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ESTACION ESCRIÑA

El tren era la vida de los pueblos del Interior, en nuestro país, Argentina. Por algo desparecieron en la Aldea Global.



Escriña es un pueblito entrerriano, blanco y muy diminuto.

El tren Urquiza pasa dos veces al día, con sus bufidos espumosos y las campanas de la estación que llaman a la concentración y a la alegría. La estación del tren es una bella pinturita, como casi todas las entrerrianas.

Los lugareños se agolpan, con las caras lavadas y los mejores vestidos. Luego pasean sus sonrisas a lo largo de los vagones viajeros. Se saludan con los pasajeros y devuelven sonrisas.

Mientras esto sucede, en los vagones de carga se trabaja con apuro. Bajan cajones y más cajones. Y suben fardos bien atados, y bolsas. Muchas bolsas. También cajones.

Escriña se ensancha y se embellece. Dentro de poco vendrá un médico a vivir en la aldea.

Un día el tren dejó de pasar. Y no pasó más.

Hoy Escriña es un fantasma cadavérico. En la destartalada estación crecen yuyos y en lo que fue el salón de espera, hay dos espinillos casi secos.

Ladra un perro de forma tan lastimera y con sonidos agudos, como estiletes sangrientos, que hasta los pocos árboles acostados, los bichitos de luz, y todo ser viviente de la zona, tirita con emoción solidaria.

Se oye muy bien lo que dice:

-“El desarrollo no es para los perrrooos. ¡Peeeerrroooooo!
“Vida perruna la mía.
“Aunque Escriña es toda mííaaa-a-a-a!


El cielo está estrelladísimo. Unos lagrimones cayeron sobre Escriña.


Texto de islero agregado el 19-01-2009.
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