Malos síntomas
- ¿Qué pasa Don Alberto, algún problema?
El hombre que recién había ingresado, cerro la puerta lentamente con exagerado cuidado, saco su bufanda, luego el abrigo, para al fin sentarse. Su cara denotaba cansancio, pero por sobre todas las cosas, preocupación y desconcierto.
- ¿Le pasa algo? – volvió a preguntar su amigo que había percibido algo extraño en él al verlo entrar.
Don Alberto, que actuaba de forma inusual, mantenía una actitud sombría, como desinteresado, miro la hora, apoyo sus manos sobre su cabeza y contesto.
- Me descubrieron unos síntomas – respondió fríamente.
- ¿Algo grave?
Don Alberto miro al cielo y dijo.
- No tienen cura.
La cruda declaración enmudeció por un momento la reunión, poco después, el amigo volvió a interrogar.
- ¿Venís del medico? ¿te dieron mal algunos exámenes?
- No, vengo de tomar un café con el Tito.
El amigo lo miro seriamente, como exigiendo mayores detalles, Alberto continuo.
- Me llamo el Tito, me dijo que quería conversar conmigo, que había algo que me quería decir, que necesitaba hablar de ciertos síntomas que venia advirtiendo en mí, desde hace ya mucho tiempo, prácticamente, desde toda la vida.
Don Alberto hizo una pausa en su relato y luego con un gesto de resignación prosiguió.
- Todo lo que me dijo es verdad, tal vez su diagnostico sea cierto, voy a tener que chequearlo, Dios quiera que no sea así y que el Tito este equivocado.
Otra vez el silencio gano la escena, nuevamente el amigo espero por una aclaración.
- ¿Vos sabias que yo soy adoptado, que me abandonaron o robaron de recién nacido, que nunca supe quienes fueron mis padres?
- Si, - respondió el amigo- algo contaste una vez, nunca fue un tema del que te gusto hablar, pero si, lo sabia.
- Porque “esto” que parece ser que padezco, es algo hereditario, que lo transmiten solo los padres, alcanza conque lo tenga la madre para que te lo contagie, ahora bien, si los dos lo tiene, los síntomas son mucho peores, como en mi caso, por eso voy a tener que rastrearlos para saber si soy portador.
Alberto se acomodo un poco mejor en su asiento, apoyo la espalda contra el respaldo, estiro los pies y se dispuso a especificar esas malditas señales que el Tito poco antes le había advertido.
- Viste que yo soy un cagador hijo de mil puta, lo que se dice comúnmente un tremendo garca, que le debo guita a medio Rosario, que estafe a mis proveedores, a mis amigos, a mis socios, a mis conocidos, entre muchos otros.
El amigo asintió la aseveración de Don Alberto con su cabeza.
- Viste que a mis empleados los trato como esclavos, que les pago una miseria, cuando les pago, porque por lo general los cago y que si por esos milagros de la vida les pago, les pago siempre tarde.
El amigo asintió como anteriormente con su cabeza.
- Viste que soy un tacaño y un vividor de mierda, que no me sacan un mango por nada del mundo y eso que tengo muchísima guita, eso si, para mi todos los lujos, viajes, auto cero km, casa de fin de semana.
El amigo volvió a asentirlo con su cabeza.
- Viste que no soy nacionalista, que no me puse una puta escarapela en toda mi vida, el himno no lo entone jamás, que siempre soñé con irme de aquí, que nunca invertí un centavo en el país, que tengo toda la moneda afuera.
El amigo con su imperturbable gesto de cabeza daba una nueva vez por cierto lo que Don Alberto decía.
- Además, viste que yo soy medio cerrado, que no tengo amigos, algunos conocidos, como vos, como los muchachos.
La cara del amigo, el ahora devenido a conocido, en ese momento se transformo, la dura revelación lo había sorprendido.
- Pero no te enojes conmigo- continuo Don Alberto- es algo incontrolable, que siempre me domino, por eso cuando el Tito me dijo lo que podía ser me desespere, pero por otro lado, como consuelo, por lo menos ahora encuentro una respuesta a ese impulso satánico que me obliga a ser un "ser" miserable, un "ser" ventajero, sucio, cerrado, cagador, lo que se dice, una basura humana.
El conocido que ya no afirmaba, lo miraba fijamente a los ojos, luego con cierta timidez dijo.
- No se olvide Don Alberto de su enorme nariz.
- Verdad, verdad, tenés razón, otro síntoma más, mañana mismo empiezo a averiguar de donde eran mis viejos, mira si es verdad lo que dice el Tito, mira si soy….
Espere, espere Don Alberto – interrumpió el conocido- no lo diga, hasta que no le den el resultado final de la autopsia, no lo diga, hay que tratar de ser positivos.
Don Alberto agradeció con una mueca la propuesta del conocido, poco después, se levanto, tomo su abrigo y comento.
- Bueno, se me hizo tarde, me tengo que ir a cambiar, debo ir a una ceremonia y no puedo ir con esta pinta.
- ¿A una ceremonia Don Alberto? – pregunto el conocido.
Alberto coloco su bufanda en el cuello, la acomodo con un nudo y respondió.
- Si, a buscar un premio Novel que me gane el otro día.
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