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" Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José... entrando junto a ella, le dijo: Salve, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc l, 26-28).

El iluminado

Por lo general, el hombre encuentra en las cosas que le gustan o en las metas que desea alcanzar, una enorme fuerza motivadora para afrontar la vida.
Crecer económicamente puede ser un objetivo por el cual millones de personas se levantan cada mañana con la intención de alcanzar.
Para otros, podría ser una meta deportiva, el amor de una mujer, disfrutar de sus hijos o viajar por el mundo.
También en las creencias religiosas muchos encuentran esa fuerza positiva y alentadora, luchar por obtener el amor divino de su Dios, ese que sus padres le asignaron antes de nacer, los mantiene ocupados y esperanzados.
No solamente esa dichosa estimulación puede surgir del deseo por lograr metas agradables, podríamos decir que un sin número de seres humanos luchan por superar una adversidad como conseguir trabajo, recuperarse de una enfermedad, olvidarse de un amor no correspondido, entre muchos ejemplos.
Cualquiera de estas circunstancias genera en el común de la gente una adrenalina que los impulsa de alguna manera, a luchar y afrontar el día a día.
Ese no era mi caso.
En verdad yo era un muerto en vida, para mi no había nada interesante en ese variado menú que me ofrecía el bar de la existencia terrenal.
Trabajar no me gustaba, en absoluto, de nada, dinero no me faltaba, tenia una entrada mensual proveniente de unos alquileres que había heredado.
Deportes, ni por televisión, la televisión me aburría, las mujeres me parecían desagradables, los hombres mas aun, estudiar, ni siquiera paso por mi cabeza alguna vez.
No me preocupaba si hacia frió o calor, la casa estaba bien equipada, dormía cuando quería y lo que quería.
Me levantaba cada mañana, me sentaba en el sofá y esperaba pacientemente tener sueño para volver a acostarme, no reía ni lloraba, tampoco me enojaba, frustraba, sufría o divertía.
Ni siquiera me deprimía, mi única salida consistía en una vez por mes, generalmente un jueves, salía a comer con unos ex compañeros de la secundaria.
Pero un día todo cambio.
No se cuando empezó exactamente, si era de mañana o de noche, ni en que mes, ni en que año, nada de eso puedo recordar.
Todo fue muy fugas y vertiginoso, totalmente inesperado.
Me encontraba aquella vez, como era habitual en mi rutina cotidiana, siempre y cuando no dormía , sentado en mi sofá, en cierto momento me levante para ir al baño que era uno de los tres motivos por los cuales yo podía llegar a abandonar el diván, los otros, buscar comida o volver a la cama.
En el trayecto, por entre las ranuras de las persianas de mi casa, un pequeño rayo de luz muy brilloso se filtro e ilumino un pedacito de no más de dos centímetros de diámetro del piso de parquet de la sala.
El rayo, era mucho mas blanco y potente que el podía llegar a emanar el sol, este era totalmente diferente.
Su luz incandescente, poso detrás de una de las patas de la mesa que se encontraba en el salón.
Sin entender que pasaba, retrocedí unos pasos hasta dar mi espalda contra la pared, buscando una mejor perspectiva para analizar la situación.
Recorrí toda su trayectoria, desde su inicio hasta el final, a consecuencia, descubrí que, en donde terminaba sobre el suelo de madera, generaba un círculo de fuego, el cual, resaltaba en su centro como si fuera el actor principal en una escena de teatro, un pedazo de papel.
Me acerque hacia la pequeña circunferencia, parecía un diminuta hornalla de gas encendida y recogí el papel.
Fue entonces cuando mi metamorfosis mental, dio comienzo.
Me agache, tome el papelito entre mis dedos, en ese preciso instante, la persiana se levanto y las ventanas violentamente abrieron de par en par, al tiempo que un gran chorro de luz de las mismas características al anterior, entraba y se apoderaba de mí. Al principio sentí mucho miedo, pero no pude reaccionar ya que me encontraba totalmente paralizado por esa extraña y desconocida fuerza.
Luego, una sensación hermosa me invadió, un calor reconfortante y agradable abrazaba todo mi cuerpo. Pasaron unos minutos y yo aun seguía inmóvil en el mismo lugar, cuando de repente una voz surgida del interior mismo de la nebulosa fosforescencia que se había creado, susurraba en mi oído cosas in entendibles, lo que si reconocí en ella fue un tono amigable pero tan bien algo de reproche. Poco después, la luz, por el mismo lugar por el cual entro, desapareció.
La persiana, como por arte de magia, regreso a su posición original y las ventanas, se cerraron volviendo todo a la normalidad.
