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Inicio / Cuenteros Locales / flop / El gatito de madera

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Pasó el año volando y ya la casona estaba completamente llena de vida. Se había convertido en un hogar colorido, cálido, alegre y acogedor. Los primos seguían viniendo todos los fines de semana largos y durante las vacaciones armaban campamentos en el jardín. Además se fueron sumando las visitas de nuevos amigos que se acercaban en busca de un refugio tranquilo.

Totó estaba enorme ya tenía el tamaño de un perro adulto. Aunque seguía siendo inquieto y juguetón, apenas alguien se descuidaba recibía un tremendo lengüetazo en el cuello.

El día que Marcos cumplió ocho años le prepararon una gran fiesta. Por la tarde vinieron los compañeros de la escuela y los chicos del vecindario. Jugaron a todo lo que se les ocurrió. Y terminaron trepándose a los árboles disputándose su conquista. Marcos era muy ágil así que pudo llegar hasta la punta más alta y se hizo poseedor de casi todos los árboles de la quinta.

Sus papás le habían preparado una gran torta y una mesa con helados, chocolates y masitas. La verdad es que los chicos la pasaron genial. Cuando se fueron, llegaron los tíos, primos, la abuela Angélica y otros amigos de los papás.

Marcos recibió un montón de regalos estupendos. De los papás una mesa de pimpón, de la abuela Angélica una pelota de fútbol, de los amigos: remeras, un pijama, malla, libros, acuarelas y juguetes. Pero lo más impactante fue otra vez el tío Bruno con sus regalos vivos. Esta vez se apareció con un gatito “bengal” que parecía pintado con las rayas que le iban desde la frente hasta la cola. Precioso. A Marcos no le alcanzaban las dos manos para acariciarlo, era una ternurita...

Como el dormitorio de Totó estaba en el galpón hubo que hacerle el del gatito en el lavadero. Había unos estantes de alambre para poner las papas y las cebollas, así que en el primer estante le colocaron un chaleco en desuso de Manuel y le hicieron una linda cuna. Parece que le gustó porque enseguida se durmió. Por ser tan dúctil, Marcos decidió llamarlo Tilo.

Siguió la fiesta con un asado criollo y Totó enloquecido corriendo detrás de los chicos y ladrando. De vez en cuando Manuel intentaba en vano hacerlo callar. Cuando ya estaban por el café, Marcos fue a ver a Tilo. Y no lo encontró. Después que se fijó por todos los rincones sin ningún resultado, se lo comentó a sus papás que le aconsejaron que no se preocupara que seguro volvería al día siguiente.

Marcos se durmió agotado. Pero a la mañana siguiente se levantó temprano y después de dar una vuelta por la casa decidió buscar a Tilo del otro lado del espejo. Y así se fue como estaba, todo despeinado y con su pijama nuevo.

Lenki y Sarita al escucharlo caminar corrieron a su encuentro. Ya estaban levantadas acababan de desayunar y venían peinadas con trenzas. En las manos traían galletitas bañadas en chocolate que le convidaron contentas.

No terminó Marcos de contarles lo del gato, cuando lo oyeron maullando bajito por la ventana. Sin pensarlo dos veces Marcos saltó ágilmente hacia al jardín y las chicas detrás. No fue más que llamarlo y dos orejas se asomaron desde lo alto del árbol. Marcos trepó hasta él pero cuando lo quería agarrar el gatito se escondía en un hueco y no había forma de sacarlo.

Con el griterío apareció el papá de Lenki y se quedó mirando extrañadísimo a Marcos con su pijama de colores. Pero igualmente le ofreció ayuda. Lenki enseguida le explicó que era su amigo. Y aunque al padre no le pareció que fuera ningún vecino tampoco podía asegurar no haberlo visto antes. Con una gran escalera le resultó fácil cazar al gato.

Marcos le agradeció y le contó que se lo había regalado su tío y que se había escapado por los techos (para no decir por el espejo).

