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Inicio / Cuenteros Locales / loretopaz / Encuentro con un payaso

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Caminando por el bosque me encontré con un payaso.

— Buenos días, señorita, me dijo con voz lisonjera, inclinándose con una reverencia.

Yo no le respondí, pues no tengo permiso para hablar con desconocidos.

— ¿Quieres que te acompañe?, insistió inclinándose de nuevo?

— Yo no hablo con desconocidos, le dije sin siquiera mirarlo.

El payaso se plantó delante mío y con los puños en las caderas lanzó con vozarrón de payaso: "Pero yo no soy un desconocido, ¿acaso no conoces tú a los payasos?".

Me quedé pensativa, porque en realidad no sabía muy bien qué responderle. ¿Desconocido o no? Difícil cuestión.

— Todos los payasos no son iguales, cada uno es diferente, le dije.

— Sí, tienes razón, pero yo soy especial. Y bajando la voz: "Yo soy el payaso de este bosque, y conozco todos sus secretos. No sabes la suerte que tienes de haberme encontrado”.

Mirándolo a los ojos le dije: “Pero en los bosque no hay payasos”.

— Tienes razón, en parte solamente, ya que en este bosque sí hay un payaso, y soy yo.

— Déjeme pasar, por favor, que me están esperando, le mentí.

El payaso nuevamente hizo una reverencia, pero esta vez muy exagerada.

— Pero niña, entonces yo puedo ayudarte, yo conozco todos los caminos. Ven, sígueme, te mostraré el camino más divertido.

— ¿El camino más divertido? ¿Y qué hay ahí?

Estirándose en una posición elegante, con voz de guía turístico comenzó:

— Este bosque está lleno de secretos y yo los conozco todos.

— Eso ya me lo dijiste, te pregunté por el camino divertido.

— Sí, sí, por supuesto, el camino divertido. Verás, hay juegos, y... globos, y... música, mucha música, ya verás.

— No me interesa, gracias, hasta luego, dije pulidamente, di media vuelta y partí.

— Niña, no me hagas enojarme, escuché bramar a mis espaldas.

Su voz me produjo un escalofrío. Traté de fingir indiferencia y seguí mi camino. El payaso comenzó a llamarme con voz cada vez más amenazadora, y yo empecé a correr, y entonces... el payaso pegó un salto enorme por sobre mi cabeza y se paró diez pasos más adelante, enfrentándome. Frené mi carrera, y me quedé sin reacción, lo que acababa de ver era tan inverosímil que me paralizó.

— No trates de hacerte la lista, ¿acaso no sabes que quien encuentra a un payaso en un bosque está obligado a seguirlo?

Me quedé mirándolo incrédula.

— ¿Que te pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones? Mira, si me sigues con buena voluntad, te vas a entretener muchísimo, ya vas a ver. Pero si consigues enojarme, entonces...

— ¡No quiero seguirte! Le grité. ¡No quiero seguirte!

¡No quiero seguirte!, seguí gritando. Entonces me desperté de un golpe. Era sólo un sueño, sacudí la cabeza y me levanté a tomar un vaso de agua. Ya más tranquila me acosté de nuevo y me deslicé en el sueño casi sin darme cuenta. El payaso me esperaba burlón.

— Así que te habías quedado dormida. Entonces... ¡me debes una prenda!

Me quedé mirándolo confundida, no sabía qué decir.

— No te interesa saber qué tengo aquí? Me dijo sentándose y cruzando las piernas, comenzó a dar vueltas alrededor de su índice una cinta azul con algo que brillaba en su extremidad.

— No tengas miedo, ven, acércate, mira mejor.

Me acerqué con cautela y entonces me llevé la mano a mi oreja izquierda, ¡tenía mi arito!

— ¡Devuélvemelo!, le ordené furiosa.

— Para recuperarlo... tienes que cantar... ¡tres veces kikiriki!

Sin pensar en lo absurdo de la situación, me preparé a lanzar un kikirikí impresionante, pero la voz no me salió, traté una vez más, imposible de sacar el más mínimo sonido. Me desperté nuevamente, mi corazón daba latidos furiosos. Maquinalmente me llevé la mano a la oreja izquierda, ¡mi arito no estaba!, el derecho sí, pero no el izquierdo. Me puse a buscar entre las sábanas, bajo la almohada, nada, encendí la luz para mirar bajo mi cama. En eso Isabel, que dormía en la cama al lado se despertó refunfuñando, “¿Qué te pasa, estás loca? ¡Apaga, que todavía es de noche!”. Tuve que apagar, pero mi corazón seguía galopando como loco, traté de tranquilizarme, no puede ser, me dije, mañana buscaré con calma, tengo que encontrarlo. Eso sí, no volveré a dormirme.

— ¿Y...? me dijo el payaso.

Me dí cuenta de que la única forma de vencer a esa criatura era con astucia y mucha sutileza, mi mente empezó a buscar a toda velocidad, tenía que encontrar algo, y rápido.

— Te lanzo un desafío, le dije. El payaso abrió los brazos feliz.

— ¡Ahhh! Me encantan los desafíos. Pero eso sí, tendrás que someterte a las reglas.

— ¿Las reglas? ¿Qué reglas?

