E) “Dante y los visionarios anglosajones”
Canto X del Paraíso, donde el sol aparece rodeado de una ardiente corona formada por doce espíritus. El séptimo corresponde a Beda el Venerable, diácono del monasterio de Jarrow y autor de la “Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum”, que es una historia de Inglaterra del siglo VIII que trasciende el ámbito eclesiástico.
Para Borges es muy probable que el Dante no haya leído esta obra de Beda y, sin embargo, en ésta aparece la historia de Fursa, un asceta irlandés que durante una enfermedad fue secuestrado, en espíritu, por los ángeles y ascendió al cielo. Las visiones que contempló prefiguran algunas visiones de la obra del Dante.
El hecho que el Dante conociera o no las visiones descritas por Beda, es para Borges de menor importancia que el hecho de haber sido incluidas en una obra histórica y ser consideradas, de este modo, dignas de memoria.
Cómo no sentir un estremecimiento en nuestro modo de concebir y pensar la literatura cuando Borges dice que la Comedia no es un aislado capricho de un solo individuo, sino que es la obra de muchos hombres, de muchas generaciones. Creí entender que el espíritu humano, el espiritu de la humanidad, en un momento dado, se expresa en un grande artista. En este caso el Dante se hace intérprete de todos los espíritus humanos a través de una obra cumbre, que es de todos y, sin embargo, no podría nacer, no podría existir sin la singular realidad del genio literario.
F) “Purgatorio, I, 13”
Hermoso análisis de la palabra metáfora, que en griego significaría ‘traslación’. En el verso 60 del Canto I del Infierno: ”mi ripigueva là dove’l sol tace”. Encontramos en: “donde el sol calla”, un verbo auditivo expresando una imagen visiva.
Estas aparentes sutilezas del idioma, y que Borges, con su mirada de águila del verbo, nos enseña a observar, a mirar en profundidad, son de enorme importancia, porque nos está enseñando a leer, y este servidor siente una especie de dicha mental, un impulso de la flecha sicológica que me dirige hacia la lectura de la Comedia con ojos nuevos.
Examina las epifanías que contendrían tres curiosas líneas; en la primera: “Dolce color d’oriental zaffiro”, el Dante, a través del zafiro, una piedra preciosa entre el celeste y azul, sugiere el color del Oriente, y cuyo nombre comprende el Oriente, insinuando un juego recíproco que podría ser infinito.
En la segunda línea: “Camina in bellezza, come la notte”, sugiere una mujer alta y morena que camina como la Noche, que es a la vez una mujer alta y morena, y así y así y así... Deja caer aquí la belleza de unos versos de Baudelaire: “El silencioso andar de la noche no se debería sentir”.
El tercer ejemplo es de Robert Browning: “O lyric Love, half angel and bird”. Donde el ángel sería mitad pájaro, de este modo la subdivisión sería interminable.
G) “El Simurgh y el águila”
Una noción abstracta de un ser compuesto de otros seres, como un pájaro hecho de varios pájaros. Podría tratarse de un problema mal formulado, que consentiría soluciones desagradables y definitivamente pedestres. Sin embargo esta noción corresponde a una de las figuras más memorables de toda la literatura occidental y oriental. Una fue concebida en Italia, la otra en Nishapur.
La primera figura se encuentra en el Canto XVIII del Paraíso. Criaturas celestes diseñan la cabeza de un águila, pero no es un águila terrestre, sino la obra directa del Espíritu; después de la cabeza aparece el cuerpo completo del águila, formado por miles de soberanos justos, que dice ‘yo’ y no ‘nosotros’. Esta imagen concebida en el siglo XIV es fulgurante, y el hecho de pensar que alguien pudiera superarla, aparece a los ojos de Borges como algo racionalmente increíble.
Sin embargo este hecho increíble ocurrió un siglo antes que el Dante concibiera el emblema del águila, por obra de un autor persa y su extraño Simurgh (treinta pájaros).
Esta singular criatura deja caer una pluma en el centro de la China.
