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Inicio / Cuenteros Locales / olavera / Te quiero mi amor

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Aquel era un día especial, a mis diecinueve años ya me sentía todo un hombre e iba cumplimentar un tramite que para mí significaba el broche a mi responsabilidad.

Por primera vez iba a entrar en casa de mi novia, me presentaría a su madre, a sus hermanos y comeríamos todos juntos.

Pasados los años, uno contempla con benevolencia el discurrir de los acontecimientos, pero en aquel momento un solo pensamiento ocupaba mi mente, demostrar a mi futura familia las bondades del futuro marido de su hija y hermana; no puedo decir que estuviera nervioso no, quizá tan solo un poco tenso por la extrema concentración que mi responsabilidad me exigía.

La presentación se superó con éxito, Doña Luisa resultó ser una encantadora dama forjada por la vida y su prematura viudedad, tenia un carácter firme y decidido pero acompañado de una exquisita amabilidad; en cuanto a los dos hermanos de mi novia, solo decir que eran fiel reflejo de la educación y buen talante que parecía reinar en aquella familia.

Fue una comida distendida, que contribuyo a ir relajando la tensión que mi mente almacenaba, poco a poco me fui sintiendo como en mi casa, en realidad bastante mejor, estaba allí con ella, con la persona que más quería, en su casa, con su familia, en su mundo, y allí estaba yo.

Terminados los postres, Jacinto, el hermano mayor, sugirió la proyección de unas diapositivas de su reciente viaje al Camino de Santiago, la idea fue unánimemente aceptada y procedió a la instalación del proyector y la pantalla.

Todo quedó instalado, Jacinto al lado del proyector, Doña Luisa, mi novia y Pedrito sentados en un sofá, y yo de pie al lado del interruptor de la pared; Cuando Jacinto ordenó, apagué la luz, comenzó la proyección, y me acerqué al sofá sentándome en uno de los reposabrazos.

Las fotos pasaban poco a poco y yo me sentía dichoso, estaba allí con ella; con dulzura le cogí la mano y seguí observando embelesado las coquetas Iglesias románicas visitadas por Jacinto.

Soy consciente de mis limitaciones, es difícil expresar con palabras la magia de un momento, así que solo añadiré que fuí feliz.

- Felipe - la voz de Doña Luisa sonó firme en la sala.
- ¿Sí? - Respondí con cautela.
- ¿Tu quieres a mi hija, verdad?.
El estomago me dio un vuelco, no esperaba semejante pregunta y un silencio espeso reinó en la habitación.
- Sí, creo que sí. - Acerté a decir no sin un gran esfuerzo.
- ¡Pues haz el favor de cogerle la mano a ella!, porque me tienes la mano machacada hijo - me dijo mientras para sorpresa mía, se soltaba con firmeza de mi mano sudorosa.

Texto agregado el 02-11-2009, y leído por 96 visitantes. (0 votos)


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