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Inicio / Cuenteros Locales / loretopaz / La Palabra

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A mi papá y mi tío, que con sus constantes juegos de palabras me inspiraron este cuento.



Desde pequeños les gustaba jugar con las palabras, las daban vuelta, inventaban nuevas. Primero comenzaron por invertir sus respectivos nombres : ya no eran Ernesto y Vicente, sino Nestoer y Centevi . Lo mismo empezaron a hacer con las palabras, decían : ‘ pásame el broli que está en la same ’, ' ¿dónde está mi dernocua ?’. Los demás niños preguntaban asombrados: ‘¿En qué idioma están hablando?',y ellos, orgullosos, contestaban que lo habían inventado, y que si querían saber lo que era un dernocua, bastaba con repetir esa palabra muchas veces seguidas. Cuando ya dominaban tan bien su idioma al vésre que no les causaba ningún placer el descubrir nuevas palabras, decidieron invertir sílaba por sílaba, entonces pasaron a llamarse Toneser y Tecenvi, apodos que mantuvieron durante algunos años, durante los cuales no cesaron de crear pequeñas frases que sólo ellos comprendían. Incluso se dieron el trabajo de traducir a su nueva lengua dos o tres boleros que estaban de moda.


En sus últimos años de liceo habían llegado al extremo de invertir letra por letra, ahora se llamaban Otsenre y Etneciv, y decían tan naturalmente como si hablaran como todo el mundo ¿dónde está mi onredauc?


Cuando a Etneciv se le ocurrió inventar un nuevo idioma, Otsenre acogió la idea con entusiasmo. Se trataba de una tarea enorme, ya que implicaba no sólo crear palabras, sino también una nueva gramática, sintaxis, conjugaciones e incluso pensaron en introducir declinaciones que finalmente desecharon por sentirse incapaces de dominarlas. ¿Por dónde empezamos?, fue la pregunta que los tuvo absortos durante un buen tiempo. Finalmente decidieron que deberían determinar una palabra que sería la primera piedra del edificio inmenso que pensaban levantar. No podía se cualquier palabra, tenía que ser una especial, la más importante, alrededor de la cual giraran todas las demás. Como no eran creyentes, no se les ocurrió pensar en la palabra Dios. Vida, propuso uno, Libertad, propuso el otro; Amor, Conciencia, Justicia, Muerte, las palabras se sucedían y no llegaban a un acuerdo. Se enfrascaron en una discusión filosófica que duró años, hasta que Ernesto se casó y dejó de pensar en el proyecto.


Sin embargo, a pesar de que continuaban utilizando toda una panoplia de palabras al séver cada vez que se encontraban, especialmente entre los interminables partidos de zerdeja de los domingos por la tarde, nunca volvieron a tocar el tema del idioma en ciernes.


Vicente, por su parte, se sumergió en la lectura de manuales de lingüística y llenó una cantidad enorme de cuadernos ideando nuevas reglas y normas hasta llegar a desarrollar todo un sistema estructural complejo que poco a poco fue puliendo y simplificando hasta que por fin estuvo satisfecho de la estructura y el funcionamiento del nuevo idioma. Fue entonces que tuvo que rendirse a la evidencia y enfrentar el problema que había estado tratando de eludir durante todo el tiempo que durara su arduo trabajo, lo único que le faltaba era esa primera palabra a partir de la cual todo el resto se organizaría y seguiría detrás como un camino de dominós. Vicente no sabía por qué razón había dejado de lado la búsqueda de esa palabra primordial, había algo lo retenía, una especie de temor difuso que poco a poco se fue precisando: no quería equivocarse, temía no encontrar la palabra justa, esa que haría del conjunto una unidad armónica.


Hasta que un día tomó una decisión : dejaría que el azar designara LA PALABRA. A pesar de la gran perturbación que súbitamente lo invadió, se levantó lentamente de su sillón, fue a buscar su gran diccionario, cerró los ojos y abriendo una página cualquiera, posó su dedo tembloroso en medio de una de las hojas. Se quedó un momento quieto, casi sin atreverse a respirar. LA PALABRA estaba ahí, bajo su índice, la sentía palpitar, vibrar en el papel. La tenía a su alcance, y sin embargo no era capaz de mirarla para descubrirla. Con un esfuerzo colosal logró por fin calmar su respiración, y tomando una profunda inspiración abrió los ojos y leyó en voz alta la palabra: "guijarro".


Incapaz de reaccionar, miraba esa palabra tantas veces deseada sin alcanzar a darse cuenta cabal de su significado, cada letra que la formaba le parecía un ente aislado, el vocablo lo había desconcertado a tal punto que su mente había quedado en blanco, incapaz de procesar ideas. De pronto lo invadió una sensación de vértigo, las palabras comenzaron a moverse, a danzar ante sus ojos, unas y otras se destacaban llamando su atención, girando y elevándose en el aire haciendo volutas y espirales hasta desvanecerse poco a poco. Una a una, las palabras fueron desapareciendo hasta que todas las páginas quedaron en blanco. Entonces un grito angustiado escapó de su garganta.


Despertó con un sobresalto, sin saber muy bien en donde se encontraba. El diccionario en el suelo le recordó su aventura y corrió a mirar las páginas... Con un suspiro de alivio comprobó que había estado soñando. Fue en ese momento que se le ocurrió una palabra, no esa que resumiría la esencia del ser humano, sino una nueva en su idioma materno, una palabra que indicaba un camino en la vida, al margen de la soberbia y presunción que lo habían conducido a tratar de crear él sólo, algo que incumbía a todo una civilización.


La nueva palabra era una palabra sencilla, humilde como una piedrecita, un grano de arena perdido entre tantos otros, y entonces comprendió que era justamente su búsqueda la que lo había llevado hasta ella. La palabra era “guijarrez”, y su significado era evidente: sencillo como un guijarro.



© Loretopaz




Texto agregado el 24-01-2009, y leído por 1444 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
2013-04-14 19:40:32 genial******* pensamiento6
2012-06-17 14:42:02 un juego de palabras, guijarro, y guijarrez, que juguetón!! efelisa
2012-02-23 01:51:19 Sí, mucha palabra y presunción de los personajes. Eso los hizo olvidar que el hombre sólo recrea, porque la creación es toda y unica. Mientras el hombre no encuentre la palabra primigenia, vivirá como en un sueño. Digno de admiración tu texto. sagitarion
2011-12-04 07:48:37 no por haber sido publicado hace casi tres años este texto deja de tener frescura. hablando de guijarros, sabías que la palabra escrúpulo quiere decir piedra pequeñisima? Un escrúpulo se puede introducir en tu zapato y molestar . Tener escrúpulo es entonces algo que molesta y dificulta la acción. Te felicito ninive
2011-08-17 19:00:22 Qué bonito!!!! A mí me encantan las palabras inventadas -recurro mucho a ellas en mis textos fantásticos-, los nombres imposibles, incluso tengo por ahí olvidado una suerte de abecedario y su estructura gramatical para uno de mis "mundos". Por toda la empatía que me has generado con tus letras, te dejo este abrazo enorme ikalinen
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