El tiempo furtivo te acecha sin tregua,
sigiloso al fondo de tus ojos;
juega tu estampa,
prolongada más allá de los archipiélagos australes,
al final del enlace entre la nada y el polo,
nieve y aurora;
mientras, voy fundido al abrazo quemante,
a esa alegre cintura.
Pero hay días en que mis pasos
me encaminan hasta lo inconmensurable,
en medio de ningún lugar;
allá donde convergen todos los seres,
todas las cosas;
donde el tempo se resquebraja,
sucumbe,
no es.
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