El otro día te vi ardiendo.
Yo estaba caminando borracho.
Tú ardiendo, ardiendo.
Te parecías a ese monje loco
que un día se hizo amigo
de las llamas de la peor
manera: ardiendo, ardiendo.
Yo pensé: “A ella le falta Dios”.
Pues Él nunca permitiría que
una muchacha linda como tú
se encuentre ardiendo, ardiendo. |