He estado acostado mirando el techo.
De ella salen puntos de colores
que acarician mis mejillas.
Trato de tocarlas pero tienden
a repetir tu maldito nombre.
Me levanto y saco tu foto.
Allá se encuentran ellas,
jugando con tu rostro y con
tus zapatos rosados.
¡Quién lo diría!
Ahora expulsas objetos de
colores como si fueras
un arcoíris. |