía salvar Fantasía era intentando, con su potente llama, iluminar todos esos corazones que habían perdido la ilusión y que ya no creían en nada.

Y así lo hizo, pero a cambio de poder salvar toda Fantasía de las manos de la nada, tuvo que pagar un precio muy alto… su vida.

Fantasía volvió a la normalidad. Hurian murió y en su honor crearon una estatua y tres días de conmemoración a él, recordando así, que nunca tenían que perder la esperanza, ni dejar de creer en la magia.

Finalmente, Niräe llegó a “Cofae”. A primera vista, no le pareció algo tan excitante como ella pensaba; era como un castillo en lo alto de una montaña, agradable a la vista, quizás un poco antiguo, pero sin duda algo impresionante.

Se paró en frente de la puerta, una puerta inmensa con un cartel que decía “Tú eres el único dueño de tus poderes y a ti te toca elegir lo que harás con ellos”. Se quedó pensando en aquella frase, sin poder entender el “porqué”. Era lógico que los poderes eran tuyos y por tanto tú decidías lo que hacer con ellos.

En ese mismo instante llegó Koy, uno de los estudiantes más excelentes de Cofae, y también había que decirlo, era uno de los más guapos junto a Luel.

-Hola, tu debes ser Niräe ¿no? – Dijo Koy.
-Sí… pero ¿cómo sabías tú, que yo…?
-¿Qué estabas aquí?
-Sí, ¿Cómo lo sabías? –Niräe estaba muy sorprendida.
-Bueno, es una escuela de magia, y como tal, admitimos a seres con toda clase de poderes, incluyendo videntes – Explicó él.
-¿Y tú como te llamas? ¿Qué clase de poder tienes? – Preguntó ella intrigada.
Koy se rió – Yo me llamo Koy, soy un sacerdote, y mi poder se basa en toda clase de curación, aunque también puedo controlar un poco el fuego, intento desarrollar técnicas de ataque, no solo de curación. – Explicó.
-Vaya… sí que sabes… - Niräe se quedó de piedra.
-Una cosa… Noto que algo dentro de ti está resentido… ¿me dejarías intentar mirar qué es y curarlo? – Le pidió él.
Bueno… vale – Dijo Niräe no muy segura de lo que hacía.

Koy puso una mano en la frente de Niräe y cerró los ojos. Niräe empezó a notar que algo intentaba calmarla, llenarla de calor; al principio le confortó, pero en seguida se apartó.

Koy sonrió – Veo que tienes muy bien guardado ese dolor.
-Sí… - Niräe agachó la cabeza.
-No obstante….
-No obstante ¿qué? - Preguntó ella.
-Con el tiempo conseguiré curarte.
Sus miradas se cruzaron y se formó un silencio
-Bueno ¿quieres que te enseñe la escuela? ¿O prefieres quedarte aquí? – Dijo Koy en un tono gracioso.
-Vamos – Dijo Niräe.

Fueron caminando por toda la escuela. Koy se lo enseñó todo, aulas, habitaciones, sitios prohibidos, incluso parques y en uno de esos parques estaba Luel, sentado a la sombra de un árbol.

Luel vio a Koy que iba con una chica que no le sonaba haberla visto por la escuela. Luel, a simple vista, no la conoció. Se la quedó mirando y de repente le vino a la cabeza el recuerdo de Niräe.

-No puede ser… - Dijo Luel preocupado – Y si fuera verdad, ¿qué está haciendo ella aquí?

Pasaron seis meses y Niräe iba desarrollando su poder sin problemas. Descubrió que lo que ella controlaba eran las ilusiones, y podía encerrar en bolas de cristal todo tipo de sentimientos dolorosos, que la gente guardaba en su interior, exceptuando los suyos.

En esos seis meses, la relación que tenía con Koy, había mejorado mucho; había mejorado hasta llegar al punto en el que Koy se estaba enamorando de ella… pero Koy sabía que el corazón de Niräe no le pertenecía, no obstante haría todo lo que estuviera en sus manos para conseguirlo.

Un día, en el descanso de la comida, Niräe fue caminando por el parque tan grande que había. A lo lejos, vio a Luel sentado bajo el mismo árbol en el que estaba cuando ella entró en “Cofae”. Se paró en seco, la sonrisa que llevaba en la cara se esfumó en segundos y se quedó mirando a Luel. Él parecía dormido, pero la verdad es que estaba bastante despierto. De repente apareció Koy y vio a Niräe ahí parada, se acercó a ella, la cogió por la cintura y le sopló con suavidad en el oído.
Niräe se asustó y se apartó de golpe.

-Koy, ¡¿se puede saber qué haces?! – Dijo ella nerviosa.
Koy se empezó a reír – Es que me encanta cuando te enfadas.
-Pues yo no le veo la gracia – Niräe se marchó.
Koy la siguió – Vengaaaa, no te enfades, ¡si solo era una broma!

Luel, sentado bajo aquel árbol, lo vio todo. Sabía perfectamente que Koy quería conseguir a Niräe… pero dudaba de que Niräe le quisiera de verdad. A pesar de que habían pasado tres años, no pensaba renunciar a ella; la había querido demasiado tiempo para, ahora, renunciar a ella.

