Siento mi corazón desterrado,
olvidado por tu alma iracunda,
que de enfado se ceba e inunda,
y reniega de mi corazón enamorado.
Pediré un favor a los hados:
que saquen de tu alma profunda
el odio causante de mi vida inmunda,
y eternamente lo releguen al pasado.
Siento mi alma amordazada,
mordaza de desconsuelo por ti,
impuesta por tu belleza helada.
Tu belleza helada que lleva a morir
las palabras de mi alma enamorada,
que en tu desamor ve el fin.
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