El viento y la lluvia empapa a las avecillas
y las empuja más allá de sus nidos.
Las aves,
extraviadas,
heridas las plumas
por los chicotazos de la borrasca,
buscan, desesperadas, sus nidales,
mientras emiten chillidos lastimeros.
Despojados, los pajarillos esperan
que amaine la tormenta. |