Recuerdo que todo empezó, como si fuera
agua dulce en una pecera. De pronto
como si lo hubieran herido, vació su cuerpo
lleno de luz y se volvió turbio.
Ya no cantaba ni reía.
Una mañana sin sol, gritó con su voz mas grave
hacia la tierra y saltaron luces de colores
sobre mí, por encima de los árboles,
hasta la luna.
Ese día me reconcilié con mis manos
y las comparé con las piedras del camino,
mientras rayos magenta
atravesaban mi cara.
Cuando percibió el aire de nuevo,
cerró su cuerpo,
tomó una estrella y desapareció.
Tal vez nunca lo vuelva a ver.
lo único que entiendo
es que desde entonces, veo la luna
gota a gota, derramada sobre él.
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