Esa misma noche, Luel estaba paseando por los pasillos de las habitaciones de la escuela. De repente vio a Niräe que se metía dentro de una de las habitaciones. Se quedó pensando en qué debía hacer ella en la escuela durante un rato. Cuando volvió en sí, sin pensárselo dos veces, fue para la habitación de ella y llamó a la puerta.

-Pasa, esta abierto – Dijo Niräe desde dentro.

Luel abrió la puerta, y pasó. Nada más entrar, olió aquel perfume de ella, que le traía tantos recuerdos. Niräe no estaba en la habitación. De repente se escuchó una voz que venia del baño.

-Perdona, es que me estaba lavando, y tardo más porque tengo que evitar mojar mis alas – Dijo Niräe acabándose de poner la toalla.
-Deberías estar más atenta, nunca se sabe quién puede entrar en tu habitación.
Niräe levantó la vista y le vio.
-¡Luel! Pe… pero ¿qué haces tú…?
-Vaya, veo que no me equivocaba y que eras tú. La pregunta no es esa, si no ¿Qué haces tú aquí? – Preguntó él intrigado.
-Mis padres decidieron mandarme aquí, para que dejara de perder el tiempo – Ella era consciente de que eso no era verdad.
-Y por lo que he podido ver, no lo pierdes en absoluto… has hecho amigos nuevos… - Dijo Luel un tanto celoso.
-Si lo dices por Koy, ¡él es solo un amigo! – Niräe no entendía como Luel podía ser tan frío respecto a ese tema.
-Ya… un amigo…

Niräe agachó la cabeza. Durante un rato se formó un silencio.

-Luel… yo… - Niräe intentaba decirle la verdad.

Luel la empujó a la cama y él se puso encima.

-Mira Niräe, te perdí una vez y no pienso perderte dos veces, eso tenlo muy claro. Que hayan pasado tres años no significa nada, mis sentimientos nunca han cambiado.

Después de decir eso y se miraron a los ojos; Niräe ya no pudo aguantarlo más, le abrazó y le susurró “te quiero”.

-Pensaba que no… -Dijo Luel.
-Sshh… calla… lo que pasó aquel día, no fue más que un error que cometí y del cual llevo arrepintiéndome tres años; es cierto, siempre te he querido y, pase lo que pase, siempre voy a hacerlo. – Le explicó ella.

Acto seguido, Luel la besó. Era tanto el tiempo que habían tenido que esperar para que ese momento llegara, que la situación se les fue de las manos.

Piénsalo por un momento, los dos están en una cama y ella, simplemente, va con una toalla; era tanta la ansiedad que tenían por sentir cada uno los labios del otro, que no pudieron controlarse.

Luel se quitó la camiseta, y cuando Niräe estaba a punto de quitarse la toalla, alguien entró por la puerta.

-Creo que las puertas se pueden cerrar con llave, cuando no quieres que te molesten – Dijo Koy.
Luel se apartó – La gente suele llamar a la puerta – respondió.
-Bueno, creo que os dejaré solos… - Dijo Koy mientras se marchaba.

Luel se levantó de la cama, cerró la puerta y recogió su camiseta.

-Lo siento, es que había quedado con el para hacer un trabajo. – Dijo Niräe mientras se levantaba y se ponía una camiseta encima.
Luel sonrió y le cogió por la cintura.
-Te quiero – y tras decirle eso, le dio un beso en la mejilla. – Será mejor que vuelva a mi habitación.
Niräe le cogió del brazo
– Si quieres… puedes quedarte.
Luel le acarició la cara y le besó
– Tengo que irme, hasta mañana.

Pero Koy no iba a permitir que Luel se quedara con Niräe, porque ahora, más que nunca, la quería para él solo.

En Cofae se hacían una especie de actividades, luchando unos contra otros, pero sin llegar a hacerse daño. Niräe era una de las mejores luchadoras; sus poderes no eran precisamente de lucha, pero era lo bastante lista como para saber que con su poder de ilusiones, podía crear monstruos o cualquier clase de seres, que atacaran al adversario, mientras que les hacía creer, que ella era parte del paisaje camuflándose con alguna planta o una roca.

El único que, después de muchas actividades de ese tipo, teniéndola a ella de rival, logró ganarla, efectivamente, fue Luel, y la verdad, no le fue nada fácil lograr ganarla.

Era de noche, todo el mundo se había ido a dormir hacía un rato, pero Niräe y Luel seguían practicando las actividades. Mientras “luchaban”, Niräe estaba a punto de volver a ganarle y, de repente, él se acordó de que a ella le ponían muy nerviosa ese tipo de actividades. Utilizó un conjuro para crear una barrera que le protegiera de los ataques de la criatura que Niräe había creado, y después hizo otro, para poder escuchar los latidos del corazón de alguien que estuviera a su alrededor. Y así consiguió encontrarla; después de saber de dónde procedía un latir muy acelerado, lo único que tuvo que hacer fue inmovilizarla, y así la ganó.

Después se acercó a ella, para poder hacer que se volviera a mover.

