La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / NELSONMORE / MUERTO AJENO (CUENTO)

 Imprimir  Recomendar
  [C:405733]

Al hombre más miserable del pueblo nunca lo dejaron en paz, pues todos, absolutamente todos alcanzaron a ofenderle, hasta llegaron a sentir placer con sus sufrimientos, su compañera de adversidades lo abandonó cuando más la necesitaba. Apenas se dió cuenta que al lado de aquel desdichado terminaría convirtiéndose en mendiga, se marchó para no regresar nunca jamás. Por eso Adolfo quedó condenado a andar de ninguna parte hacia ningún lado. Los refugios más seguros de Adolfo fueron: Las bancas del parque, uno que otro andén donde no caía la lluvia, también se refugiaba en cuevas repletas de fétidos olores. Pero últimamente ya no se preocupaba por buscar refugios un poco seguros, sino donde la noche lo sorprendía ahí se hacía un ovillo como queriendo protegerse contra el frío.

A pesar de esas condiciones su existencia no terminó tan rápido como la gente deseaba. No se supo con certeza durante cuánto tiempo llegó a deambular por las calles de la ciudad. Lo único cierto es que la última noche de su vida con tres golpes en cada puerta alcanzó a despertar a media ciudad, si la muerte no lo hubiera sorprendido a todos los habitantes de la ciudad habría despertado pero nada podemos hacer para evitar la muerte, el pordiosero de la noche amaneció bien inerte, y como no hubo parientes que reclamaran el cadáver, diez horas permaneció tirado sobre la esquina número treinta.

Por mandato de las autoridades lo amortajaron con talegas de cemento, y luego lo metieron en un féretro de cartón y para demostrar que se sentía el dolor humano, el padre celebró una misa al muerto. Como si el dolor fuera de todos la gente se desbordó a las calles, pero el muerto cada vez seguía más muerto. Nadie se atrevió a preguntar el nombre de aquel desdichado. Nadie llevó una rosa aunque sea artificial. Nadie dió el pésame a nadie, a pesar que parte de la humanidad moría con ese muerto.

Todos revivieron en el recuerdo los instantes de burla que realizaron con Adolfo. Y la gente siguió saliendo, pero infinitamente nadie recitó una oración a la muerte. Y la gente siguió saliendo pues el muerto se había convertido en un espectáculo de feria. Todos jugaron con el féretro de cartón: Lo subían, lo bajaban, lo destapaban; algunos insensatos llegaron a escupirle. Y cuando alguien quiso arrancarle un dedo para guardarlo como recuerdo, el muerto se despertó del sueño de la muerte y dijo:
-¡"Maldita sea, es que ni después de muerto me van a dejar en paz!"

Mientras el muerto volvió al sueño de la muerte todos los curiosos volvieron a sus casas. El muerto quedó solitario en la mitad de la plaza. Por órden de las autoridades fué recogido por el basurero de la ciudad y fué sepultado entre la basura. Para evitar que los gallinazos lo devorasen pedazo por pedazo, tres volquetadas de basura echaron sobre el féretro. Pero luego de enterrado el pordiosero de la ciudad, la gente siguió burlándose de su recuerdo. Pero a los pocos días de burla apareció otro pordiosero en la ciudad y luego otro, y cada día aparecía un nuevo pordiosero; aparecieron tantos que los habitantes de esa ciudad empezaron a sufrir de insomnio porque todas las noches golpeaban a sus puertas para espantarles el sueño.

Texto agregado el 21-05-2009, y leído por 537 visitantes. (1 voto)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]