Era un papelito doblado atado con hilos rojos,
tu nombre bordado en la melancolía,
un aroma prendido a la orilla del recuerdo
y la luz tenue de tus manos sobre las mías.
Era un dibujo en el rabillo del ojo distraído,
una historia tatuada en la yema de los dedos,
una piedra flotando en el mar del olvido
y el espanto aliviado al calor de los besos.
Era el sonido meciéndose con el buen tiempo,
la nostalgia guardada en el tercer cajón,
aquel perdón olvidado por fin y por principio
y las promesas hechas polvo a golpes de corazón.
Era … nada …
Era … todo …
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