Mi pecho doblego su timidez
y en mi cielo creció una esquirla
que atravesó mi alma de cristales,
dejando paso al amor y tus cantares.
La noche su manto nos cedió audaz,
y fuimos amanecer y canto en la glorieta,
fuimos olas al viento desplegadas en la brisa
como una flor sin sus pétalos cada caricia.
Fuimos mar, tierra y aire convertidos en sueños,
en fuego y lava desandamos como locos de amor.
Mi pecho aún siente la herida de tus cristales,
mi corazón navega sin timón en tu búsqueda,
mis brazos se arropan en tu sombra lejana,
para no morir apreté mi dolor entre mis carnes.
MARÍA DEL ROSARIO ALESSANDRINI. |