VI
También apachurró el chemo
Sentado en una nube de algodón,
dejaba que su mente lo elevara más…
un bote de cemento diario iba a comprar,
con lo que al vecindario le atracó,
ya nada le importaba el quería volar,
su padre un día de casa lo corrió…
Sombra D.F.
De los ojos le surgía el hambre a sus tripas secas
la espalda marcada por los vidrios sobre los que todo el día se lanzó.
En el hombro se le pegó un escupitajo
ya había mendigado,
vendió su cuerpo,
no le pagaron,
y todavía no clareaba,
pero ahí estampado como timbre de desprecio el espumarajo traía.
Cinco de la madrugada.
¿Por qué luces de fiesta iluminan el concreto?
Es un niño.
el metro para él traslada sólo humillaciones.
En el lápiz un hígado embarrado.
Rajándose la espalda juntó cuatro monedas,
alcanzó para dos bolillos y un bote de cemento.
¿Por qué iluminan el concreto de fiesta las luces?
Piso humedecido de avenida,
el chemo le hace creer que está seco,
con la mente delirante,
corre tras el dragón que le arrojó fuego en las costillas.
Lanza arañazos a la lengua,
el lagarto imaginario se le viene encima,
usa las manos como escudo,
rechinan las llantas de una lujosa camioneta.
La bandera ondea pegada a la ventanilla.
Eso es el dragón: el objeto de ostentación de un junior,
que ahora le atacó las rodillas, la panza flaca, casi la vida.
Ciudad de México.
Septiembre 16, 1998.
El Tuercas, un chemo.
¿Por qué las luces de fiesta iluminan el concreto?
De la coladera sale una niña,
tan roja la mirada como quedó empapado el concreto.
Recargada en la barda una mujer se pronuncia el escote,
mecánicamente dice el precio…
y le regatean entre los ecos y las luces del discurso patriotero,
enfrente el cuerpo tirado del Tuercas.
Y la niña le da una mordida al bolillo ensangrentado,
y más niños llegan,
y alrededor se arremolinan…
¡Chales, chales, también apachurró el chemo!
¡Culero!
Las piernas del Tuercas no se mueven más.
El cemento no está seco.
Tuercas aspira lo que queda,
en la nariz se pega un pedazo de menisco,
y su imaginación corre tras el dragón que le arroja lumbre,
es el chemo quien alucina movimiento a sus rodillas desechas…
¿Por qué los fuegos de fiesta iluminan?
¿Es un hígado?
¿Es un corazón el que quedó embarrado?
El cemento es de sangre.
Miles de niños en el abandono de la calle,
insultados por la violencia neoliberal,
y les escupe malos tratos,
les hostiga su sonrisa tierna la exclusión social.
Y les “globalizan” desnutrición y trabajo esclavo,
analfabetismo, drogadicción,
explotación sexual.
Escuela, un niño lisiado, discurso patriotero, escote pronunciado, un corazón embarrado.
Y la estudiante de arquitectura prepara su ensayo:
“Las propiedades constructivas del cemento”
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