Anoche,
después de amarte sobre una barca nocturna,
nos internamos en un espeso bosque
trasnochado por el silbido del viento,
luego de bajar de mi galopante corcel negro
y de subir por una encumbrada senda negra.
El mismo silbido nos guió
hacia un vetusto castilllo feudal,
más allá de un gigantesco convento renacentista.
Allí, fue testigo un alto jarrón mágico;
también un enorme cofre misterioso
de mi palpitante corazón de noble caballero;
de mis trovas clásicas de juglar medieval;
de mis verso líricos de romántico poeta.
Anoche,
sobre una barca,
en un bosque,
en un castillo,
fui tu amante caballeresco,
juglaresco, poético, romántico. |