EL PARAGUAS DE LA ABUELA
CAPITULO II
La segunda vez que la vi traia puesto un vestido estilo sastre que fue de mi abuela y que la muy ladina seguramente lo tomo -prestado- del armario desde donde saque el sombrero, perteneciente tambien a mi abuela, y que le obsequie la ultima vez que nos vimos. Imagino que tomo prestado el vestido con la idea de no permitirme que vuelva a entretenerla, traia puesto tambien el seniorial sombrero y los guantes de cuero, que yo se los habiÂa dado en aquella ocasion junto con el paraguas floreado, que por cierto, mi abuelo lo habiÂa traiÂdo de la China como un regalo especial para mi abuela en un aniversario. HabiÂan pasado 5 anios desde que nos vimos la ultima vez
La maniana habia pasado rapido y la tarde vino trayendo una neblina densa que cubria el sendero. Comenzaba a caer el paramo tan temido en los montes, haciÂa friÂo y el viento arreciaba. Regresaba apresuradamente para evitar perderme en alguna parte del sendero y que la lluvia me congele.
Siempre me habian atraiÂdo las montanias y los paisajes que desde ahi se podiÂan observar. Con frecuencia ascendiÂa a un otero no muy lejano de la casa que habiÂa sido de mi abuela y que me dejo en heredad. Mas de una vez, siendo ninio, habiÂa regresado de mis excursiones con raspones y remelladuras causadas por los subitos deslizamientos cuando, al no alcanzar a sujetarme de alguna rama o alguna saliente, perdiÂa pie y rodaba monte abajo. En aquel tiempo mi abuela siempre me deciÂa: -Un diÂa vas a encontrar la muerte por esas lomas-. Al parecer la muerte oyo las palabras de la abuela y tomandolas como premonitorias ahora estaba alli, en la gran montania que habiÂa escalado esa maniana, parada junto a una piedra del sendero. No le permiti ver que su presencia me inquietaba, que mi sangre corriÂa desbocada por mis venas y mi corazon queriÂa salir a traves de mi pecho.
Haciendo acopio de valor le dije: Hola, -como estas?. -Que haces por estos andurriales?
-Como pude sonrei.
Me miro ironicamente y me dijo con sorna:
-Ja ja, hasta aca se pueden escuchar los latidos de tu corazon. Deja de fingir. Recuerda que -mas sabe el diablo por viejo que por diablo- y yo soy mas vieja que el Diablo.
Sus palabras, lejos de intimidarme me tranquilizaron y ahora si puede esbozar una sonrisa sincera.
En tono familiar le dije:
-Ya, en serio, -que haces por aqui- No me vayas a decir que me buscas.
-Dame otra razon por la que estaria esperandote, -me dijo.
Yo no estaba dispuesto, en absoluto, a entregarme sin luchar. Mi mente buscaba desesperadamente un tema con el cual comenzar una conversacion
-Le dije:
-No es justo, tu sabes mi nombre, mis costumbres, conoces a mi familia; yo no se nada de ti, podrias empezar por decirme tu nombre.
Me miro sospechosamente, y dandome la espalda se alejo hasta el borde de un farallon donde empezaba el punto llamado -el paso de la muerte-.
Se volteo, me miro fijamente y me respondio:
-Crees que alguien querriÂa darme un nombre? Si fueras tu -Cual me dariÂas-
-No se trata de que yo te bautice, solo te pregunte tu nombre, dime, -como te llamas?
-He vivido por tan largo tiempo, - me dijo con ironiÂa-, que ya he olvidado hasta mi nombre, nadie me llama por el, y cuando alguien me invoca jamas me da un nombre, solo dicen -La Muerte-.
Mmm, deberiÂamos darte un nombre. -Quieres elegir uno?.
-Para que?. -Pregunto.
- No se, para darte identidad, -repuse.
Su risa sonaba lejana, con eco. Aproveche para preguntarle cuando nacio, si tuvo padres y quienes fueron, de que manera comenzo este oficio.
Nos sentamos en un altozano, de frente al valle que entre las primeras luces de la noche se divisaba a la distancia, se acerco, se sento junto a mi, teniÂa aroma a flores de eucalipto.
Su voz teniÂa el dejo profundo del recuerdo y la anioranza cuando dijo:
-Hace muchos, muchiÂsimos anos, en otra galaxia donde no existiÂa el final de la vida que aqui llaman muerte, todo era perfecto; disfrutabamos por igual de lo que la naturaleza nos brindaba, habia la misma cantidad de hombres como de mujeres, eramos parejas y viviamos en armoniÂa; se alcanzaban edades de milenios conservando la fuerza y la salud. Cuando alguien estaba cansado de vivir los sabios lo ponian en la camara de novo-genesis pues teniamos un alto grado de tecnologiÂa y desarrollo cientiÂfico, de esa manera se revertia el proceso de envejecimiento y se regresaba a la infancia y comenzaba el ciclo nuevamente.
En una de aquellas reversiones decidieron hacer un experimento conmigo, -ya era una destacada cientifica- se decidio aplicarme una regresion mediana y dotarme de mas poderes de los que normalmente tenia, y mas conocimientos. Lo hicieron en tal grado de perfeccion que ademas de hacerme mas bella que cualquier ser de la epoca teniÂa grandes conocimientos. Fue seleccionado para acompaniarme en este experimento un cientifico de la misma mision. Juntos fuimos dotados de poderes especiales. Tambien, y por conservar el sistema de emparejamiento habitual, nuestros companieros de vida fueron sometidos al mismo tratamiento, pero ellos no fueron dotados de poderes especiales. Conforme el tiempo pasaba, yo me sentiÂa mas atraida hacia Wyexu, mi colega de mision. Empece a maquinar la forma de librarme de su companiera. Hasta entonces no se conocia la muerte en la forma en que ahora se la conoce, como la desaparicion del ser. Frague el crimen perfecto, la mate y sus restos los disemine en torno al universo. Era la primera vez que algo asi sucedia. Me descubrieron y me condenaron a vagar por el espacio sin tiempo hasta que cada uno de los pedazos de Arzwam sea recogido y recompuesto a su forma original y ella sea devuelta a la vida. Desde entonces vago entre dimensiones recolectando los pedazos que un diÂa disemine.
Cuan cerca estas de conseguirlo? -pregunte.
Solo piensa que por la boca de un molino gigantesco pasas tu cuerpo y por el final obtienes hilos, piensa entonces cuanto he podido recoger, -me dijo.
Hay algo en lo que yo pueda ayudarte? -pregunte.
Me miro fijamente y haciendo un movimiento rapido con sus manos aleteo delante de mis ojos, al instante estuve flotando entre masas estelares.
Desde aqui, como podriÂa ayudarte? -pregunte desesperado-. Si me dices donde buscar te ayudare, -ofreci.
Baja al fondo de los oceanos, sumergete en las bocas de los montes, holla las nieves y escudrinia dentro de su helado resplandor; viaja entre galaxias, recoge polvo interestelar, cierne el gas de las nebulosas y las colas de los cometas.
Aun a sabiendas de que esto seria imposible, le prometi que lo hariÂa.
Mas por tener alguien con quien compartir su penoso secreto que por confiar en mi palabra, me volvio al monte donde al principio nos encontramos.
Comenzaba a amanecer, nuevamente habiÂa quedado atras el diÂa fijado para la segunda cita que tuve con esta dama de la cual ahora sabia algo mas.
Avefenixazul
22/07/09
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