- ¿Qué estás esperando, gansa? No voy a ser recuerdo toda la vida…
- No sé… ¡tonto! Es que no sé qué decir.
- ¡Vamos! Como si te creyera… tú siempre tienes algo qué decir.
- Esta vez no. Aunque te parezca extraño, no tengo nada qué decir. Vos no más la cagaste y punto.
- Eso ya lo sabemos, gil. Pero hoy es el día, hoy es cuando para decir de mí todo lo que se te ocurra, mañana ya seré noticia trasnochada.
- Es que si escribo ahora te voy a putear como te puteaba cuando estaba muy enojada con vos por cobarde. Siempre me han enojado tus cobardías y siempre que pienso que al fin te pusiste los pantalones… te superás.
- ¿En serio crees que lo hice por cobarde?
- No, pienso que lo hiciste por huevón, pero eso no importa ya.
- No te voy a dar explicaciones. Ya estuvo. Ahora tú haz algo bueno, habla bien de mí, dí que me quisiste como a nadie, que fui el mejor amante, que te canté canciones cebolleras y que me odiaste cuando te dejé.
- No voy a decir tanta estupidez junta. Diré que fuiste un buen hombre, un gran padre, trabajador, dedicado, las cosas que se dicen siempre: No hay novia fea ni muerto malo.
- Yo no fui malo. Tal vez no fui muy conciente de algunas cosas, pero siempre tuve buenas intenciones.
- De buenas intenciones está sobrepoblado el infierno, Maurito.
- ¡Rayos! ¿Qué tengo qué hacer para que escribás algo bonito de mi?
- Explicarme por ejemplo ¿qué chucha tenías en la cabeza? ¿Por qué no me dijiste nada anteayer cuando te pregunté si tenías el período porque andabas todo hormonal? ¿Por qué no hablaste con la Patty o con tu hermano o con alguien que te sacara de ese puto hoyo negro en el que te encantaba meterte? ¿Por qué no hablaste con el Pablo que ya entiende muchas cosas? ¿Por qué, huevón, por qué?
- Hum
- Entonces no esperés que escriba cosas bonitas de vos. Moriste en tu ley. Tomaste tu la decisión y los demás que nos vayamos a la conchesumare ¿cierto? ¡Es peor que cuando yo cerraba mi elevedé, pendejo! Ahora ¿a quién putas le voy a decir nununkakita? ¿De qué me sirve escribir algo bonito de vos si ya no estarás ahí para sentirte avergonzado? Lo que escriba de vos me tiene que servir a mí, vos al final de cuentas preferiste largarte por tanto te importa un bledo lo que yo escriba.
- Ya poh, no me hagas sentir mal.
- Entonces andate ya de aquí, huevón, a ver si por fin puedo llorar…
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