Oho chugui iñe’ë”
(micro-relato en 200 palabras)
Empezó la travesía, a su paso encontraba los árboles y las lianas que crecen en ellos. Y quiso ser el viento.
Traía el rostro aun manchado por el carbón de la fábrica y esa tristeza que le recorría las venas desde hacía tiempo. Caminó hacia el monte sudándole lágrimas por los poros, iba a buscar el lugar donde el agua y la planta medicinal no tienen dueño.
Llegó a lo mero alto del monte, hizo cantar la congoera y su sonaja se mezcló con el vuelo de las aves. Miró hacia el cielo y apretó sobre el corazón los huesos de sus ancestros.
Volvió la vista hacia la tierra del estanciero, los bosques que, presumen, hoy tienen dueño… y otra vez la flauta, y la sonaja, y quiso lanzar una lluvia de flechas y piedras para liberar de aquella miseria, esclavitud a su gente.
La tristeza le recorrió el alma, el cerebro; tomó la soga que llevaba en el morral, la lanzó sobre la rama y ató su cuello. “Aña nos despojó de la tierra”, gritó… se suicidó otro guerrero.
Oho chugui iñe’ë”, “se le fue la palabra”, dijo el padre del guaraní mientras bajaba su cuerpo.
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