Conmovida hasta la última fibra
sobre mi piel húmeda, tu boca
susurrándome muy loca y febril,
inquietándome sedienta de placer.
Tiemblo el silencio es un susurro
las manos transportaron caricias
el momento incomparable duro
un eterna gota insaciable de roció.
Juntos bebimos de la luz infinita,
dejamos danzar sobre el lecho
toda la pasión contenida en un abrazo
dibujando un eclipse de fuego y agua.
Cuando la brisa desandando caminos
paralizo su grito en el silencio estremecido,
confirmo que la vida, ascendió junto a los dos,
por muy breves e intensos segundos de latidos.
MARÍA DEL ROSARIO ALESSANDRINI. |