Allá afuera la calle tú conoces;
diferente, perfecta y alargada
vas, paseas muy bien acompañada;
tus cabellos ya caen con mil roces.
Prevaleces sobre esas tantas voces,
todas ellas rematan destempladas
en sonoras y frías carcajadas,
predominas así dando esos goces.
Acá surges con tanta ingratitud;
más allá veo al dios, vasto, dorado,
y la luz divinal, lleno en salud.
Aquí yazgo indefenso en este alud,
solo espero tinieblas muy menguado
luego que ellos ya cierren el Talmud. |