Veo delfines nadar entre tus pechos;
juegan,
saltan,
entrecrúzanse,
zambúllense en ese mar mixtura leche y miel.
Ya había visto estos cetáceos,
de pronto dorados,
de pronto celestes,
conquistar esas excelsas regiones.
Se creen dueños,
amos al originar sonidos de flauta
entre tus dos volcanes.
Trato de agarrarlos,
arrancarlos de esa gloria,
pero son escurridizos,
y persisten allí,
en el cielo;
dan mil brincos
como en su hábitat,
como si se burlaran,
rieran de mí.
Estos mamíferos poseen tus frutos,
los acarician,
besan,
lamen;
yo los envidio
y tengo celos,
celos de ellos. |