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Inicio / Cuenteros Locales / beactriz / Divisor de dieciséis

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Tenía un juego personal, divertido, le servía para pasar el rato. Al azar pensó en un número del uno al diez: cuatro. Cuatro puntos cardinales, cuatro elementos, cuatro llantas de un coche y cuatro las patas de su perro. Perfecto. Se encaminó a la casa de Rocío, su novia, pero recordó que su madre encarecidamente le pidió que llevara leche a la casa, buscó en el bolsillo del pantalón y sacó la mísera cantidad de cuatro pesos, no le alcanzaría ni para comprar un litro y le habían encargado ¿cuántos? ... cuatro.
Decidió resolver ese asunto de la leche más tarde, por lo pronto antes de ir a la casa de Rocío pasaría a ver al Cadenas para ponerse de acuerdo en aquello que habían platicado.
En el camino se encontró al Poncho que andaba un poco sombrío porque era el cumpleaños de su mejor amigo y no se vislumbraba ningún plan exitoso en su casa ni con los cuates.
Llegando a la casa del Cadenas tocaron a la puerta y abrió Antonia, hermana menor del Cadenas que, a propósito siempre le había gustado a toda la banda, pero con lo celoso y violento que es el hermano, ni quien se atreviera a nada con ella.

- ¿Está el Cadenas?
- No, fue a la tienda, si quieren espérenlo, yo ya me voy

Cerró la puerta y apenas si pudieron percibir el olor de su cabello cuando pasó junto a ellos, era como se adivina en los comerciales de shampoo. La vieron caminar durante varios minutos hasta que dio vuelta en la esquina.
De pronto las voces del Cadenas y el Fidel los sacaron de concentración

- ¿Qué ves guey?
- ¡Ora! ... ¡cálmate!
- ¡Tranquilo!
- ¡Ya estuvo!
- ¿Qué pedo?
- Fuimos a comprar un “six” pero nomás nos alcanzó para cuatro
- ¡Una para cada uno!
- Cáite con una feria
- Mmm, sólo traigo cuatro pesos
Al decir esto, cayó en la cuenta, empezó a sentirse entre confundido y emocionado. El número cuatro había estado presente y constante durante los últimos ¡cuarenta minutos!
Tomaba su cerveza mientras esto pensaba. Reaccionó al zape que el Poncho le propinó al tiempo que todos, burlonamente le decían que dejara de pensar en la Rocío. Entre la bulla y carcajadas reaccionó y apuró de cuatro tragos el contenido de la botella.

- ¿Qué, por qué tanta prisa?
- Tengo que ir a verla
- No está, la acabo de ver pasar con su mamá
- ¿A que hora?
- Como a las cuatro

Se golpeó la cabeza diciendo “no puede ser”, “no puede ser”. Los tres amigos volvieron a reír sin entender.

- No es para tanto, si no se fue de viaje ...
- ¡Pobrecito! Extraña a su amorcito ...
- ¡Quiere llorar! ¡quiere llorar!
- ¡Yaaaa! ... oigan ¿se acuerdan del plan?
- ¿Cuál plan?
- ¿No quedamos en ir a ver a Don Juan para lo de la lana?

Los tres amigos se vieron de reojo con lentitud calculada. El Cadenas y Fidel apuraron su cerveza y jugaron a ver quien la terminaba primero.
Volvió a preguntar. Ninguno de los amigos parecía tomarlo en cuenta, empezaron a golpearse y forcejear como tres cachorros despreocupados.

- ¡Óiganme carajo! ¡ya lo tengo!

Guardaron silencio. En ese momento como por un aviso providencial, llegó corriendo Antonia

- ¡Tengo que hablar contigo! – le dijo al Cadenas - ven, ven adentro
- Orita no, estoy ocupado
- Te conviene, ven

Abrió la puerta y su hermano la siguió, un poco reticente pero al fin y al cabo la plática ahí afuera se estaba poniendo difícil. Se cerró la puerta y como quien quiere reanudar alguna plática, afuera de la casa los amigos se veían taimadamente.

