II
El rito
Sus pasos a inexplorada ceremonia se enfilan,
la mano de su abuela la guía hacía el río,
los matorrales la envuelven,
es el lugar del ritual desconocido.
Una de la madrugada.
La abuela habla,
no se detiene la corriente de agua,
ilumina luz tenue nocturna,
en silencio el matorral.
Es una niña,
le tapan los ojos,
la desnudan por completo.
En la pizarra un hígado embarrado.
Cuatro mujeres la tumban al fango, la sujetan,
una más le sienta la opresión al pecho,
del sufrimiento irreversible de la niña,
recibe la matrona importancia social.
¿Por qué los matorrales cubren la mutilación de una vida?
Un trozo de tela en la boca,
sacan la navaja que ya trae sangre seca,
corta el clítoris la mano temblorosa de una de ellas,
arrancan de un tajo el encanto sexual,
y el Monte Venus se sacude de sufrimiento,
y el dolor intenso al colapso lleva,
a la hemorragia,
a que se escape el alma en un grito,
al agotamiento cerebral.
Burkina Faso, Ghana, Guinea Conakry,
Costa de Marfil, Níger, Senegal.
Benin, Gambia, Nigeria, Sierra Leona,
Mali, Guinea Bissau, Liberia, Mauritania.
Sur de la península Arábiga, Yemen, Malasia, Indonesia.
Y duele la pelvis,
duele la menstruación,
duele el sexo.
¿Por qué cubren la mutilación de la vida los matorrales?
Y le cosen lo que de pellejo queda,
y le dicen que su cuerpo era sucio,
antiestético,
que tendrá un parto seguro,
que aumentará su fertilidad.
Y le dicen que el dolor a tocar el agua y
a casarse le da derecho.
Y con ceniza pretenden detener la sangre
pero no para,
no para el alarido,
no para el desconsuelo.
Camerún, Yibuti, Egipto, Eritrea.
Somalia, Kenia, Sudán.
República Centroafricana,
Tanzania, Uganda, Chad.
De su entraña no brotará más erotismo,
un trocito de madera mantiene abiertos sus nuevo horizonte:
serán sus orgasmos de angustia, humillación y miedo,
sólo tiene derecho gota a gota la orina,
a sangrar cada mes el sufrimiento,
al desgarro en el parto,
a una hija deforme,
a un absceso.
¿Por qué la mutilación de la vida cubren los matorrales?
La navaja corta y corta,
los dientes se aferran a una rama,
cosidos los labios con espinas de acacia,
amarrada de la cadera a los tobillos,
amarrada a la castidad asexuada.
Y la constriñen otra vez,
un segundo rito se le encima al pecho,
entregan su piel caoba en posesión a un hombre,
y reaparece el terror de aquella noche,
y entrega como dote matrimonial su tormento,
y duele hasta el desmayo el vientre,
y sangra y sangra la vagina en el desierto.
¿Por qué los matorrales cubren la mutilación de una vida?
¿Es un hígado?
¿Es un corazón el que quedó embarrado?
El rito es de sangre.
Mutilación genital femenina.
28 países de África la practican,
150 millones de mujeres la han sufrido.
Cuatro niñas a cada minuto,
dos millones por año.
Hemorragia mortal,
dolor crónico,
trauma como cicatrices,
disfunción sexual,
sufrimiento insoportable en el parto,
desgarros,
fístulas,
sufrimiento fetal.
Escuela, una niña, la vida se mutila, un corazón embarrado.
Y el estudiante de ginecología presume el 10 de su examen en anatomía femenina.
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