El aire surca más allá de los ventanales;
por su semblante, mezcla hastío y ganas,
revolotea feliz la indiferencia,
como gata absorbida en sueños,
cual cortesana de rasgados ojos
cubierta en luengas vestiduras
al divisar la pagoda.
Despedaza esos instantes
y contempla indígenas usurpados,
transnacionales usureras,
indigentes alcohólicos,
drogos esquizoides,
zimbabwinos raquíticos,
meretrices infectas,
políticos embusteros,
jueces,
policías corruptos
y mucho más de la vitrina.
Abrió los cristales
y fue a encontrarse de frente con la displicencia.
La miró a los ojos
y supo que desde aquella noche
ya no se desnudarían.
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