Luel sonrió.– No podía dejar que me volvieras a ganar – Explicó.
-Veo que al final has conseguido atraparme.
-Te equivocas – Dijo Luel mientras le cogía la mano – Te atrapé hace un mes.
-¿Hace un mes? – Niräe no entendía de qué hablaba.
- Eso mismo – Dijo él - ¿Quieres saber cómo?

Niräe le miró y afirmó con la cabeza. Luel acarició con una mano, el rostro de ella y la otra se posó sobre su cintura, acercándola a él. Niräe acarició sus labios, como si fuera la primera vez que los veía y se besaron.
Entonces, sin muchas ganas, Niräe se separó de Luel.

-¿Sabes? En los dos años que estuviste aquí y yo no podía verte, te eché mucho de menos, te necesitaba… incluso le puse letra a la melodía que siempre tocabas con la flauta de madera, aquella que tenías. – Dijo Niräe – ¿Quieres que te la cante?
-Me encantaría – Le respondió Luel.

Duerme ahora,
Y sueña con los momentos que pasamos juntos.
Alguien te está llamando desde lejanas tierras.

La esperanza se desvanece en el mundo de la noche,
entre sombras que caen del tiempo y la memoria.

¿Por qué sollozas?
¿Qué son esas lágrimas sobre tu rostro?
Pronto te darás cuenta de que tu dolor va a desaparecer.
Estás a salvo en mis brazos, tú solo duerme.

¿Qué ves en el horizonte?
¿Por qué te llaman los ángeles blancos?
Cruzando el mar, una pálida luna se eleva.
Tus sueños han venido para llevarte a casa.

No digas que todo ha terminado.
Blancos ángeles nos llaman.
Volveremos a encontrarnos.
Y estarás aquí en mis brazos, aún dormido.

Al terminar de cantarla, sucedió lo mismo que la primera vez que la cantó. Todo su cuerpo se iluminó; Luel se quedó muy impresionado al ver lo sucedido. No entendía nada de lo que acababa de pasar.
Luel extendió su mano para tocarla y comprobar si era un espejismo o realidad. Niräe al ver lo impresionado que se había quedado Luel, acercó su mano a la suya para corresponderle y solamente con el primer roce, de las dos manos unidas, salió una luz cegadora hacia el cielo; sus cuerpos se elevaron del suelo y, por unos instantes, el tiempo se quedó parado.

Lo que ellos no sabían era que lo único que estaban consiguiendo con aquello, era la destrucción del mundo de fantasía.
La primera vez que Niräe cantó aquella canción, despertó a la nada, hizo recobrar vida al sentimiento oscuro de todas las personas, y ahora, lo que habían conseguido, era atraerla hacia Fantasía y si La Nada volvía... podían estar perdidos.

Puede que pienses que, cuando Niräe y Luel volvieron a estar juntos, ella no tendría porqué sentirse sola y La Nada tendría que haber desaparecido pero, muchas veces, cuando te peleas con alguien y después le perdonas, el daño que os habéis hecho el uno al otro permanece dentro, como una pequeña astilla, que ni tan solo el tiempo puede sacar de dentro de tu corazón. Por mucho que quieras engañarte haciendo ver que el dolor ha pasado y que ya no te importa, sabes que está dentro y cuando una nueva astilla se clave dentro... recordarás el daño pasado.

Al cabo de dos meses, mandaron a Luel hacer una prueba, tres días de supervivencia en el bosque, con un “sensei” (un maestro) que le atacaría en el menor despiste, ya que en esa prueba, tenía que demostrar cuanto valía. Él estaba muy emocionado con el tema, porque sabía, que si le habían mandado hacer esa prueba, estaba a punto de convertirse en un sensei. Ya tenía dieciocho años, y ese era el sueño que había estado esperando.

Se lo contó todo a Niräe, ella también se emocionó y le animó a hacerlo; sabía mejor que nadie, que Luel había estado esperando esa prueba durante 5 años y ahora no pensaba privarle de su gran sueño.

Luel sentía un poco de “miedo” al dejar a Niräe sola, y es que se había vuelto guapísima y, a casi todos los chicos de Cofae, se les había pasado por la cabeza romper la relación entre Niräe y Luel… aunque, ninguno de ellos se había atrevido, aún, a hacerlo.

Al fin llegó el gran día y Luel se marchó… pero había alguien que no perdería ni un solo minuto en hacer que Niräe fuera suya. En efecto, ese era Koy; ahora, más que nunca, tenía que aprovechar la oportunidad… Luel no estaba y Niräe podía ser suya.

El segundo día que Luel estaba fuera, Koy invitó a Niräe a dar una vuelta por los jardines de Cofae. Estuvieron hablando de todo lo que había pasado durante el día, bromas en clase, estupideces que habían dicho, errores de los profesores… la verdad es que se rieron mucho durante el rato que estuvieron juntos.

Niräe se sentía muy a gusto al lado de Koy, era como su hermano mayor, ya que nunca había tenido uno (Niräe, en ese momento tenía diecisiete años y Koy dieciocho), pero Koy no estaba dispuesto a ser solo su “hermano mayor” el la quería a ella, y la quería ya.

