Recupero aquí el primer texto de los tres que hice basados en la famosa obra de Kafka. Entiéndase como un acercamiento irónico, aunque respetuoso; como un ejercicio literario, aunque divertido; y como un juego, pero totalmente en serio.
Cuando Gregorio Samsa se despertó, se había convertido en una cama. Encima tenía a un asqueroso bicho, una especie de escarabajo gigante que no paraba de moverse. Espantado por la situación, trató de chillar. Pero sólo consiguió hacer crujir los muelles. De pronto, entró su madre. Profirió un agudo chillido al ver al bicho pataleando. Salió corriendo y regresó armada con una escoba y en compañía de su hija, la hermana de nuestro protagonista. Entre exclamaciones de espanto, lograron matar al escarabajo. Agotadas por el esfuerzo y el horror, se apoyaron la una en la otra.
-¿Y qué vas a hacer ahora con el colchón, madre?
-Habrá que quemarlo, claro.
Y Gregorio Samsa comenzó a hacer crujir los muelles desesperadamente.
|