— ¿No conoces las reglas? Tú tienes derecho a proponerme tres enigmas, y si yo respondo a los tres, entonces, deberás seguirme para siempre. Pero si yo no soy capaz de responder a uno solo de entre ellos, entonces yo desapareceré para siempre, y no me verás nunca más.

Era mi única posibilidad, y asentí con alivio. Entonces me dí cuenta de que no conocía muchos enigmas, el único que me vino a la memoria fue el enigma de Edipo, y se lo lancé.

— ¿Cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro pies, dos al mediodía y tres en la tarde?

Una gran carcajada resonó en todo el bosque, el payaso se doblaba de tanto reír.

— Bueno, bueno, veo que no eres diferente de la gran mayoría de los seres humanos, desde que se trata de enigma, todos salen con esa pregunta, siempre la misma.

— Todavía no me has respondido, le dije fingiendo confianza.

— Está bien, ahí va la respuesta, y recitó con tono aburrido: “ese animal es el Hombre, pues en su infancia anda sobre sus manos y sus pies, cuando crece solamente sobre sus pies y en su vejez ayudándose de un bastón como si fuera un tercer pie”. Enseguida agregó con voz impaciente:

— Bueno, ¿qué esperas para proponerme el segundo enigma?

Sin tiempo para reflexionar, le lancé mi adivinanza preferida:

— “Entre pared y pared hay una pava echada. Llueva o no llueva, siempre está mojada”.

— Veo que no tienes mucha imaginación, la respuesta es la lengua, me respondió mirándome como si yo fuera un gusano.

No me quedaba otra solución que inventar algo que ni él ni nadie conociera, y se me ocurrió:

— “Por la mañana es de color blanco, en la tarde de cualquier color, y por la noche, de color rosado. ¿Qué es?”

El payaso se quedó pensativo, se veía que no sabía qué responder.

— Bueno, respóndeme, te estoy esperando.

Sus ojos empezaron a entrecerrarse con expresión furiosa.

— Qué te has imaginado, ¿que no soy capaz de responderte? Ya verás, te respondo en seguida.

— Respeta las reglas, le dije, tienes que un tiempo limitado de respuesta. En mi interior rogaba porque el tiempo de respuesta estuviera incluido en las reglas.

Entonces me miró con cólera contenida.

— Me ganaste. Eso sí, tienes que darme la respuesta a tu enigma, y agregó con voz amenazadora:

— Porque si sólo ha sido una argucia, ya vas a ver lo que te espera.

— Aquí va la respuesta: es mi blusa. Por la mañana me pongo la blusa blanca del uniforme del colegio, en la tarde, cuando llego a mi casa me la cambio y me pongo cualquier otra, y en la noche, la blusa de mi pijama que es rosada.

— Toma, ahí está tu prenda, me dijo, lanzándome la cinta azul con mi arito.

Un rayo de sol en los ojos me despertó. Me toqué la oreja izquierda, no tenía el arito, pero lo encontré fácilmente bajo la almohada. “Levántate, que estás atrasada”, me dijo Isabel, con el uniforme ya puesto. Me levanté como pude, tomé un sorbo de té con leche y salí corriendo tras ella. Entonces vi la cinta azul con que se había atado el pelo. “¿Y esa cinta?”, le pregunté asombrada.
“Esta mañana la encontré en el suelo, al lado de tu cama. ¿No te molesta que me la haya puesto?”

La abracé y me puse a dar vueltas con ella. “¿Qué te pasa, estás loca?”rió Isabel. “No te preocupes, es que estoy tan feliz de estar aquí, contigo” contesté también riendo. “Ahora sí sé que estás loca” me respondió condescendiente. Nos tomamos del brazo y partimos felices al colegio. Estaba tan dichosa de saber que estaba viviendo, existiendo aquí y ahora. Ya no me importaba saber si lo del payaso había sido real o solamente mi imaginación, lo importante era disfrutar cada segundo a fondo, y seguir viviendo.



© Loretopaz





Texto agregado el 10-03-2009, y leído por 2053 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2013-04-14 19:59:51 muy entretenido****** pensamiento6
2011-11-05 18:04:04 Este juraría que ya te lo leí. Me suena mucho, y me encantó, igual que la primera vez que lo leí. La delgada línea entre los sueños y la realidad, esa sensación de cosa vívida y no solo onírica, esos descubrimientos de mañana, cosas que con la luz del día se esclarecen o acrecienta el misterio. Sea como sea, es encantador -y aterrador de a ratos... ;)- ikalinen
2010-03-06 23:44:02 leo tu cuento demasiado tarde, el payaso aquel llegó a Chile y hay millones que lo siguen. NeweN
2009-10-18 03:31:32 vaya!. qué cuento tan maravilloso. Es divertidísimo. Me dejó feliz tal como a la niña, mismo como si hubiese sido yo quien soñara mientras el cuento leía. fafner
2009-04-20 09:49:34 Me regalaste una excelente historia de tu fértil imaginación, donde el sueño, la fábula, la fantasía, el cotidiano se mezclan y forman un mundo de letras. Me gustó mucho esta historia que leí esta mañana de lluvia. Saludos! manndrugo
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