-Niräe, hay algo que tú no sabes… - Dijo Koy.
-¿De qué se trata? –
-No creo que te hiciera mucha gracia saberlo, y aunque así fuera, creo que no saldría como a mí me gustaría. – Explicó.
-Prueba, si no me lo dices, no puedes saberlo. –Niräe no era consciente de que se estaba metiendo en la boca del mismísimo lobo (nunca mejor dicho).
-Ya se que tú solo me consideras, algo así como tu hermano mayor… pero es que, por más que lo he intentado, no puedo verte solo como una hermana- Koy no pensaba perderla ahora que estaba tan cerca de conseguirla.
-Pero Koy, yo estoy con Luel y lo sabes – Dijo Niräe.
-Ya… pero él ahora no está.

Tras decir eso, intentó besarla, aunque fue inútil; Niräe giró la cara y se marchó.

A Koy solo le quedaba un día. Tenía que jugárselo todo a una sola carta, “era ahora o nunca”.

Luel consiguió pasar la prueba con éxito, consiguió esquivar todos los ataques de su profesor, ya fuesen de magia o de cuerpo a cuerpo. Esa misma tarde volverían a Cofae… pero lo que encontraría allí, no sería nada agradable para él.

Niräe estaba sentada en frente del lago de Cofae, esperando impaciente la llegada de Luel para saber los resultados de la prueba.

Koy la vio allí sentada; se acercó y se sentó a su lado. Niräe giró un poco la cabeza para saber si era Koy y cuando le vio, todo su cuerpo se estremeció y sintió que algo malo iba a pasar.
Durante bastante rato estuvieron callados, ninguno de los dos se atrevía a decir nada. De repente Koy le miró.

-Hasta aquí hemos llegado.- Dijo Koy.

Koy empujó a Niräe al suelo y la besó. Niräe intentó impedírselo, pero él era mucho más fuerte que ella. Finalmente Niräe dejó de resistirse y le correspondió. Koy no entendía la reacción de Niräe, pero no le importaba; ahora sabía que ella sentía algo por él.

En cierto modo era así, puesto que, cuando Luel se marchó a estudiar a Cofae, y la dejó en la aldea sola, ella, en el fondo, empezó a odiarle, pero no odiarle en forma de rencor, sino que como le quería tanto, no le quedó más remedio que ese.

Ese odio se quedó dentro de ella, a pesar de que, al final, Luel le correspondiera… y Koy era el único que había conseguido hacer que olvidara ese odio.

Luel llegó a Cofae y, lamentablemente, lo vio todo. Su instinto fue hacer que no vio nada, y comprobar si Niräe se lo contaba por propia voluntad. Era en ese momento, cuando Niräe tenía que demostrar la confianza que se tenían ellos dos.

Ella era consciente de que lo que hizo, no era lo correcto. Una parte de ella sentía que debía contárselo a Luel, pero otra no podía permitirlo, puesto que si se lo contaba, corría el riesgo de perder lo más importante de su vida.

Fueron pasando los días, pero Niräe no tuvo valor para contarle lo que pasó a Luel.

-Niräe… no me parece bien lo que haces –Dijo Luel.
-¿A qué te refieres? No te entiendo – Respondió Niräe.
-Jugar con los sentimientos de dos personas… no es nada justo por tu parte- Le dijo Luel muy tranquilo.
-Luel… yo….-
-No hace falta que me digas nada. Lo vi todo. Sé que le besaste, pero a pesar de todo, no puedo enfadarme… porque te quiero. Eres tú la que tiene que decidir. Si él o yo… pero no sigas jugando- Tras decir eso Luel se marchó.

Niräe no supo qué responder, aunque de poco le hubiera servido puesto que, él se marchó nada más terminar de hablar.

Niräe estaba muy confusa; parte de su corazón quería a Luel con todas sus fuerzas, pero otra parte, estaba empezando a querer a Koy.

Mientras tanto, La Nada iba acercándose cada vez más a Fantasía… lentamente, sin ninguna prisa, pero cada minuto que pasaba, hacía que sus ansias por destruirlo todo, fueran más y más grandes, y el deseo más grande de todos, era poder encontrar a aquel ser, a aquella persona, que había guardado tanto odio dentro de sí mismo y le había revivido.

Los días fueron pasando como si el mundo siguiera solamente lo que creía correcto y no le importara nada de lo sucedido, nada de lo pasado… pero así son las cosas, el tiempo no puede pararse, así que o consigues lo que quieres o te resignas a no hacerlo y lo pierdes para siempre. Lo único que pretendía enseñar era “Si quieres algo con todas tus fuerzas, lucha por ello con los dos brazos… aunque tengas que dar tu propia vida para conseguirlo”.

Al cabo de un tiempo, un día por la tarde, Niräe fue a hablar con Koy. Tenía que aclarar sus sentimientos… de lo contrario, podría perderlos a los dos.

-Koy, verás, es que no es nada fácil de explicar- Dijo Niräe.
-¿De qué se trata?- Preguntó Koy.
-Es que mira… -Niräe se puso un poco nerviosa – Tú me gustas… o eso es lo que creo, pero lo que siento por Luel es muy distinto.
-Tú también me gustas, ¿por qué no intentarlo?- Dijo Koy.
-Lo siento, a mi me gustaría, pero gran parte de mi corazón pertenece a Luel y por más que quisiera olvidarle… sería imposible- Explicó Niräe.
Koy agachó la cabeza –Tranquila, lo entiendo. Además, eres tú quien tiene que decidir-

Niräe sonrió y se marchó. Fue a buscar a Luel, intentado pensar qué decirle para que él pudiera perdonarla, pero decidió esperar un par de días para decírselo.

