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Inicio / Cuenteros Locales / Noguera / EL SEGADOR

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EL SEGADOR

La zoqueta, especie de guante de madera, está desgastada y pulida por el continuo roce de la mies. La lleva en la zurda y con ella protege los dedos meñique, anular y corazón para impedir posibles cortes. Un dedil de cuero resguarda al índice y, por arriba, el pulgar queda al descubierto, enteramente libre. En la otra mano, en la derecha, también con empuñadura de madera, aprieta una hoz dentada que maneja con destreza. A cada paso corta un manojo de espigas con limpieza. El dorso encorvado, la cerviz agachada y la vista despierta. Vigila con tiento las puntas de las cañas para prevenir lesiones en los ojos. En la cabeza, sujeto al cuello, un sombrero de paja de ancha ala que evita insolaciones y mitiga el fuego del estío. Lleva dos lomos de siega cara adelante y amontona manojos llenos de espigas granadas. Acopia los manojos en el suelo para luego hacer gavillas y, por último, junta estas gavillas y las convierte en haces que anuda con vencejos ayudándose con “el palillo de atar”.

La sazonada mies queda extendida a lo largo de los surcos ya segados y él, porfiado, sigue dando tajos de hoz con su braceo semicircular, tenaz, inapelable.

El segador, apenas sin pararse, restriega un brazo por su rostro y se rasca la picadura de un mosquito.

La jornada es larga y el sol trasversal y plomizo despliega bravura en su fulgor. Sus ardientes rayos duermen a las ovejas del pastor en la colina y las chicharras del rastrojo han dejado de cantar y se guarecen en las grietas de las piedras o debajo de gasones. Las rojizas nubes que se dibujan por poniente presagian más calina y la quemazón del astro rey es sofocante, febril, caliginosa. Un tábano zumbante, sediento de sangre, se para en su mentón y él lo repele de un manotón.

Los brazos del segador, fuertes y fibrosos, están requemados y dolidos. Sus ásperas manos se encuentran agrietadas y arañadas, su laso cuerpo enjuto y largo espera la pequeña tregua del puchero y la lengua y garganta resecas, piden el alivio fresco del botijo. Su frente sudorosa es lluvia que riega la tierra desecada y los pies, cubiertos por los piales de lona y las abarcas, son dos callos endurecidos que soportan estoicos el contacto con el surco.

Está agotado. Al alba estaba segando y quedan muchas horas para que la luna lo lleve a su descanso. Su crecida barba atestigua que son varias las jornadas que no regresa al pueblo por las noches. La besana queda lejos de Albalate y no puede malgastar el tiempo en idas y venidas. Conviene recolectar el grano con presteza para evitar pedriscos o para impedir que un rayo de tormenta queme la cosecha. Por eso, en la choza, al socaire de la linde de la finca, al lado del hato, duerme por las noches.

Al filo del medio día, montada en un mulo, llega con las viandas una de sus hijas. Es la acarreadora, la encargada de trasportar a lomos de las bestias la mies hasta la era. Allí, cuando la siega finalice, después de hacinar el cereal, se extenderán las parvas, se trillará y aventará para separar el grano de la paja.

Pero para la trilla falta tiempo y ahora es momento de reponer fuerzas perdidas. De un lado de la alforja, bien sujeto para que no se derrame el contenido, viene el puchero con el caldo del cocido, los garbanzos, la carne de gallina y la morcilla. Del otro, lleno de agua, un botijo agostero, de cuarto de arroba envuelto en un saco mojado para que conserve la frescura. También viene la bota con el tinto de la tierra y un pan tierno y redondo de más de libra y media. En un talego, un perol con pimientos y costillas de la olla para la cena de la noche y aparte, en un morral, una cacerola con pisto para el almuerzo de mañana.

En el fondo de la alforja, pepinos refrescantes de la huerta y para postre, nueces y peras ceremeñas.

Come deprisa y después una pequeña cabezada, una corta siesta y a la brega nuevamente.

La tarde, igual que la mañana, larga, asfixiante, abrasadora.

De noche cerrada, al albor de las estrellas y con el fulgor de la luna que asoma por un cerro, cena y se dispone a descansar. Dentro de la choza un montón de bálago le sirve de colchón. De almohada, una manta doblada.

La jornada fue dura, pero alegre y fecunda. Tiempo atrás puso entrega en el trabajo de barbecho y sementera; ahora con afán, sin levantar cabeza, es su aliento lo que pone en la recolección del trigo. Un trigo que será harina y que más tarde se convertirá en hogaza para sostén de su familia.

Si bien cansado, se halla satisfecho pues la cosecha es prometedora. No puede más, se quita las abarcas y se deja caer derrengado en la cama improvisada.

Desde un altozano oye el intermitente y monótono canto de un mochuelo que al segador le sirve de solaz. Pronto el sueño le vence y, extenuado, queda dormido.

Esa noche sueña con grandes panes redondos, con ríos de trigo que desbordan las trojes de la cámara, con el pajar repleto de forraje para alimento de la yunta. Sueña con las caricias de su prole que lo espera y con en el hogar solariego de cama mullida y sábanas limpias. Sueña, en fin, con ella, con su ama, con el alma de la casa, con la añorada esposa, con el dulce abrigo de su regazo y cobijo.

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(En homenaje y recuerdo al segador que fue mi padre.)


Texto agregado el 24-06-2009, y leído por 85 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2009-07-16 20:10:53 Que hermoso....por tu padre ahora estas soñando un terrirorio de albas y de bueyes, de frutos madurados por el viento, y curvados sobre aguas transparentes. 5* jugama
2009-06-30 12:55:27 Palabras doradas que son espigas de trigo desgranadas en la mano (alma) del lector y que huelen a ternura y a vigor y que saben a nostalgia, ese dulce recuerdo del pasado con el que (del que) somos amasados. azulada
2009-06-27 01:04:53 que lindo. me encanto tu narracion del trabajo en el campo. esta lleno de detalles y me transportaste completamente.5* carolina52
2009-06-25 23:20:48 tu narracion como siempre despierta la imaginacion,conmueve la retina hasta llevarla al sitio que narras.Es un enorme placer leerte gracias****** shosha
2009-06-25 19:23:56 Me encantó, no sólo por la hermosa narración-descriptiva que usas como recursos para plasmar tu historia, sino por ese sentimiento tan profundo y conmovedor que logras dibujar para honrar a un ser que, obviamente, dejó huellas profundas en ti. Te felicito. Un abrazo. Sofiama
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