Los pájaros saben que el nombre de su rey significa treinta pájaros y su castillo se encuentra en Kaf, la montaña circular que rodea la tierra. Cansados de vivir en la anarquía deciden de ir a buscar a su rey, pero sólo treinta de ellos llegan hasta la montaña del Simurgh. Cuando la contemplan comprenden que ellos son el Simurgh y que cada uno son todos.
En el Simurgh hay treinta pájaros y en cada pájaro está el Simurgh. La diferencia entre el Águila dantesca y el Simurgh, para Borges, no es menos evidente que la semejanza, donde en la primera está lo inverosimil y en el segundo lo imposible. Detrás del Águila está el Dios individual de Israel y Roma, detrás del mágico Simurgh, el panteísmo.
Con esta historia, Borges, con la sinfonía de su iluminante pluma nos muestra una paradisíaca extensión del principio de identidad.
H) “El encuentro en un sueño”
Cuando el Dante encuentra a Beatriz en el Paraíso asistiríamos, con certeza, a una de las escenas más asombrosas que la literatura haya producido. Para Ozanam se trataría del núcleo primitivo de la Comedia.
En este extraordinario ensayo dantesco, Borges resume las ideas de los escolásticos y, según él, presenta: “algunas observaciones sicológicas, quizás nuevas”, y para los que de estas cosas entienden, se trata de un análisis erudito de inestimable valor.
Todos los comentadores de la Comedia señalan la severidad de Beatriz, otros la fealdad de algunos emblemas. Para Borges, ambas anomalías derivan de un origen común, y se explican en la adoración idolátrica, no correspondida, del Dante por su musa.
El poeta habría arquitectado su grandioso poema con el objeto de encontrarla en la ficción y, como en todos los sueños, se enfrenta a pesadillas, a tristes y terribles obstáculos.
Por Pablo y Francisca, el Dante siente admiración, pero también ansia y envidia por ese amor que los unía y los coloca en su Infierno.
I) “La última sonrisa de Beatriz”
Aquí encontraríamos “los versos más patéticos que la literatura nos haya dado. Se encuentran en el canto XXXI del Paraíso:
“Così orai; e quella, sì lontana
come parea, sorrise e riguardommi,
poi si tornò all’eterna fontana”.
Algo así como:
(Así oré; y aquella, tan lejana
como parecía, sonrió al mirarme de nuevo,
después se regresó a la fuente eterna)
Según Borges, los alegoristas interpretan estos versos dentro de un esquema bastante miserable, impecable tanto como frígido, donde la razón (Virgilio) sería el instrumento que permite alcanzar la fe (Beatriz) y ésta un instrumento para alcanzar la divinidad. Una vez logrado este objetivo ambos personajes desaparecen.
Algunos creen que el Dante creó la Comedia para Beatriz, como lo corroboraría un paso de su obra la Vita Nuova:
“Io spero di dicer di lei quello
che mai non fue detto d’alcuna”.
Es decir, algo como:
(Yo espero decir de ella aquello
que jamás fue dicho de ninguna)
Borges sospecha que el Dante Alighieri haya edificado el mejor libro que la literatura jamás haya producido, para interpolar en él algunos encuentros con su irrecuperable Beatriz. Para decirlo mejor: los círculos del Castigo y el Purgatorio Austral y los nuevos Círculos Concéntricos, y Francisca y la Sirena y el Grifón y Bertrand de Born serían interpolaciones.
Una sonrisa y una voz, que él sabe perdidos, sería lo fundamental.
Este ensayo lo disfruté, gusté y soboreé mucho, porque me mostró la grandiosa potencia de la mujer, del eterno femenino, del dolor destructivo y creativo que causa su ausencia en el corazón del hombre.
En un genio poético como el Dante, la mujer fue el motor de esa Summa Poética de la Literatura Medieval que es La Divina Comedia.
Gracias, don Jorge Luis, por llevarme por esas comarcas donde es posible intuir la inminencia de esa revelación que no se produce.
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