Después de eso, Koy empezó a sufrir en silencio, sabía que Niräe no tenía la culpa de nada, pero no por eso podía evitar sufrir. Fingía que no pasaba nada delante de ella y de sus amigos, pero cuando nadie le veía, lo único que podía verse en su rostro eran lágrimas, ya que esa era la única forma que tenía para poder desahogarse.

La Nada cada vez estaba más cerca, ahora no iba guiada por el sufrimiento de Niräe, pues su dolor había disminuido mucho… lo que ahora la guiaba era, nada más ni nada menos que Koy, pero, sinceramente, él no tenía nada de culpa, puesto que no podía controlar el sufrimiento de su corazón.

Al cabo de dos semanas, Niräe decidió ir a hablar con Luel. Un día, por la noche, fue a su habitación y llamó a la puerta.

-Niräe, ¿qué haces aquí? – Preguntó Luel extrañado.
-Venía a hablar contigo sobre…
-Anda pasa –Dijo Luel dejándole paso y sin muchas ganas.

Niräe entró en su habitación y se sentó en la cama. Luel se sentó en su escritorio y siguió haciendo un trabajo, como si no quisiera saber nada de Niräe.

-Verás… es que… -Niräe no sabía por donde empezar.
-Es que ¿qué?- Dijo Luel un poco enfadado.
-Lo que pasó el otro día… yo no quise hacerte daño.
-¿Y qué esperabas? ¿Qué empezara a reírme?- Dijo Luel girándose para mirarla.
-Lo siento… ya sé que no arreglo nada, pero al menos quería intentarlo.- Dijo Niräe.
-Como quieras-Luel se giró y siguió haciendo su trabajo.

En la habitación se formó una situación muy tensa. Niräe agachó la cabeza e intentó aguantar las lágrimas, se levantó de la cama y empezó a caminar hacía la puerta para irse. Pero antes de que se marchara, Luel la cogió del brazo, la estiró hacia él y la abrazó.

-Perdóname, siento haberme comportado así, pero es que no pude soportarlo- Dijo Luel disculpándose.
-No, perdóname tú a mí, no fue nada justo lo que hice. Sé que debí haberte pedido perdón hace mucho tiempo, pero es que tenía miedo de que no quisieras saber nada de mí- Explicó Niräe.
-Niräe, nada de lo que hubieras hecho tiene importancia ahora… -Le dijo él.
-¡Sí que la tiene!- Dijo ella mientras se separaba de Luel –Te hice daño y no es justo que ahora me digas que no pasa nada, que no tiene importancia… porque para mí sí que la tiene.
-No, no la tiene... para mí es suficiente esto. Que hayas venido para pedirme perdón y demostrarme que me quieres. Ya no me importa lo que pasó- Explicó Luel.
-Pero Luel, es que…
-Calla, no digas nada más-

Después de eso, se besaron. Se miraron, Luel acarició su rostro con una mano; la otra la posó sobre su cintura y la fue bajando lentamente. Niräe le cogió suavemente de la camiseta y fue estirando hacía la cama. Luel, fue desabrochando el lazo de la túnica que levaba Niräe. Él se quitó la camiseta y tumbó a Niräe en la cama… y el resto, es imaginable.

Al día siguiente, Niräe se despertó y recordó lo sucedido; sus manos acariciaban el cuerpo de Luel, sus brazos rodeándola, para ella algo inexplicable, pero para ella fue increíble.

Miró a Luel, aún dormido, y acarició su rostro, su cabello de color negro y sin querer le despertó.
Luel le miró y le sonrió, se acercó a ella y la besó; después se levantó de la cama y se fue a duchar.

Niräe se incorporó en la cama y se quedó pensativa. Lo que ella no sabía era que, a causa de lo que pasó, dentro de ella se estaba formando un pequeño bebé.

Ese mismo día, cuando Koy se despertó, fue a la habitación de Niräe y al no encontrarla, se extrañó mucho. Solamente podía haber dos posibilidades: que ella se hubiera levantado y se hubiera marchado, cosa que creía imposible... o que hubiera pasado la noche con Luel, y para él eso era lo más lógico.

Se fue a las aulas de estudio, y esperó a que Niräe llegara. Las aulas estaban vacías.
Al cabo de un rato, la vio entrar y se acercó a ella.

-Niräe, tenemos que hablar- Dijo Koy.
-¿Tenemos? ¿Yo qué pinto?- Niräe se mostraba un tanto fría ante Koy.
-¿Dónde has pasado la noche?- Preguntó Koy.
-¿Dónde quieres que la pase? En mi habitación.
-Eso no es verdad, esta mañana he ido a buscarte y no estabas en tu habitación; así que no me digas que has dormido en tu cuarto, porque no es verdad.-Dijo Koy.
-¡¿A ti qué te importa dónde duermo?!-Dijo ella enfadada.
-¡¡Más de lo que crees!!- Le respondió.
-Mira, a mi déjame en paz. No es tu problema lo que haga o deje de hacer.
-Has dormido con Luel ¿eh?- Dijo Koy un tanto sarcástico.
-¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda!

