A la vuelta de la esquina, unos niños dormidos
sobre cajas de cartón, degradan el paisaje.
Guardan el miedo en una lata y la inhalan cada vez que pueden,
Cada vez que vuelven a recordar su historia,
su vida sin infancia, su vida con la muerte.
A la vuelta de la esquina, a ocho columnas nos amenazan,
nos intimidan, nos recuerdan las promesas no cumplidas.
Las mentiras se hacen noticia y la duda nadie la consigna.
El hambre en las calles se convierte y se muestra en cifras
y no queda tinta suficiente para escribir sobre verdades.
A la vuelta de la esquina, el hombre más rico del mundo
levanta un dedo, no la voz, no la conciencia.
Arremete contra todos aquellos improductivos,
sobre los que para él no tienen nombre ni apellido.
Somos la maza a quien se debe "atender", "ayudar"
para salvar los privilegios que puede dar la caridad.
A la vuelta de la esquina cinco cuerpos decapitados
cuentan una historia pretérita, futura, intempórea.
Son la resaca de las clases poderosas que se regodean
que esclavizan, que nos martirizan, nos paralizan.
Son los actuales y auténticos monarcas del universo.
A la vuelta de la esquina, la propaganda política
nos recuerda cada día nuestra complicidad,
nuestra pobreza espiritual, la pérdida de la ruta
y lo inconmensurable de nuestra debilidad.
Somos lo que los de arriba han querido que seamos.
A la vuelta de la esquina los pájaros que inundan
los cielos grises y azules, son los mismos que habitaron mi mente
durante la ausencia, en la vigilia y el ayuno.
Matarlos uno a uno para hacerlos caer
en forma de palabras lacerantes en medio de una junta, no sería suficiente.
Habría de convertirlos en placas de acero,
navajas, cadenas y fusiles.
Armar hasta el respiro y atacar en pleno festejo
por sus mal habidos triunfos.
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