- ¿Ton’s que?
- Luego, luego hablamos
- ¿pero ... de qué, que te traes?
- Luego, tengo que ... ir a comprar unas cosas. Ahí se ven ...

Se alejó pensando que en verdad a nadie le importaba conseguir el dinero ni el motivo para hacerlo.
Caminaba realmente sin rumbo, aunque quizás por costumbre, iba derechito a la casa de su novia. Se detuvo en una esquina, en el lado opuesto vio a Rocío, reaccionó, le gritó, ella aparentemente no lo vio ni oyó. Corrió en línea recta hacia ella mientras Rocío cruzaba al otro lado, volvió a gritarle , ella volteó, le hizo una seña de “espérame tantito”, sin embargo volvió a cruzar a la siguiente esquina, él atravesó la calle nuevamente y ella también hasta llegar a la esquina donde él la vio primero.

- Espérate Rocío, quédate ahí ...

Atravesó por cuarta vez la calle y se encontró con ella, la tomó por los hombros y en tono altanero preguntó:

- ¿Qué onda? ¿qué haces? ... ¿a dónde vas? ¿a dónde fuiste?
- Oye espérate, cuatro preguntas al mismo tiempo, una por una ¿no?
- Cuatro preguntas... pues si pero, ¿qué no me oías? Te tuve que perseguir por las cuatro esquinas ... ¿cuatro esquinas? ... – dijo mirando al cielo y palmeándose los muslos - no puede ser, ¿qué onda? ¿qué pasa? ¿qué es esto? ¿qué quiere decir?
- ¿Otra vez?, que traes ¿te sientes mal?
- No, no me siento mal. Bueno ¿tu qué?
- Voy para la casa ¿por qué?
- No por nada. Llégale, yo voy al rato
- ¿Al rato? ... ¿cómo a que horas?
- No sé ¿por qué? ¿vas a salir otra vez?
- No. Bueno, nos vemos luego

Se dieron un beso de trámite. Rocío se encaminó efectivamente hacia su casa.
Empezó a sentirse un poco incómodo, sus amigos, Rocío y hasta Antonia se comportaban de manera indiferente, no, mejor dicho muy extraña, como que algo se traían entre todos, algo que a él no la habían dicho. Dudó de la fidelidad y de la amistad, tal vez su novia hasta le estaba siendo infiel con uno de sus cuates, o alguno de ellos había roto el pacto de “no tocar” que un día hicieran al respecto de Antonia, tal ves todos se habían puesto de acuerdo para dejarlo fuera del plan, o peor aún, era todo junto. Recordó las caras de perspicacia al mencionar lo de conseguir la lana, la actitud de secreto de Antonia con su hermano, el nerviosismo de Rocío al preguntarle, lo que le preguntó. En fin, la tarde se volvía turbia, pesada, angustiante y para colmo de males con un número persiguiéndole por todas partes. Todo esto pasaba por su mente, cuando de pronto también pasó el encargo de su madre: la leche.
Pronto se haría de noche y no había podido resolver ninguno de los cuatro asuntos con los que salió de su casa. Debía establecer prioridades, en primer lugar comprar la leche para después regresar con los amigos y llevar a cabo el plan para conseguir el dinero y si sobraba tiempo ver a Rocío.
Don Juan era buena onda pero no como para pedirle fiados cuatro litros de leche y además el financiamiento para hacer una pachanga, aunque pensándolo bien, una vez le compuso el carburador de su carcacha y nunca le pagó, además organizó a todos para llevarle mañanitas a su esposa el día de las madres porque una noche antes él llegó tardísimo a su casa y quería quedar bien, dijo que luego se pondría a mano y nunca les dio ni un peso.

- Total, no hay peor lucha que la que no se hace, voy con Don Juan, primero yo sólo y luego con la bola de inútiles a ver que se puede hacer

No pasó mucho tiempo cuando le salieron al paso sus tres amigos.

