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Inicio / Cuenteros Locales / loretopaz / La última pieza del puzle

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1.

María Eglantina de las Mercerdes se encontraba en el jardín pensando, como le sucedía a menudo últimamente, en el misterio de sus orígenes. Siempre habían respondido a sus preguntas con frases cortas: “un día apareciste en la plaza, nadie te había visto antes”; o sino: “tenías unos tres años y mirabas todo con grandes ojos asombrados”.

Tomando en cuenta todos los indicios que había podido reunir a partir de las respuestas distraídas de las personas interrogadas, había elaborado una lista que volvió a repasar mentalmente, con la piezas del “puzle de mi pasado” como le gustaba llamarlo. Examinaba cada una de estos fragmentos con un cuidado extremo, sólo le interesaba conservar aquellos que le parecían concretos, objetivos y seguros.

Cuando tenía ocho años había tratado por primera vez de reconstruír su pasado, imaginando diferentes fábulas de las cuales ella era la heroína: una princesita que las hadas habían dejado ahí por un tiempo, o que un ogro había raptado y de cuya guarida había logrado escaparse gracias a su ingenio. En esa época ella inventaba los fragmentos de su historia que le eran desconocidas. Ahora, en cambio, sólo le interesaba lo real y andaba en busca de cualquier indicio que pudiera indicarle una pista para reconstituír una nueva pieza.

Ni siquiera conozco mi verdadero nombre, si es que alguna vez tuve alguno. Y el cura que insistió en que me pusieran el nombre de María para protegerme de todo lo malo que pudiera venir de mi pasado. ¿Qué sabe él de mi pasado? Mi mami Alba, en cambio, quiso llamarme Eglantina porque ese nombre le había encantado desde que lo descubrió en una novela en su juventud. Claro que como era un nombre muy largo para una niña tan chiquita lo abrevió en Ely, y todavía hoy todos me llaman así... Y Mercedes lo llevo porque corresponde al día en que me encontraron. ¡Menos mal que no aparecí el día de Santa Agripina, o Santa Hilaria, o Santa Rigoberta!

Le encantaba hacer listas. Tenía listas con nombres que no le gustaban, con nombres que le hubiera gustado tener como Laura, Aurora, Isabel,... Pero por el momento su interés se centraba en ese puzle que tanto deseaba completar.

¿A ver? Lo primero que sé es que aparecí un Domingo. Miraba jugar a los niños en la plaza, dos niñitas que jugaban en una ronda se soltaron entre ellas y acercándose me tomaron cada una de la mano y me arrastraron con ellas en la ronda. De eso me acuerdo muy bien, quedó grabado en mi memoria, y hasta en colores. Cuando las mamás, abuelas y tías comenzaron a llamar a los niños para ir a almorzar me quedé sola, seguí jugando con piedrecitas y ramitas, no recuerdo haber tenido hambre. Seguí jugando y mirando jugar a los niños que llegaron después de la siesta, hasta ese momento nadie había notado que yo estaba sola, todos pensaban que había alguna persona adulta conmigo. Mi mami Alba dice que fue ella la primera que se fijó en mí, que le llamó la atención mi mirada de asombro, “daba la impresión que veías todo por primera vez”. Cuando vio que todo el mundo partía y que a mí nadie me llamaba se acercó y me preguntó mi nombre. Yo seguía con mi mirada de asombro, sin decir una palabra. Me llevó a la comisaría en donde dejó una constancia de mi “aparición” y cuando se despidió para partir dejándome allí yo me puse a llorar tan fuerte aferrándome a ella, que que los policías la dejaron llevarme con ella diciendo que ellos pasarían más tarde a buscarme una vez que encontraran a mi familia. Tengo otro recuerdo de ese día: cuando sirvieron la comida yo tomé la cuchara y empecé a comer sola, los grandes que me miraron admirados y me pusieron como ejemplo ante los demás niños de la casa. “¡Mirenla como come solita, y sin ensuciarse la boca!”

El caso es que nunca llegó nadie a preguntar por mí, ni aquí ni en las otras localidades cercanas y cuando se lanzó una búsqueda a nivel nacional resultó que nadie reclamaba una niña de mi edad. Dos años después mi mami Alba comenzó a hacer los trámites para adoptarme, y desde que la adopción fue legalizada también me bautizó. Siempre me dijo en secreto que yo había sido para ella como un angelito que había llegado para consolarla. Ahora sé que su novio falleció pocos días antes de celebrarse la boda y ella nunca quiso aceptar ningún nuevo pretendiente. Y yo llegué para consolarla, ¿pero cómo, y de dónde? Eso lo sabré sólo cuando descubra la última pieza del puzle.

