Mariona pasea con sus dos hijos por el parque de la Sagrada Familia. Hay turistas por todas partes, pero es lo que le queda más cerca de casa. Los niños juegan con un balón de cuero. Está empezando a desesperarse porque primero se les ha escapado la pelota a la carretera, luego se la ha robado un inglés borracho y patético y por último han golpeado en la pierna a un señor que disfrutaba del sol sentado en un banco.
Caritat pasea a su perro todos los días por el parque de la Sagrada Familia. Dan una vuelta tranquila que finaliza en el pipican, cuando en realidad Chiqui ya ha orinado y defecado en casi todos los rincones del parque. A Caritat le gusta ver a los turistas vestidos como si estuvieran en la playa. Hay niños correteando por todas partes. Caritat decide entrar en el terreno protegido por vallas del pipican, cuando ve cómo unos niños dan un balonazo a un señor.
John no se ha acostado aún. No recuerda mucho del día anterior, sólo que empezó a cenar muy tarde, que luego le llevaron a un bar y que a las tres alguien le dijo: “Tío, ahora empieza la fiesta”. Y hoy había tenido que acompañar a su novia Kate a ver un edificio famoso. Había decidido esperarla fuera. Ha jugado al balón con unos chiquillos y después se ha sentado un rato al lado de un señor con gorra y gafas de sol que no sabía hablar inglés. Ha dormido hasta que Kate ha venido a buscarle.
A Ramirez siempre le había gustado el parque de la Sagrada Familia, pero hoy él día no le está siendo muy favorable. Unos niños le han dado un balonazo, un perro se ha cagado delante de él y la dueña no ha recogido la caca, un inglés borracho que apestaba a alcohol y a vómito se le ha dormido en el hombro. Además, el sol le da de pleno en la cara, pero eso no debería importunarle porque lleva gorra y gafas oscuras. Lo demás tampoco, porque hace seis horas que su socio le ha envenenado y le ha dejado allí, ya cadáver. |