La noche cae sobre mí, implacable, pesada, espesa, como la soledad que me acompaña; dama oscura y dominante, que con su mortal abrazo me ahoga y me deja ciego. Así es, la noche se parece tanto a ti...
Mujer hermosa de mirada penetrante y sonrisa engañosa. La mujer más bella de la Tierra. Manos gráciles que se deslizan sobre mi ropa, sobre mi piel, sobre mi alma. Con tu cuerpo de serpiente envuelves hasta el aire, y me matas con tu dulce ponzoña. Ladrona de vidas.
Sin embargo, cada lágrima es un diamante que te obsequio; cada llanto es una canción que te dedico; cada herida de mi alma es una caricia en la tuya. Y mi ardiente dolor no es más que el testimonio de mi amor demente, porque aunque no te pueda tocar, en mi memoria te mantengo viva, y así me entrego a tu etéreo abrazo mientras me dejo envolver por la penumbra de mi mente. Ya falta poco, en mi mano sostengo el vehículo que me llevará a tí. Tu imagen en medio de la negrura me dará la fuerza que necesito para tirar del gatillo. Estoy convencido, algún día me reuniré contigo. Porque lo único que puede compararse con mi infame amor es el ardor del infierno. |