Después de eso Niräe se marchó, pero antes de que se fuera, Koy le cogió y la empujó contra la pared. Puso sus brazos a cada lado de ella para que no se fuera.

-¿Crees que te voy a dejar ir tan fácilmente?
-Koy, déjame en paz- Dijo Niräe un tanto nerviosa.
-Si piensas que por salir con Luel vas a librarte de mí, lo llevas claro.
-¿Pero es que no entiendes que ya no me gustas? ¡Yo ya no te quiero, simplemente eres un amigo!

Niräe intentó explicarle sus sentimientos hacia él, pero de poco sirvió. Koy estaba dispuesto a intentar recuperarla y la besó, forzándola a hacerlo.

En ese mismo instante, entró Luel por la puerta.

-Koy, suelta ahora mismo a Niräe.- Dijo Luel.
Koy soltó a Niräe –Uy! Mira, si es Luel, el macho entre machos, el más gallito de todos...-Dijo Koy.
-No te pases de listo... que tú de eso sabes mucho.
-Luel, déjale en paz, pasa de él... solo quiere provocarte- Dijo Niräe intentando calmar a Luel.
-Eso pequeñito, haz caso a mamá... jajajaja-Dijo Koy.

Niräe cogió del brazo a Luel y le estiró todo lo que pudo para sacarlo de ahí. Luel estaba dispuesto a luchar en serio contra Koy, pero éste, lo único que quería, era recuperar a Niräe.

-Niräe, ¿se puede saber por qué has tenido que sacarme del aula?- Preguntó Luel enfadado.
-Lo he hecho porque no quería que tú y Koy acabarais peleándoos.
-Perdona, pero es que no soporto a ese tío. No solamente va de listo, si no que además intenta quitarme lo que más quiero.- Dijo Luel.
Niräe le abrazó –Tranquilo, yo solo te quiero a ti y siempre voy a estar contigo.

Luel le correspondió con el abrazo y se marcharon a las aulas de entrenamiento.

Mientras tanto la rabia de Koy, fue en aumento cada día. Al cabo de unos meses, el cielo empezó a tornarse de un color oscuro, un color que transmitía mucha tristeza.

Niräe empezó a sentir que algo malo estaba empezando a formarse, y su llegada podía ser demoledora.

Todos los Senseis de Cofae estaban muy nerviosos, corriendo de un lado para otro y reuniéndose cada dos por tres. Los entrenamientos era cada vez más y más duros, había alumnos que no podían soportarlos y muchos de ellos acababan en la sala de curas.

En uno de esos entrenamientos, Niräe resultó herida. Fue golpeada con un rayo de magia y Luel corrió para cogerla y llevarla a la sala de curas. Mientras estaban allí, dos Senseis estaban hablando sobre un tema, un tanto extraño.

-No podremos aguantarlo. La primera vez casi nos mata a todos y ahora ha vuelto- Dijo uno de los Senseis.
-La Nada fue destruida una vez y conseguiremos destruirla por segunda vez.

Niräe y Luel se miraron muy extrañados. ¿Era La Nada verdadera, la causante de que el cielo estuviera oscurecido? Y si así era, ¿estarían totalmente perdidos?

-Pero... ¿tú crees que es cierto? ¿crees que es La Nada lo que se acerca? ¿estas seguro de que es esa Nada?- Preguntó Niräe muy nerviosa.
-Puede ser... pero no lo sé. A lo mejor esa es la causa de que los entrenamientos se hayan vuelto cada vez más duros, a lo mejor quieren prepararnos para intentar derrotarla-Explicó Koy.
-Pero La Nada no se puede destruir así como así. Una vez leí que está formada por los sentimientos oscuros de las personas, y que solo un corazón totalmente puro, puede conseguir destruirla. Entrenarnos no nos sirve de nada, “ella” no es algo material, no es nada que se pueda tocar ni coger... ¡es solo un sentimiento!- Dijo Niräe.
-Seguramente tendrás toda la razón, pero quizás alguno de nosotros, alguno de los alumnos que hay en Cofae, sea capaz de conseguir detener a La Nada.

De repente Niräe tuvo como una visión del pasado. Se vio a ella misma, en el lago de la aldea, cantando la letra de la canción que compuso cuando Luel se fue y en el mismo instante en que veía eso, vio algo negro y justo en el centro una pequeña forma humana... llorando.

-Luel, todo es culpa mía, yo desperté a La Nada, yo soy la causante de todo.-Dijo Niräe al borde de un ataque de nervios.
-¿Pero qué tonterías estas diciendo? ¿Por qué ibas a tener tú la culpa de que La nada haya vuelto a la vida?
-Cuando tú te fuiste, yo me sentí muy mal, me sentí culpable de todo lo que pasaba. Sentía que no servía para nada, que todo lo que hacía por intentar ayudar, no eran más que ilusiones por encontrarme mejor, por desear estar contigo... y por todos esos sentimientos tristes creé la canción y a causa de eso... La Nada volvió a la vida, a causa de mi tristeza. Solo por necesitarte y quererte tener a mi lado he traído la destrucción a Fantasía.-Explicó Niräe.
Luel se quedó muy pensativo –Puede que tengas razón... pero encontraremos una solución a todo esto.