El padre de Lenki se rió de buena gana.

-¿Desde cuando los gatos tienen dueños? No sabes cuánto me hacés acordar a cuando yo era chico. Una vez encontré un cachorrito de gato perdido y me lo traje al galpón. Le llevaba leche y pedacitos de carne. No se fue más, se puso grande y me seguía a todas partes. Lo llamaba “Negro”, ya que era todo negro menos la punta de la cola que era blanca...

-Pibe, esperame un momento que tengo algo que puede gustarte.

Entró y salió del galpón con un pequeño gato de madera precioso, con los ojos y algunas rayas pintadas en tinta china.
Se lo mostró y se lo colocó en el bolsillo.

-Es para vos. Lo estaba terminando de pintar cuando escuche a tu gato maullar... y por un segundo creí que cobraba vida. Y se echó a reír hasta más no poder. A Marcos no solo le pareció maravilloso, sino que comprendió por fin lo que quería hacer él en la mesa de carpintero.

Marcos saltó por la ventana con mucho cuidado abrazando fuertemente a Tilo para que no se le escapara con el susto. Lenki y Sarita acariciaron al gato a modo de despedida. Y Marcos atravesó el espejo.

-¡Mamá, papá, Tilo regresó!- gritó.

Tilo que seguía medio perdido comenzó a subir y a bajar la escalera que conducía a los dormitorios, hasta que encontró una caja de madera donde estaban estacionados los autos de juguetes, y se acurrucó dentro buscando protección. Mamá contenta con el regreso de Tilo, abrazó a Marcos, papá abrazó a mamá y los tres quedaron apretados uno junto al otro un buen rato.

-¿Dónde lo encontraste?- preguntó papá.

-Estaba muy alto en el árbol que da a la ventana del cuarto del espejo- dijo Marcos.

-Es probable que haya caído en algún hueco o agujero entre el techo y el entretecho y le costó mucho trabajo encontrar alguna salida.

-Pero... ¿Cómo lograste bajarlo? ¿Por qué no nos avisaste?- preguntó Manuel.

-Bueno... es que Lenki llamó a su papá primero y él trajo una escalera alta y lo bajó. ¡Y má!- agregó Marcos radiante de alegría abriendo la mano que sacaba del bolsillo: -¡Es fantástico! Nunca había tenido nada igual.

-Yo si...- balbuceó pensativamente la mamá.

Papá y mamá se miraron largamente y después se echaron a reír.

Los dos estaban empezando a creer que en algún lugar de la casona, el pasado, el presente, la fantasía, los deseos, los juegos de niños y la realidad se amalgamaban produciendo un espacio propio, diferente, extraordinariamente hermoso... casi, casi... como un pedazo de Cielo.



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Tercer cuento de la trilogía "El espejo de las abuelas"
5º mención en género narrativa en el XVIII Certamen Nacional de poesía y Narrativa Breve, Editorial De los cuatro Vientos
Editado en el libro:
“Letras argentinas de hoy 2009”


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Texto agregado el 05-11-2009, y leído por 96 visitantes. (27 votos)


Lectores Opinan
2009-11-20 23:19:36 hola flop, pase a decirte que estan muy bellos tus cuentos, me facino mucho haberlos leido ... y sigue esrciendo que lo haces muy bien. tambien psae para despedirme chaoo cuidate mucho y aprendi mucho en la pagina . no me gustaron algunas cosas, pero otras estan muy bien extructuradas. pues me despido chaooo !!!:) DONT-STOP
2009-11-19 22:44:28 Me encantan los gatos, me alegro que todo haya terminado bien, en todas las dimensiones y en todos los espejos... gui
2009-11-18 17:31:47 Una verdadera preciosura. louyann
2009-11-16 16:50:23 lo he leido varias veces y me sigue asombrando la magia de la casa y la ternura del cuento sendero
2009-11-16 10:36:32 disfrute de tu cuento. muy llevadero. te felicito fabiandemaza< /a>
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