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Las bodas



Las bodas


El avión con sofisticada tecnología de vigilancia vuela sobre las nubes, fuera del alcance de armas terrestres.
Abajo todo es arena y calor insoportable.
Los muchachos de pelo cortito, cómodamente instalados toman coca frente a los monitores. Tienen aire acondicionado.
Es un vuelo de rutina.

Abajo.
Un asentamiento rural aislado, y del mismo color que el resto del paisaje.
Dentro de una habitación, las paredes construidas con adobes, un grupo de mujeres campesinas terminan de vestir a una adolescente.
El novio no debe verla hasta que se produzca la ceremonia.
Ropas de colores chillones.
Lleva un velo que le cubre el rostro. Dejando ver solo dos ojos oscuros, penetrantes. Afuera en el patio, bajo un toldo que los protege del sol del desierto una banda de música afina sus instrumentos.
Las moscas vuelan fastidiosas.
Los niños corren ingobernables, como en todo casamiento.

Arriba.
Uno de los muchachos de pelo corto se acerca al monitor, toca con un bolígrafo la pantalla. Comenta con el que esta sentado junto a él.
Luego habla por un micrófono que tiene junto a la boca, sostenido en el mismo armazón que los auriculares.
Habla y escucha.


El camarero limpia con pulcritud la formica de la mesa, frente a la Plaza Santa Ana. Sirve un barraquito.
Cambia el cenicero, y comenta.
Un príncipe se merece un 0 km, no una anoréxica, con cara de bruja jodida ya el día de la boda. Y para colmo plebeya. .
Y usada.
Seguramente lo que le ofrecían dentro de la nobleza europea no era atractivo. Bagayos bigotudos.
Gordas celulíticas taradas. Por cruza de sangres parecidas.
Por lo que mostró la tele estaba mejor para estrechar vínculos con Jordania, con la princesa Rania, y en cierta forma volver a la ancestral cultura que mejoró a los iberos y celtas hasta 1492 (el año que los moros se volvieron a sus tierras, un poco podridos de los cuentos de gallegos).
Era un gastronómico argentino.
Uno de los inmigrantes de fines de los ’90. Uno de los autodesterrados por la desocupación luego de la fiesta del Turco y de Cavallo.
Un Licenciado en atención de mesas y extracción de tapas de gaseosas. Y afines.

Y un avión americano, lo más sofisticado en tecnología de observación, monitorea el espacio aéreo de Madrid.
Por si las moscas. Ya nada es seguro.
Ocho helicópteros artillados se mantienen en el aire como si estuvieran clavados contra las nubes. Y dos cazas bombarderos de los más nuevos, de esos de los más caros.
Sobrevuelan el cielo de las zarzuelas.
Un poco alejados por el quilombo que producen sus motores. Pero que en un segundo, o en dos para no exagerar, pueden meterle un misilazo en el parabrisas a cualquier nave que se acerque al casorio, sin invitación.
Veintemil policías patrullan los alrededores del Palacio Real. Contentos. Haciendo sonar la sirena.
Llueve y para. Llueve y para.
Boda real.

Y ahora la flaca es Princesa de Asturias.
Esta chica que no nació noble, pero eligió ser reina. Y va a serlo, y seguramente al no tener sangre azul va a ser de las más gastadoras.
De Asturias.
De ahí, de donde vino mi abuelo a los catorce años, por que en Pola de Siero se cagaba de hambre. Se tuvieron que venir con su hermano, el otro tenía doce. Los dos solos en un barco destartalado.
Vomitando todo el viaje.
Si no los mandaban a Cuba como soldados, en una guerra contra los que ahora les prestan el super avión radar que alcahuetea si una mosca imprudente se mueve cerca de la realeza.
Y si, las bodas emocionan.
Es un clásico el lagrimeo entre los presentes, y los que cumplen con sacramento institucionalizado por la iglesia entre sus cánones.
Exactamente, y esto para los que les gusta la perfección, fue el 11 de noviembre de 1563 en la octava sesión del Concilio de Trento.
Pero la escuálida postulante no derramó una sola gota, al menos en cámara.
Bueno, la mina es periodista de tele y de esto sabe.
No quiso que el mundo se confunda con un culebrón.
El protocolo dice “Es una mujer con pasado”. Y creo que esto viene bravo.
Ahora saluda mecánicamente desde adentro del automóvil blindado, al pueblo que los saluda para tratar de olvidar las víctimas de las bombas en los trenes.
Y las cinco fechas seguidas que el Real viene haciendo agua.
Y en el avión vigía, desconectan el funcionamiento de los radares, y vuelve a su base.
Sin novedad.

En un canal árabe.
En Al Arabiya aparecen las imágenes que dan nauseas. Hubo una fiesta de casamiento atacada sin previo aviso por las fuerzas de ocupación norteamericanas.
Los restos humanos destrozados, pedazos de carne quemada e instrumentos musicales aparecen en cámara.
Los instrumentos son de la orquesta de Hussein Alí. El cantante de casamientos más famoso de esa región de Irak, a veinte kilómetros de la frontera con Siria.
Bebes muertos, y niños decapitados junto a sus madres.
Sigue la imagen. Ahora solo es humo que el viento se lleva.

Se trataba de un grupo de gente en edad militar. Dijo el Comandante de la Primera División de Marines de Estados Unidos.
Ocurren cosas malas en las guerras.
Agregó luego.


(“Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí un hormigueo en todo el cuerpo.
Fui capaz de mover la mano un poquito. Luego otro poquito.
Me llevé el vodka a los labios, conseguí inclinar la cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y esperé de nuevo a que me entrara el sueño.
Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido.
Como todos los demás”. Charles Bukowski)


(2004)


Texto de CalideJacobacci agregado el 27-05-2004.
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