Junio no es como todos los meses.
Junio se vislumbra frio.
La época estival comenzada en Mayo, se respira en Junio.
Se estremece el cuerpo temblando, tiritando y castañeando los dientes.
Pero Junio no es cualquier mes, no.
Porque en Junio veo tus ojos negros, me pierdo en tu mirada e imagino tu juventud.
En Junio te imagino radiante y te espero como río sereno.
Siento tu aliento fresco cerca del mío, con olor a naranjas y mandarinas, sabor a hierba buena, calor de ti, amor de ti.
En Junio, el árbol muere un poco, sus hojas se desprenden, mecen en el aire y caen cual final de dulce baile.
Mas tu mano se aferra a la mía inesperadamente, por debajo de la sábana entibiada con tu cuerpo y perfumada con tu aroma.
Nada dices, tampoco me miras y sin embargo estas allí, estas aquí, en todas partes.
Y la lágrima, gotita dulce de cristal, sale de tus ojos, rie en tu alma y Junio ya no es más cualquier mes.
Junio es el que pasa calentando mi sábana para que yo no tenga frio.
Es la pregunta sorpresiva de un cómo estás, para ver si mi espíritu se ha sanado ya.
Es un beso en mi mejilla, un buenos días, con el jugo de la mañana en la mano esperando a que me levante.
Es la flor que te daremos juntos y cantando, un desayuno fresco con sabor de amor.
Junio es tu grito.
Tu primer grito de vida, dolor y muerte.
Yo te conocí en Agosto, desde allí me aferré a tu pecho y jamás soltaste mi mano.
Me aferraste la barbilla y dijiste, Todo pasará.
Y yo... regresé a tu vientre
MAMÁ |