Ahógame en el pájaro del donde, como cuando me mataste por tu espina dorsal.
Ahora tengo para tí gotas de bienvenida encerradas en un cuarto igual al de tu espesa alma que no puede colar por mi eternidad.
Ven si tienes que creer en algo, cree en mí, que solo yo te puedo decir que no te hunté la muerte en los pies el día de tu nacimiento.
Con gusanos que rajan mi vientre desnudo y palomas de papel que incrustan sus fetos dentro de mi inmobil existencia, me doy cuenta que la nada es parte de los sueños que rodean tu pálida perfección y tu dominante equivocación. |