La sangre restalla latigazos,
salpica jinetes y bestias.
Bocas en rictus babean,
se confunden entre cuencas vacías;
carroñeras hambrientas tragan,
picotean junto a lanzazos de moscas,
alabardas y alfanjes sangrantes.
De la tierra,
cabalgaduras y guerreros,
ascienden efluvios infectos.
Ella,
la Muerte,
pasó a trancos firmes. |