Libertad es escribir cuando
y donde te vengan ganas:
en un muro prohibido de una urbe inmensa;
en una baranda sólida de un puente interminable;
en la arena mojada de una playa exótica;
en una hoja disecada de una flor de loto;
en la corteza áspera de un roble añoso.
Es mirar por los angulosos ojos
del Caballo de Troya;
por la angosta ventanilla del Faro del fin del mundo;
por la trasera puerta de la Casa de muñecas;
por el estrecho agujero del Aleph;
por el desfalleciente minuto de La hora veinticinco;
por la destruida almena del Torreón del renegado.
Es mirar lejanas constelaciones;
sonreír desalentadoras mañanas;
nadar crepúsculos inalcanzables;
regalar mil margaritas;
comer cerezas verdes;
tocar su vestido.
Es caminar más allá de los caminos;
de los témpanos;
del horizonte;
de los océanos;
de Ganymedes;
de todo.
Es denunciar al tirano;
a la tortura;
a la oligarquía;
a la injusticia;
a la mentira;
a la guerra.
Es escribir, mirar, nombrar;
caminar, denunciar, gritar tu nombre.
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