Dos seres conversaban misteriosamente en medio de la nada...
- Esto no puede acabar aún, no ahora –decía uno de ellos, con angustia.
- Es inevitable, Carlos –respondió el otro con tono autoritario- Ya no puedo hacer más por ti.
- ¡Por favor! -exclamó Carlos- ¡Necesito otra oportunidad!
- Otra oportunidad... Dime algo, Carlos: ¿Qué edad tienes?
- Tengo cuarenta años...
- Cuarenta años –repitió el desconocido con sorna. Y agregó:- ¿No crees que has tenido suficientes oportunidades a lo largo de cuarenta años?
- Pero es que...
Carlos cesó de hablar cuando vió que su interlocutor le hacía una seña de silencio, llevándose el índice de su mano enguantada a los labios.
- Tienes cuarenta años –repuso el extraño- y aún no has aprendido a aceptar lo que te depara el destino. A lo largo de tu vida has hecho todo lo que has querido...
- No, sabe usted que no ha sido así. –admitió Carlos, cabizbajo.
- Pero pudiste haberlo hecho. Y en eso consisten las oportunidades. –el hombre hablaba con una expresión muy seria en su rostro- Ignoras cuántas de ellas has desperdiciado. Ya viviste todo lo que tenías que vivir. Creciste, tuviste amigos, trabajaste en algo que te gustaba y para lo que eras bueno. Te casaste, tuviste una familia y fuiste feliz. Pero todo eso ya pasó, Carlos...
- ¡Espere! –imploró Carlos juntando sus manos, hablando con voz apremiante- ¡Espere, por favor! Necesito volver, necesito volver, por ella...
El extraño se llevó la mano enguantada a su afilada quijada, pensativo, mientras su larga capa ondulaba con solemnidad.
- ¿Por Valeria? –preguntó.
- Sí, por ella –afirmó Carlos- La amo. Ella sufrirá mucho si me alejo... Y yo también.
- Dime, ¿Qué te aflige?
- No quiero dejarla sola. No quiero que pase por dificultades cuando yo no esté. Sé que le va a dar muy duro mi ausencia...
Carlos tenía los ojos llenos de lágrimas. El extraño de capa y vestimenta oscura lo observaba fraternalmente, mientras decía:
-Te entiendo, pero Valeria estará bien. –en ese instante Carlos lo interrogó con un gesto, y el desconocido se apresuró a decir- No te preocupes, ella no va a sufrir. Te quiere, y sabrá entender...
Entonces posó su mano fraternalmente en el hombro de Carlos, pero eso duró poco, porque la retiró intempestivamente.
- Pero ahora tú debes entender –dijo el hombre, y su voz se fue haciendo más grave- Es hora, Carlos. Yo no puedo esperar más...
- ¡No! ¡No, espere, por favor! –gritó Carlos, alarmado.
- Es inevitable –dijo el otro frunciendo el ceño.
- ¡Pero, no puedo dejarla sola ahora! ¡Tiene que dejarme volver!
- Ya la amaste. Tuviste toda tu vida para hacerlo. –El extraño parecía impacientarse cada vez más- Ahora ya no puedo hacer más concesiones...
- ¡No, No! –gritó Carlos poseído de terror, y aferró con ambas manos las solapas del desconocido, sin dejar de vociferar. Entonces éste lo apartó de enfrente atrapando su cuello violentamente con su mano enguantada, y levantándolo en el aire.
- ¡¡BASTA!! –gritó el sujeto con voz potente, y sus ojos se encendieron diabólicamente- ¡No puedo permitir que el equilibrio se rompa! ¡Tu ciclo está completo!
- No... –articuló Carlos.
- ¡SILENCIO! ¡Criatura efímera! ¡Todo termina aquí para ti! ¡Soy yo quien tiene la última palabra!
Fue en ese instante cuando El Tiempo apretó el cuello de Carlos con ambas manos, mientras su rostro sombrío se deformaba de ira.
- Tu tiempo se acabó –exclamó, y lentamente su capa oscura se extendió, sin parar de ondular, hasta que cubrió ambas figuras y las hizo desvanecerse en medio de la nada.
|