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Inicio / Cuenteros Locales / fabiangs / La voz de la emisora

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Casi al mismo tiempo, las mujeres del pueblo sintonizaban la misma emisora. Era la distracción de las amas de casa, donde sufrían, reían y se distraían con las peripecias y dramas de los personajes. Resultaba un placer comentarlas y explicar por donde iba la historia. La gente escribía a sus ídolos, se enamoraba de su voz y de ese físico imaginado.

Un día, cuando Doña Carlota oía la radio de madera de cedro, mientras su marido le ayudaba a ponerse el corsé, oyó una voz inconfundible. La mujer tenía un don, nunca olvidaba una voz, y poseía un oído de tísico para los acentos regionales. La voz que había escuchado se hacía llamar Matilde, y era la protagonista de la novela llamada: “A mucho amor, mucho perdón”. Carlota reconoció de ipso facto la voz de Irene.

En el pueblo, nunca habían conocido en persona a alguien de la radio. Su marido no lo creyó, pero Carlota estaba segura, así que se apresuró a vestirse y se fue en dirección de la casa de Candida a contarle que había oído la voz de su hija, no sin antes comunicarle esto a todo el que se encontró en el camino. Cuando Candida abrió la puerta encontró mucha gente que la estaba observando. La sorpresa de todos fue grande y la admiración no fue de menos. Algunos querían ver su reacción, otros estaban allí para compartir la noticia, otros para comprobar lo que la mujer decía y otros por curiosidad.

Todos recordaban muy bien a Irene. A los cinco años de edad habló. Al principio muchos creían que era muda, nadie oyó jamás un ruido salir de su boca, ni un susurro, o un intento de vocalizar. Los doctores decían que no tenía ningún órgano dañado que impidiera su sonorización.

Todo ocurrió una tarde, cuando su hermano de 9 años llamado Gerardo, cansado de oír de su madre Candida que no le pusiera la mano a la toma corriente porque se podía electrocutar, convenció a su hermana de que si lo hacía, nada malo le iba a pasar, y que tan solo tenía que cerrar los ojos y de esta forma Gerardo comprobaría su teoría. Sin que la madre se diera cuenta, la pequeña puso un tenedor en la toma corriente donde estaba conectada la radio.

Candida que se encontraba planchando escuchando una novela de aventuras, sintió una fuerte explosión. No había fuego. La radio quedó vuelta fragmentos, el estallido había dejado una mancha negra sobre la pared, los muebles y todo lo que estaba en ese cuarto quedó cubierto con hollín al igual que la madre y los dos hijos resultaron con el rostro sucio y el cabello erizado. La niña como si nunca hubiera estado muda, pegó un grito y a partir de ese momento empezó a hablar con soltura.

Los que le oyeron se sorprendieron, pero nadie tanto como su mamá. El singular sonido de una voz recuperada en su primera palabra: -¡mamáaaa! Que siempre repercutiría en su memoria en los años por venir pronunciado por vehemencia por Irene.

Irene al parecer también quiso recuperar la ausencia de lengua en años de silencio porque después de ese incidente hablaba hasta por los codos. Su voz era hermosa, meliflua, pausada y clara, no correspondía a la imagen que se tenía de ella.

Cada martes a las 2 de la tarde, se transmitía un programa de adivinanzas que Irene no se perdía y lo escuchaba mientras lavaba los platos en el restaurante donde trabajaba con su hermano en la capital. En una ocasión, Irene oyó una adivinanza que nadie había acertado, y sabiendo que su hermano desde muy pequeño había sido un gran experto en acertijos, se lo preguntó: -“¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?”.

Y Gerardo sin demora contestó: -“El día de mañana”. Irene si pensarlo dos veces tomó el teléfono, marcó y contestó el enigma, a lo que fue citada para que se presentara ese mismo día en el edificio radial por su premio, que consistía en el disco de moda.

Irene al ingresar en las oficinas radiales, observó mucha gente inquieta. Mientras esperaba hacer llamada, oyó por el pasillo que la protagonista radial había llamado hablando en un hilo de voz, porque la noche anterior estuvo en una fiesta y quedó disfónica. El gerente del edificio radial que pasó al pie de Irene, se le veía preocupado y desconcertado.

Mas tarde el mismo hombre la llamó. Irene reconoció su voz, era uno de los locutores más emblemáticos del país. Cuando Irene ingresó a la oficina, aquel hombre llamado Agustín, observó a una mujer sencilla, que no tenía belleza, una mujer alta, delgada, de piel pálida y el pelo negro atado en una cola de caballo. Sus ojos eran saltones y castaños.

Recordó que cuando escuchó su voz por teléfono, lo cautivó, era exacta para sus oídos, dulce, suave. Era de un timbre notablemente femenino y de una dulzura poco común. Al hombre se le ocurrió una idea y le propuso a Irene que por un día fuera la voz protagónica cuyo personaje se llamaba Matilde.

El premio se olvidó entregarlo. En la cabina de radio, le pasaron un libreto a Irene para que leyera. Su voz transmitía mucha dulzura, su rostro estaba muy concentrado en lo que estaba leyendo, era un talento innato.

Aunque Irene no era linda, su voz era hermosa, su dicción era perfecta y con ella cautivaba en las tardes a toda la gente de su pueblo. Desde ese día su verdadero nombre sería mencionado todos los días al empezar la radionovela y sus oyentes se transportarían a lugares lejanos y remotos en el tiempo, cuya imaginación se nutriría de imágenes extraordinarias y viajarían sin salir del espacio donde estuviera el pequeño aparato.

Texto agregado el 02-08-2009, y leído por 32 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2009-11-07 01:58:08 maravilloso amigo un gusto enorme como siempre es leerte, es una historia ironica, y bella que te transporta y te hace visualizar un mundo de imagenes. gabosoli
2009-11-02 18:22:00 Ya lo avia leido esta muy bueno!! mis 5* y besos para ti amigo querido NILDA yo_nilda
2009-08-16 22:53:25 hola fabi,como siempre muy buenos tus cunetos,te felicito,gracias a la travesura de gerardo,irene recupero su voz ,que la llevo a locutora,besos,ricky :) ricky65
2009-08-03 01:24:18 Es un hermoso cuento y yo no lo había leído, me encantó porque me hiciste recordar cuando era niña y mi mamá escuchaba todas las novelas de la tarde en su radio. Un beso, gracias por el recuerdo y muchas estrellitas. Magda gmmagdalena
2009-08-03 01:04:44 Creo que este cuento ya lo leí el otro día. Pon a trabajar las neuronas e invéntate otro. salmuera
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