ITINERARIO
¡El agua! Siempre el agua, con vocación de océano,
fue su espejo obligado cuando habitó la nube
donde la fusión daba elevación sin peso,
inconsciencia tranquila, abrigo transparente,
inocencia prístina sin conciencia del tiempo,
mundo etéreo inasible sin dolor ni memoria,
candidez y frescura de flor nueva en la rama
de un árbol suspendido, ajeno de raíces.
¡El agua! Siempre el agua, movimiento obligado,
no está quieto el océano espejo y nacimiento.
Entre la niebla tenue, con la visión borrosa,
la búsqueda obstinada de la gota redonda,
con la necesidad de ser una y distinta,
da: arribada sin causa, sin cauce ni camino,
perdido norte y rumbo en el caos hermoso
que se ofrece velándonos la dirección precisa.
¡El agua! Siempre el agua, soledad dolorida
la de la gota única perdida en la espesura,
un hacer sin sentido la mueve y la disloca,
la acaricia o la lanza contra el dolor sombrío
mientras le late dentro sensación de grandeza
de un origen sin nombre, sin lugar definitivo,
reminiscencia oscura pero nunca borrada
que alimenta la búsqueda del cauce que es camino.
¡El agua! Siempre el agua, inmensidad de océano
que licua con fuerza su palabra en la boca
nos penetra y nos funde, frescura transparente
que hace sentir la carne cual nada cristalina,
gotita imperceptible, diamante diminuto
rodando enternecido buscando soledades
que sumándose pierden su ser y su tristeza
hasta ser chorro vivo, capaz de horadar rocas.
¡El agua! Siempre el agua, ya, manantial sonoro,
incierto su futuro, mas segura de un cauce
en humildad serena hermanadas las gotas
cediendo, acomodándose a cualquier peripecia
se hará cascada brava o tímido regato
en esa red del mundo de flujos que hacen ríos.
Lamiendo tenazmente la tierra en besos húmedos
encontrará la hondura que hacia la mar conduce.
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