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Inicio / Cuenteros Locales / albertoccarles / Con el piano de Granados

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Los símbolos de la pureza...son a veces más afrodisíacos que las fotografías o que los cuentos pornográficos...(El Pecado Mortal, de Las Invitadas, Silvina Ocampo)



Aunque Gabriel siempre imaginó lejano y por qué no utópico encontrarse en esa concreta situación, tenía cumplidos los catorce años cuando un día nublado y ventoso de otoño ingresó en ese edificio de departamentos del barrio de Once.

Cuarto piso, departamento D, de Delia. Ninguna señal en la puerta. Un timbre de suave tono musical se ocupó de anunciarlo.

Al rato, algo misteriosamente, la puerta se abrió. Gabriel empujó, y del otro lado le llegó una voz, invitando a entrar.

La sala de estar era pequeña. Dos sillones y una mesa con una lámpara encendida. En las paredes, cuadros de colores apagados con variadas escenas de amor. Gabriel se detuvo en ellos, quizá para aguardar, aún no sabía bien qué, manteniéndose ocupado.

-Disculpa la demora, cielo- lo recibió una dama, vestida de entre casa. Lo tomó de un brazo y lo besó con intensidad cerca de la comisura de los labios.

Gabriel musito un saludo, y sujetó el vaso ofrecido con una bebida fresca, dulce, de sabor frutal.

-Ponte cómodo, pequeño-. Ella se introdujo en el cuarto y encendió una lámpara. Arreglaba el lecho con la puerta entreabierta. Desde allí preguntó:

-¿Estás todavía allí, amor? ¡Háblame! Dime algo sobre ti-. Y cuando Gabriel se volvía, con la mente en blanco, hurgando en su memoria el par de frases necesarias, reapareció.

Un desabillé rosado, casi transparente, permitía vislumbrar las dos piezas de su ropa interior. A Gabriel le tembló la mano con el vaso. Bebió y lo dejó sobre la mesa.

Ella se sentó en el otro sillón, y se puso cómoda, cruzando las piernas. Encendió un cigarrillo. Gabriel sintió que el humo azul creaba la necesaria condición de intimidad.

-¿Fumas, bebé?- ofreció ella. Gabriel prefirió no hacerlo aún. Rechazó con la cabeza y volvió al refresco.

-¿Es tu primera vez, cielo?- inquirió ella sin dejo de ironía.

-No, señora- susurró Gabriel. Carraspeó y elevó la voz:- a decir verdad, no es la primera vez, aunque lo parezca- y sonrió con cierto esfuerzo.

-¿Y cuándo fue tu primera vez, hermoso?- Ella fumaba y mantenía el cigarrillo en alto, como buscando no interferir la visión.

-Ahhh, pues, es medio complicado de explicar, ¿sabe?- Gabriel buscaba una vía de escape.

-Trata de hacerlo, soy toda tuya hoy...Estoy aquí para escucharte. Luego haremos otra cosa, ¿si?

Gabriel sintió frío en la espalda, y una sensación de vacío en el estómago. Se asemejaba al vértigo que se siente parado sobre una cornisa a diez pisos de altura. Bebió otro sorbo con grandes tragos.

-Pues la primera vez fue hace unos meses, pero no fue con una mujer...-Gabriel se escuchó hablando, y sintió que su voz salía de un sitio ajeno a su boca. La cerró por las dudas la voz quisiera avanzar sola desde allí.

-¿Con un hombre, vida?- El tono bajo y delicado de ella no marcaba diferencias por el hecho en sí.

-No-. La rápida y seca respuesta de Gabriel no dejó de sorprenderla y abrió mucho los ojos. Una enorme bocanada de humo flotó hacia la lámpara. Se incorporó y ofreció:

-¿Te gusta la música? ¿Ponemos algo?

-Sí, sí...lo que quiera...- Gabriel se inclinó hacia adelante, estrujándose las manos, sudorosas, heladas. Las secó en los pliegues del pantalón. Un piano con la danza andaluza de Granados inundó de clima jovial el ambiente. Ella se acercó a Gabriel, se agachó y le tomó las manos.

-Están muy frías, amor. Déjame que las entibie-, y las restregaba entre las suyas. Al rato se detuvo, lo miró, y preguntó:

-¿Y con quién fue, entonces, si puede saberse?

Gabriel retiró las manos, y se echó para atrás. Espantado, la miraba buscando distancia. Evaluaba si continuar o no. Finalmente:

-Fue en el campo, con una oveja...- y otra vez se escuchó hablar con viso de remotas lejanías.

Ella lo miró, y volvió a tomarle las manos. Se las llevó al cuello, a las mejillas, a la boca. Gabriel sintió un calor dulce en la cara, que le bajaba por el pecho y se abría hacia abajo, extendiéndose luego por las piernas.

-¿No le importa?- Gabriel parecía sorprendido con la reacción de ella, que movía la cabeza negativamente, con dos dedos de él dentro de su boca. Al rato los devolvió y preguntó:

-¿Y te gustó? Digo, ¿fue lindo?

-Fue.....-Gabriel rastreó en la memoria, que no parecía en ese momento muy generosa-. Fue algo curioso. Me di cuenta de lo que pasaba cuando ya había ocurrido todo...

-Ahhhh-, ella lo miró, extrañada. Luego:- ¿Estabas solo?

-Sí...los dos peones que la habían enlazado y volteado, se alejaban al paso hacia sus casas, conversando entre ellos. Luego de ofrecérmela, se fueron...

-¡Mira tú, qué delicados...!- y ella se largó a reír a carcajadas. Se sacudía al son de la danza valenciana. Luego recostó la cabeza sobre las piernas de Gabriel, que comenzó a acariciarle el pelo sedoso y renegrido.

Con la danza árabe, ella volvió el rostro hacia arriba y contempló a Gabriel con evidente placer. Acto seguido se incorporó lentamente. Tomó su mano, y lo atrajo hacia sí.

Gabriel se puso de pie, obedeciendo la invitación ineludible, aunque sus piernas parecían negarse a sostenerlo.

-Ven- susurró ella. Giró, para sujetar la mano de Gabriel desde el otro costado, y el brazo de él cruzó blando y tibio por detrás de su cintura.

Ella lo miró intensamente, contándole en ese segundo todo lo que harían en los treinta minutos siguientes. Con la misma actitud con que tendiera la cama un rato antes extendió en la boca una amplia y sugestiva sonrisa, y traspusieron juntos la puerta el cuarto.

El piano, tocado por el mismo Enrique Granados, iniciaba las “Goyescas”...

Texto agregado el 10-06-2004, y leído por 439 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2004-06-18 23:08:05 Un texto que se adivina, se sabe lo que hay de historia, lo realmente entretenido es la historia del muchacho, un microcuento muy bien llevado en ese entorno que ha creado el autor para mostrarnos la historia de cientos de hombres que viven una situación similar, todo tan natural, todo tan simple, tan sugerente sin erotismo de por medio, sólo una historia, sólo un tiempo, sólo la vida...Estrellas pa'iluminar la vida y los momentos. FaTaMoRgAnA
2004-06-11 01:45:33 Bien narrado con excelente ritmo nos presentas, con ternura, una situación y dos seres humanos, y una pluma que también lo es y mucho, la tuya!. Es música también este cuento. maravillas
 
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