- Ora tú, ¿qué te traes que vas y vienes con lo poquito que tienes?
- ¿Por qué? Ustedes son los que se traen algo y ahorita me lo van a decir, ¿creen que no me doy cuenta? Desde hace rato que nos vimos andan con sus misterios
- ¿Cuáles güey?
- Oye ¿no ibas a ver a la Rocío? ya está en su casa
- ¿Y tú cómo sabes?
- Pues ...
- ¿Cómo sabes? Ya la fuiste a ver ¿verdad? – a punto estuvo de írsele encima- ¡contéstame cabrón! – y se le fue encima- ¿crees que soy pendejo o que? – cuatro golpes a la cara – neta que ya me di cuenta hijo de tu ...

El pobre del Poncho sin entender sólo se cubría y le gritaba que se esperara, que se calmara, que no entendía. El Cadenas y Fidel entre divertidos y sorprendidos lograron separarlos.

- ¡Cálmate cabrón! ... estás loco ...¿qué te pasa?
- ¡Neta que te pasas güey! ... ¡ya cálmala!

El Poncho se compuso la ropa, se tocó los golpes y se le quedó viendo con un rencor de esos que dan miedo. Ninguno de los tres dijeron absolutamente nada, se dieron la vuelta y lo dejaron solo, solo y mentando madres, gritándoles que regresaran ...

- ¡Cobardes, culeros! ¡vengan acá si son tan sabrosos! ¡orita nos partimos
la madre! ...

Poco a poco se fue calmando. Le invadió un profundo sentimiento, realmente no entendía lo que había pasado, algo en el fondo le decía que no tenía razón.

- ¡Ni madres! ... malos amigos ... eso me saco por buena gente, la neta no se lo merecen ... ahí ando yo haciendo quien sabe que tanta cosa para todos y estos me dan la puñalada por la espalda ... que poca ...

Caminaba, hablaba y gesticulaba. Ya era de noche y se sintió profundamente deprimido. Se sentó en una banqueta junto a un poste de luz. De pronto distinguió que se acercaba lentamente una sombra, subió por sus zapatos hasta taparle la luz del foco. Era Rocío.

- ¿Qué pasó? Te estoy esperando en la casa y no llegas. ¿por qué te peleaste con el Poncho? Me encontré a tu mamá y me dijo que no sabía donde estabas ¿por qué no has ido a tu casa?
- Ya, ya, ya, ya ... hoy todo me ha salido mal. Quiero que me digas una cosa – apuntándola con el dedo--¿tu me has engañado?, ¿me has dicho alguna mentira?
- ¿Una mentira? ... ¿de qué o qué?
- No te hagas ¿te traes algo con el Poncho o con algún otro?
- Algo ¿cómo de qué?
- No me desesperes Rocío ya sabes de que estoy hablando, me pones el cuerno ¿si o no?
- Estás loco, eres un paranoico, esquizofrénico, macho, inseguro. ¿sabes que? Yo no estoy dispuesta a andar con alguien que toda la vida está pensando que todos quieren abusar de él, que siempre lo están engañando, que es un incomprendido y que es la mejor persona del mundo. Fíjate que no, mejor aquí la cortamos. Cuando sepas que es lo que quieres y con quién, a lo mejor hablamos. Adiós.

De una pieza se quedó. Rocío seguida por su sombra se fue, la vio alejarse y no se atrevió a decir una palabra. Así estaba por terminar el día. Era un verdadero desastre.

