Si el hombre hiciera siempre el bién,
no habría odios,
florecería el amor como una rosa.
De pronto, una mano nos socorre,
nos dá alivio y consuelo,
y nos saca del abismo.
Entonces no estamos solos,
porque una sombra nos cubre
con su divina presencia:
¡ES DIOS QUE CAMINA A NUESTRO LADO¡.
|