Se rompe el silencio con tu voz;
oscuro sonido de antiguos reproches,
oculto pasado de tétrico encuentro,
volando muy bajo, copiando a los cuervos.
Déjame abrazar tu gélido cuerpo,
pasarte una dosis de mi veneno,
robarte el hastío de tus recuerdos,
hacerte mujer entre los tormentos.
Déjame llevarte a mis dominios
donde a locura abraza a los niños,
donde las doncellas caminan desnudas
levantando al polvo sus pechos de musas.
Déjame ser tu guardían eterno;
destruiermos castillos hechos de miedo,
ondearemos banderas en todos los cielos,
y te diré "te amo" sin máscara o velo.
Carlos Dragonné. 13.Marzo.2001 |