- ¿Ora que?, ¿qué hice?, ¿qué dije? Nomás eso faltaba, aparte de que
todos me traicionan, mi chava me pone el cuerno, no traigo dinero, mi madre me agarra de gato, a nadie le importo, ora resulta que soy un traumado de mierda y que me estoy haciendo la víctima, pues sí, si soy ¿y que? ¿a quien le importa?
Ultimadamente no necesito a nadie, total me voy a mi casa y me duermo y ya, que pase este día como cualquier otro y a la chingada. Mañana todos me van a buscar la cara porque los que están quedando como el culo son ellos. Todos son unos hijos de la chingada: el cabrón del Fidel toda la vida viendo que me saca el gorrón, por eso está tan gordo el güey, nunca hace nada, el otro, el Poncho es peor , se la pasa hablando mal de todos y a mí siempre me dice que soy su brother, su carnal, más que su hermano, pinche hipócrita y el cabrón del Cadenas lo único bueno que tiene es su hermana, esa vieja apretada se va a morir virgen y llena de telarañas. – daba vueltas en círculo como un animal herido- Pinche Rocío, en todo éste tiempo, marzo, abril, mayo, junio, en éstos cuatro meses, ¡y luego éste pinche cuatro que ya me tiene hasta la madre! Éstos cuatro meses que llevamos te he tratado como reina y no te lo mereces, eres una interesada como todas las viejas, pero ya me rogarás para que regresemos, me vas a querer aclarar las cosas: “que tu eres incapaz, que no es posible que piense eso de ti si tu me adoras, que soy lo mejor que te ha pasado, que a nadie has querido como a mí, que sin mí te mueres, que soy el amor de tu vida ...”

Estaba tan entrado, perdón, absorto, en sus cavilaciones que no se percató que el mismísimo Don Juan lo veía gesticular, bufar y emitir algunas palabras sin sentido.

- ¿Qué te pasa? ... ¿qué haces aquí?
- Nada ... aquí nomás ... reflexionando sobre cosas que pasan ...
- ¿Que cosas pasan?
- Pues, nada Don Juan, que el amor no existe, la amistad menos, nadie piensa en los demás, todo el mundo está ocupado en su desmadre y los otros que se chinguen, total. Pero eso sí, si pueden te sacan algo, si quieren te joden, muy buenos para pedir favores pero a la hora de agradecer no hay nadie, por eso este pinche mundo está como está y luego resulta que uno se hace la víctima, no es justo. ¿Usted cuando ha visto que no jalo parejo?, ¿qué cuando me piden un favor me hago güey? ...
- Bueno ya deja de echar pedradas, oye ¿qué hoy no es tu cumpleaños?
- Eso que importa. Ya no tengo amigos, ya no tengo novia, no tengo ni dinero para comprar lo que me encargaron, ya no tengo ni siquiera confianza en los demás ...
- Pues hace como cuatro horas vinieron tus ex amigos, Antonia y tu ex novia a pedirme dinero prestado para organizarte algo, por supuesto les dije que no, que prestado no, lo ponía con mucho gusto porque te debo algunos favores ...

En ese momento sintió que el suelo se movía, un sonido seco cimbró su cabeza, se le hizo un nudo en la garganta y quiso correr pero no pudo, ya no escuchaba lo que decía Don Juan, solo unas palabras resonaban en su mente
“ya la cagué”, “ya la cagué”.

Reaccionó después de algunos minutos, echó a correr rumbo a quien sabe dónde, pero seguro de que los encontraría.

- ¿Dónde estarán?, en casa de Rocío ... no, no creo. En casa del Cadenas,
no tampoco, su mamá como que no los dejaría, ¿en mi casa? ... chance...
que pendejo soy – se detuvo- todavía pienso que me van a estar esperando para hacerme mi reventón ... si güey como no –reiniciando la carrera- ¿por dónde empiezo? ... ¿a dónde voy? ...

Iba corriendo y sentía como el aire frío le cortaba la cara, se recriminaba y al mismo tiempo sonreía. Comenzó a maquinar qué les diría a cada uno, cómo les explicaría, por dónde empezaría, qué cara iba a poner con Rocío, en fin. Volvió a pensar en su número del día, se preguntaba el porqué de tantas coincidencias, buscó las razones para haberse encontrado toda la tarde con él y resignado llegó a la conclusión de que tal vez, el destino le había puesto un cuatro.

Texto agregado el 30-03-2009, y leído por 26 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2009-03-30 19:55:21 maravilloso.5* jardin erodelasnubes
2009-03-30 19:50:37 jajajajaja, un estupendo texto, antes de juzgar primero averiguar, me ha encantado***** JAGOMEZ
 
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