Una vez en China había un nene que vivía con su mamá. Como estaban solos, la vida no les era nada fácil. Todos los días se iban antes del amanecer a juntar leña en el bosque. Luego el niño la llevaba al mercado para venderla y poder comprar: arroz, huevos y aceite, con los que su madre preparaba el almuerzo.
Un día, cuando estaba en el mercado, encontró un pequeño monedero. Como no sabía que hacer, corrió a su casa para mostrárselo a su mamá. Juntos lo abrieron y contaron 15 monedas de oro.
_El que lo perdió debe estar preocupado, quizás hoy no pueda comprar su comida. Volvé al mismo lugar y fijate si hay alguien que lo este buscando.
Al regresar, vio a un comerciante con el ceño fruncido mirando para todos los lados.
_ ¿Señor, ha perdido usted algo?
_Se me perdió un monedero. Se me cayó en alguna parte.
_ ¿Es este el monedero?
_ ¡Sí!
Y arrebatándoselo de la mano comenzó a contar las monedas que había dentro.
_1, 2, 3,… ¡15! ¡Sólo hay 15! Tenía 30 monedas en el monedero. Faltan 15. ¡Me robaste 15 monedas!
_Había solamente 15 monedas en el monedero.
La gente comenzó a arremolinarse alrededor para ver que pasaba. Como el hombre seguía gritando, decidieron consultar al juez y se encaminaron hasta allí, en una larga hilera.
_ ¿Cuántas monedas había en el monedero?
- Quince, señor.
_ ¿Y contaste vos solo las monedas?
_ No, señor, las conté con mi mamá.
El juez mandó a llamar a la madre y le preguntó lo mismo.
Ella contestó que había quince monedas en el monedero y le contó que había mandado a su hijo para que las devolviera.
El juez miró largamente a la mujer, luego miró largamente a su hijo y luego le preguntó al comerciante:
_ ¿Cuánto dinero has perdido?
_ Perdí 30 monedas de oro. Este chico me ha robado 15 monedas. Exijo que me las devuelva inmediatamente.
El juez miró largamente al comerciante también y consideró qué sería lo más justo. Después de un rato sonrió y declaró:
_Como insistís en que perdiste un monedero con 30 monedas de oro, este monedero no puede ser el tuyo, por lo tanto no lo podrás reclamar.
Mirando al chico, dijo:
_Como vos fuiste el que encontraste el monedero y nadie lo reclamó, podes quedarte con el dinero para comprar lo que necesiten. Caso cerrado.
Todos, excepto el comerciante, se sintieron satisfechos, y creyeron que había sido la mejor decisión.
Recreación de María Mercedes Córdoba de cuento popular chino.
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