Mientras tanto, en un lugar muy apartado y escondido de Cofae, Koy llamaba intensamente a La nada. Desesperada y ansiosamente, le pedía que le diera fuerzas para poder seguir adelante, le pedía que no le dejara solo.

¿Te preguntaste alguna vez qué pasa cuando te encuentras frente a tu propia soledad?
¿Te preguntaste alguna vez qué sientes frente a tu vida, frente a esas preguntas que parecen no tener respuesta, frente a fingir, ser y estar?
¿Te preguntaste si realmente te conforma lo que eres, lo que es tu vida, lo que es tu entorno?
¿Te preguntaste en qué momento dejaste de ser tú para ser otro?

Ésas y muchas más eran las preguntas que pasaban por la cabeza de Koy, las cuales intentaba responder buscando a La Nada.

El cielo se tornó cada vez más y más negro, sin dejar, visión alguna, del sol. Ocultando así el único sentido de vida que tenían algunas personas; levantarse y ver aquel sol tan radiante que siempre les acompañaba.

-¿Eres tú quien me llama desesperadamente?- Preguntó La Nada.
-Te necesito, pero no quiero admitirlo, quiero tenerte, pero me niego a aceptarlo... ¿qué es lo que eres para que yo te necesite con tantas ansias?- Preguntó Koy.
-Soy lo que llevas dentro, prácticamente soy parte de ti- Le respondió ella transformándose en su forma humana.
-¿Parte de mí? No te conozco, no se quién eres... pero te siento desde el primer momento.
-Soy parte del sentimiento que llevas dentro, ese sentimiento de dolor. Soy “lo único” que puede calmar el daño que guardas.
-¿Por qué dices lo único?- Preguntó Koy.
-Yo no soy nada... no tengo forma, no tengo destino. Soy La Nada; estoy formada a partir de sentimientos oscuros y tristes que la gente guarda, sentimientos que les impiden ser ellos mismos- Explicó ella.
-Por eso te siento tan dentro de mí... simplemente porque me negué a sacar a la luz un sentimiento de dolor, que ha crecido con el tiempo- Dijo Koy.
-Quería hacer un trato contigo, si no te parece mal...
-Dime, ¿de qué se trata?- Preguntó Koy.
-Yo calmo el dolor que llevas dentro, si tu me ofreces tu vida- Dijo La Nada.
-Me parece justo, te doy lo que soy a cambio de que me quites lo que siento.

Tras decir eso, La Nada absorbió su vida, le tocó el corazón y Koy desapareció. Fue caminando en dirección a Cofae, con la única intención de matar a la única persona que podía destruirla, su creadora, Niräe.

Niräe sentía a La Nada cada vez más y más cerca, y todo su cuerpo se llenaba de una sensación de inseguridad, de un miedo que no sabía de dónde procedía.

No sabía porqué, pero presentía que al ser la creadora de La Nada, “ella” simplemente iba a Cofae para destruirla y destruir así a la única persona capaz de hacer desaparecer a La Nada.

Y ciertamente no se equivocaba, pues al haber guardado durante tanto tiempo un sentimiento triste, ahora la comprometía a ser la encargada de destruir a La Nada

Fueron pasando los días, y las mañanas, prácticamente dejaron de existir para los habitantes de Fantasía. Dicen que no hay noche sin día... pero ciertamente, se equivocan.

Finalmente, uno de los maestros divisó a lo lejos tres chicas, sirvientes de La Nada, acercándose a Cofae.

Esas tres Guardianas no eran peligrosas, bueno, no lo eran en el sentido de decir que no atacaban ni nada por el estilo, simplemente eran como un aviso de que La Nada estaba cerca y se dirigía hacia allí.

Todos los senseis se reunieron y en esa reunión admitieron a todos los alumnos de Cofae.

-Queremos deciros que La Nada se está acercando. No sabemos cómo ni porqué, pero éste puede ser el final de toda Fantasía- Dijo el Gran sensei, el más poderoso de todos.
-Pero La Nada ya fue destruida una vez, podríamos intentarlo ahora, todos juntos seremos más fuertes- Dijo uno de los alumnos.
-No hay nada que hacer. La Nada no es una persona, no es nada material a lo que poder destruir con magia. Si queréis luchar, estáis en vuestro derecho de hacerlo... pero ya os avisamos de que será inútil intentarlo.

Los alumnos y los senseis siguieron discutiendo sobre el tema, sobre si era posible destruirla o tendrían que resignarse a intentarlo.

En ese mismo momento, Luel salió corriendo y cuando Niräe le vio, fue detrás de él.

La Nada estaba justo en el bosque que había más debajo de Cofae.