Cuando pude recuperar la movilidad me encontraba en medio del living, quise continuar mi camino al baño, pero me lo impedía esa nueva vocación imperiosa e incontrolable que nacía en mí.
Cambie mi rumbo y como un zombi con las manos adelante, camine hacia el tacho de basura ubicado en mi pequeña cocina y arroje dentro de él, el papel. Instantáneamente una satisfacción jamás experimentada se produjo en mí, luego, impulsado por una necesidad maravillosa, busque los pocos elementos de limpieza que podía llegar a encontrar en la casa, tratando así, de satisfacer esa urgente sed de aseo que me dominaba.
Limpie por horas sin parar acompañando la tarea cantando alegremente viejas canciones, no me detuve hasta que por efecto del cansancio, caí abatido en la cama con una sonrisa en la boca por primera vez en toda mi vida.
Esa noche no pude dormir bien, estaba demasiado excitado, no veía la hora de levantarme para ir a comprar todo lo necesario para poder al otro día, seguir limpiando.
Mi vida de repente tenia sentido.
Con el paso del tiempo, las cosas fueron cambiando.
A partir de ese entonces me volví una persona ocupada, algunas veces, no me alcanzaba el tiempo para poner la casa en orden y eso que no dormía más de un par de horas al día.
Deje de reunirme con la barra del jueves, mi vida social dio un vuelco también en ese aspecto.
Empecé a juntarme muy a menudo, casi todas las tardes, siempre y cuando la casa no estaba patas para arriba, con doña Elsa, la portera del edificio de la esquina de mi casa.
Podía escucharle por horas, una y otra vez, sus jugosas anécdotas sobre cómo fueron sus inicios en el arte del higiene, además, de vez en cuando, me revelaba algún secreto del oficio, sin ir mas lejos, fue ella la que me perfecciono en el lavado de la bañera, la cual, antes de recibir sus geniales consejos, me tenia a mal traer.
Empecé a ir de shopping todas las semanas, mi salida favorita era el paseo de compras a “Gerlero”, recorría por horas sus estanterías con artículos de limpieza, trataba de mantenerme al tanto de los nuevos productos que aparecían en el mercado.
Algunas veces, me recibía la noche sin ganas de descansar y nada para limpiar, en ocasiones, volvía a repasar todo de nuevo, en otras, tomaba la escoba y salía a la calle a barrer las veredas y los palieres de los edificios de la zona.
Me gustaba también sentarme en el umbral de mi casa y esperar que pase el camión recolector de basura, adoraba ver como vaciaban los contenedores, era todo un espectáculo para mí.
Pasaba el tiempo y mi pasión por la limpieza crecía, hasta que en un día, lamentablemente..., esa devoción supero la barrera prohibida, esa que divide el entusiasmo de la obsesión.
Volvía del supermercado una mañana sin sol y fría, cuando en el camino cruce un muchacho de no más de veinte años, el cual, saco un cigarrillo de un atado que guardaba en el bolsillo de su camisa.
Al parecer, era el ultimo, antes de prenderlo hizo un bollito con el paquete y lo tiro en la acera.
Una ira incontrolable me encegueció, trate de calmarme pero no pude.
Lo seguí durante un buen rato hasta que encontré el lugar y el momento oportuno.
Lo mate por la espalda, fue mi primer victima.
Antes de abandonar el cuerpo, realice una limpieza a fondo del lugar, no dejando huella alguna.
El número de crímenes ascendía al momento de mi captura, a cincuenta y ocho.
Las razones, varias, escupir en la vereda, pintar las paredes, vecinos que sacaban la basura después de hora entre otros ejemplos.
Al último, lo había ejecutado por no tirar la cadena en un baño público.
Tardaron mucho tiempo en atraparme, los investigadores no podían encontrar ni el más mínimo rastro que los guiara en la búsqueda.
No sabían que yo había descubierto una formula secreta, un poco de Cif para baño mezclado con Mr Musculo desengrasante, un toque de cera para pisos Gloc Cot y una pizca de lavandina, bien mezclados, lograban un producto que rociado en los cuerpos y la escena del crimen, eliminaba toda pista posible.
Me atraparon una madrugada de otoño en medio de un parque, cuando me predisponía a masacrar una vieja, que dejaba a su perro hacer sus necesidades en cualquier parte.
¿Como me capturaron?, eso ya no importa, un pequeño gran error dio por terminada mi carrera como asesino serial.
Encerrado en una celda de máxima seguridad, solo entre cuatro blancas paredes, cumpliré mi perpetua condena.
No me duele saber que pasare el resto de mi vida aislado aquí, eso lo asimile, lo que me preocupa, debo reconocer, es esa triste sensación de saber que deberé esperar el día del juicio final, sin tener limpia, mi conciencia.

Texto agregado el 08-06-2009, y leído por 28 visitantes. (1 voto)


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