Cada noche Yací, la luna, se quedaba admirada del reflejo que le devolvía la selva a su intensa mirada, y su deseo de visitarla se iba haciendo irresistible.
Una vez en que Araí, la nube rosada del amanecer se acomodaba sobre el horizonte, ella se acercó y le propuso bajar juntas a la tierra. Llamó a las nubes para que cubrieran el cielo así nadie notaría su ausencia.
Así fue como Yací y Araí convertidas en dos hermosísimas jóvenes de largos y deslumbrantes cabellos, pasearon alegremente por la espesura del follaje riéndose de su travesura.
A Yací no le alcanzaban los ojos para mirar tanta belleza. Se alegraba con cada descubrimiento: el crujido de las ramas, las caprichosas formas de las plantas, el perfume dulzón de las flores dormidas. Sintió el placer del fresco pasto bajo sus pies. Y se vio linda reflejada en las aguas de los arroyos.
Yací y Araí jugaban despreocupadamente cuando se oyó un feroz rugido y de repente vieron un inmenso yaguareté que estaba agazapado dispuesto a atacar. Quedaron paralizadas de miedo sin poder moverse cuando un silbido rompió el silencio y el animal cayó herido. La luna y la nube perdieron su forma humana y regresaron al cielo.
El yaguareté avanzó hacia el cazador dispuesto a matar a su agresor. Pero el valiente guaraní le disparó un flechazo mortal. Al no encontrar a las jóvenes que él creyó perdidas, subió a un árbol y extenuado se durmió. Soñó con la hermosísima joven de los cabellos de plata que le decía:
-Soy Yací, la Luna, la reina de la noche. Quiero darte las gracias por salvar nuestras vidas. Mañana cuando despiertes, vas a encontrar una planta nueva llamada Caá. Con sus hojas, tostadas y molidas, podrás preparar una bebida que acerca los corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos, tus hijos y los hijos de tus hijos...
Despertó el valiente cazador y vio, iluminada por la luna, una planta nueva: la yerba mate. Siguiendo las instrucciones de Yací, tostó las hojas, y una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca “caigua”. Le colocó una bombilla de caña, “tacuapi”, vertió agua caliente y probó la nueva infusión.
Como le resultó tan agradable su sabor decidió compartirlo con su familia. El recipiente fue pasando de mano en mano y así nació el mate, que aún hoy es símbolo de hospitalidad y encuentro.
El mate: El mate es una bebida similar al té que se consume principalmente en Argentina, Uruguay, Paraguay y sur de Brasil.
Los indios realizaban para beberla una calabaza "caiguá" y una bombilla de caña "tacuapí". También solían masticar las hojas en sus largos viajes.
Los sacerdotes jesuitas preparaban té o infusión con la yerba y trataron por todos los medios de desterrar esa costumbre del mate en calabaza. Pero aún hoy se conservan ambas costumbres hasta la actualidad, llamándose a la infusión en taza “mate cocido”.
El nombre "mate" deriva de la palabra quechua "matí" que significa vaso o recipiente para beber.
Caá: yerba mate
Yaguareté, jaguar o tigre americano: animal muy temido, no sólo por su tamaño y ferocidad, sino también porque se lo asocia a fuerzas espirituales muy potentes.
(Adaptación de leyenda guaraní)
Del libro “Leyendas de aquí y del otro lado del mundo” de María Mercedes Córdoba.
Próximo a editarse.
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