Nirae alcanzó a Luel.
-Luel para, esta lucha me pertenece, tú no tienes nada que ver- Dijo Niräe.
-Tengo el mismo derecho que tú a intentarlo.
-¡¡No tienes ningún derecho!! Yo soy la única que puede destruirla ¿no lo entiendes? –Intentó explicarle Niräe.
-Lo sé, pero es que no quiero perderte, no quiero que me dejes- Dijo Luel a punto de llorar.
Niräe le besó – Nunca me vas a perder ¿no lo recuerdas? Siempre estaré contigo.

Tras decirle eso creó la ilusión de un unicornio, se subió encima de él y cabalgó lo más rápido posible para detener a La Nada.

Cuando por fin estuvieron cara a cara Niräe se bajó del caballo y empezaron a luchar.

Niräe sintió como si conociera perfectamente las técnicas que estaba utilizando, como si ya hubiera luchado antes contra ella.

-Veo que conoces mis movimientos, Niräe.- Dijo La Nada.
-Sí, y la verdad es que me incomoda luchar con ventaja.
-Te sorprenderá saber que son las técnicas de Koy... Sí el me ofreció su vida si yo conseguía aliviarle el dolor.
-¡¿QUÉ ESTAS DICIENDO?!- Gritó Niräe.
-Como lo oyes. Ahora él forma parte de mí y dentro de poco, tú también formarás parte de mí.
-Eso jamás. Hice una promesa a alguien, y pienso cumplirla.

Tras decirle eso, continuaron luchando, pero Niräe sabía que no sería tan fácil y posiblemente moriría en el intento de destruirla.

De pronto recordó a uno de sus senseis enseñándole la técnica para atrapar los sentimientos oscuros y tristes de las personas en pequeñas bolas de cristal, y pensó que esa era la única manera de destruir a La Nada.

Creó una ilusión para que La Nada se pensara que seguía luchando contra Niräe, mientras ella juntaba sus manos y hacía el conjuro para capturarla en una bola de cristal.

“Naces del fondo del corazón, simplemente por un pequeño dolor; pero todo dolor, con el tiempo muere. Ése es tú destino, nacer y morir. Así, con el tiempo, todos olvidamos el daño pasado... ETERNUM VITA!”

Hizo el conjuro y consiguió destruirla y mantenerla en una bola de cristal... pero su magia no fue suficiente y a cambio de poder capturarla, tuvo que dar su vida.

Luel sintió que Niräe había muerto y por su rostro empezaron a caer lágrimas.

-Niräe, me prometiste que no me dejarías, ¡¡me lo prometiste!!... pero tú...-Luel agachó la cabeza-Tú te has ido.

De repente una pequeña luz bajó, lentamente, del cielo. Luel caminó unos pasos para ver qué era. Se dio cuenta de que era una pequeña niña y la cogió en sus brazos; esa niña llevaba en sus manos una bola de cristal.

-Te prometí que no te dejaría...-Dijo Niräe,
Luel se dio la vuelta –Niräe, ¡eres tú!... pero tú... tú estabas...
-Sí, estoy muerta... ahora soy algo así como un espíritu. Esa niña que tienes en tus brazos, es nuestra hija, y la bola de cristal que lleva en las manos, es la prueba que demuestra que La Nada nunca más volverá a la vida.- Explicó Niräe.
-¿Nuestra hija? Pero cuándo....?
Niräe sonrió –Lo sabes perfectamente, después de aquello, yo me empecé a encontrar mal y supe que lo que me pasaba era que estaba embarazada. Te prometí que no te dejaría y he intentado cumplir mi promesa.-Dijo Niräe.
-Pero si aún no se te notaba, ¿cómo es posible que esté en mis brazos?- Preguntó Luel extrañado.
-No lo sé, lo único que sé, es que antes de morirme, deseé con todas mis fuerzas no perder al bebé que llevaba dentro. Supongo que será cosa de magia... o tal vez mi deseo por estar siempre a tú lado.-Explicó ella.
-Y tú... ahora...
-Yo tengo que irme. Solo una cosa más. Cumpliré mi promesa... permaneceré por siempre en tus sueños. Tal vez no sea exactamente lo que te prometí, pero es lo único que puedo hacer.-Dijo Niräe.
-Me conformo con eso.

Después de eso, Niräe se acercó a él, le besó y desapareció.

Y así fue como pasó, ella permaneció en sus sueños durante cientos de años y fue recordada como “El hada de los Sueños”.

-FiN-

Texto agregado el 12-05-2004, y leído por 401 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2004-05-13 06:12:02 De acuerdo con LoboAzul, no te desanimes, trabaja este texto un poco más, porque promete. Trata de enfocarlo hacia el lector que buscas (infantil-juvenil-adulto), eso te ayudará. maravillas
2004-05-13 05:21:34 Sigue así, a mi me ha encantado. Y no hagas caso de las malas estrellas. Yo por mi parte te las doy todas. Sobre todo no te desanimes, a mi me encanta la narrativa fantástica y trabajo en una novela desde hace seis meses, por eso te digo que es más complicado de lo que parece, pues el ajuste temporal, de personajes, hacerlo congruente y creible no es cosa nimia. Pero lo importante es no desistir. Te lo repito: enhorabuena por tu buen hacer desde tan jovencita y no te desanimes. Un abrazo! LoboAzul
2004-05-12 17:08:44 Bueno, esta loco el que te puso tan mala estrella! Josefita
 
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