2.
— Elita, despiértese m’hijita, ya es la hora.
Eglantina empezó a salir poco a poco de su sueño, sin embargo no quería salir de él, era tan agradable.
— Ya pues Elita, levántese, sino va a llegar tarde al liceo. Alba no tuteaba a su hija, sino que la trataba cariñosamente de usted. Eglantina hizo lo mismo hasta el dia se sus catorce años, en que Alba le había preparado su torta preferida, con manjar y coco rallado y cuando, rodeada de toda la familia se disponía a soplar las velitas sorprendió a todos los presentes al anunciar: “Ahora que comienza una nueva etapa en mi vida quiero agradecerles a todos ustedes por haberme acogido como una más de la familia. Y especialmente a tí, mami Alba, que has sido para mí una verdadera, y la única, madre.” A partir de ese momento comenzó a tutear a todos los adultos de la familia, con excepción de la abuelita y el abuelito, un poco por respeto y otro poco porque los consideraba casi como niños menores que ella.

— ¡Ya Elita, apúrese y vaya a tomar desayuno! Yo parto ahora a mi trabajo. Chao, m’hijita, pórtese bien.
Alba y su hija se despidieron con un beso como todos los días. Cuando Eglantina llegó a la cocina ya estaban tomando desayuno todos los que partían a clases o a trabajar en esa gran familia instalada en la casa de los abuelos. Dos de sus tías servían a unos y otros té con leche mientras tostaban tajadas de pan que desaparecían rápidamente engullidas con mantequilla o miel. Eglantina se sentó apenas, comió una tostada con miel, bebió rápidamente la mitad de su taza y partió con su prima Ruty. En ningún momento tuvo el presentimiento que los veía a todos por última vez.
Cuando Ruty volvió del liceo sin Eglantina explicó que habia estado esperando a su prima hasta que saliera la última alumna y al no verla pensó que había salido antes. Entonces Alba sintió una puntada en el corazón y supo entonces que Eglantina había partido tan subitamente como había venido.

3.
Una niña de quince años camina siguiendo un sendero sin saber muy bien adonde conduce. Sabe que se llama Eglantina, que hay gente que la quiere, en algún lugar, no sabe donde, no sabe cómo hacer para ir donde están. ¡Mami Alba!, ¡Sí!, me acuerdo de tu amor, de tu aroma, de tu tibieza, ¡mhmm!, ¡qué bien me siento contigo! Pero estoy lejos de tí, no sé donde estás. También recuerdo un puzle, sí, un puzle que hay que completar porque le faltan piezas, ¿qué puede significar?

La niña sigue caminando, ya ha olvidado su nombre, sólo le queda el recuerdo lejano de un olor, de una calidez agradable que también se va borrando poco a poco. El camino desemboca en una plaza, parece la plaza de un pueblo. Ahí veo gente, veo niños y niñas que juegan, me gusta este lugar. ¡Qué linda la ronda de esas niñitas! Hay dos que se sueltan las manos y me llevan con ellas. Vamos girando y cantando, vamos, vamos, en esta ronda sin fin.

*
Cuando, después de una infinidad de ciclos aparezca por fin la última pieza del puzle, todos los fragmentos encajarán perfectamente entre sí para formar una unidad tan evidente que, en un destello infinito, ésta se desintegrará porque ya nada de lo sucedido tendrá razón de ser.




Texto agregado el 18-05-2009, y leído por 330 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2010-03-06 23:52:08 Extraña narración, me evoca a La Dimensión Desconocida. NeweN
2009-09-17 22:31:05 Narraciòn llena de matices, nostalgia y sorpresas. Me ha gustado mmucho. Saludops. Jazzista
2009-07-07 12:51:37 La idea es genial, porque aunque nunca se cambie totalmente de vida e incluso de personalidad, siempre se intenta, hasta en el umbral de la muerte, recomponer el puzzle del que estamos hechos. El estilo y la narrativa envuelven al lector con ese ambiente melancólico, casi mágico..Fue un placer, y se disfrutó la lectura. grauer_wolf
2009-06-24 01:56:45 Conforme se avanza con el cuento, uno descubre muchos matices, en especial, el recuerdo candido de una nina que recuerda sus origenes. Tu relato estuvo envuelto con un velo de ternuna que estremece al lector. Me encanto. inkaswork
2009-05-23 20:16:26 creo que leí este cuento hace tiempo, cuando todavía no corría toda el agua del río, hasta ahora. esa manera de asociar los eslabones de la historia es libre realmente, de pronto Ely aparece por el camino que va a un parque y sin darse cuenta otras niñas la toman de la mano y juegan a la ronda; también sus propias cavilaciones sobre su nombre y otras anécdotas, tienen una dulzura original que al parecer sólo puede dar la niñez u otra sensibilidad parecida. Me gustó mucho y tenías razón, simplemente te dejas llevar por 'lo que quiere escribirse' a través de tu cuento. salud! quilapan
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