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Inicio / Cuenteros Locales / za-lac-fay33 / En aquella lejana playa...

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Me imagino a Centroamérica como un colosal mesozoico estagosauro emergiendo del suelo del océano y que las enormes placas a lo largo de su lomo forman los volcanes de aquel istmo tan único.
Siendo parte del llamado 'Anillo de Fuego' en el Océano Pacífico, con sus treinta volcanes mayores,
en ese lado sus playas más que planas son inclinadas en sus arenas, de lava, negras.

Una joven madre camina con las livianas chinelas casualmente colgadas de un hombro en una tarde asoleada sobre las tibias arenas y llevando de la mano asidua a su a lado un niño de unos cinco o seis años.
El mar está tranquilo y parece invitar a los visitantes a que gocen de sus aguas mientras que las altas olas literalmente vienen a romperse sobre las arenas de la angosta playa.
Son las fiestas de Semana Santa y aunque no exactamente vacía, la playa no está aún poblada, eso sucederá más tarde en el día.
La madre se ve cubierta por un ligero vestido playero y el niño luce sus pantaloncitos cortos. En una parte de la playa donde el viento y las aguas han formado una pequeña duna, la madre sienta cuidadosamente al niño en la arena y le explica:
-Mira pues mi muchachito, el agua está casi tibia y me bañaré solamente un ratito. Tu sabes que yo se nadar muy bien y sentadito aquí podrás verme en el agua. No tengas pena ni miedo por mi que no me va a pasar nada malo. Después regresaremos a la casa, ya debes de tener algo de hambre y vamos a almorzar. ¡Solo un ratito! ¿Entiendes?-
El niño comprende y asiente silencioso pero no deja de ver las olas que con violencia y estruendo se revientan a poca distancia de donde él esperará el regreso de su madre.
La madre se despoja de su ligera prenda y presenta un cuerpo alto, esbelto con piel color de alabastro, cabello de tinte castaño que ensortijado se derrama sobre los hombros desnudos. Sus facciones son finas, nariz ligeramente aguileña, sus finas y artísticas manos terminan en largos dedos delgados. Su traje azul de baño y de una sola pieza a la moda de aquellos días a principios de los 1940s.
Las bien torneadas piernas la llevan hacia el agua,
por un instante titubea y luego, atrevida se arroja a nadar en el momento en que una ola viene al parecer a recibirla invitándola al retozo.
Ansioso el niño la observa sus piernitas recojidas y una toalla sobre la espalda. De pronto una enorme ola se empieza a formar más allá de donde su madre nada. El niño trata de alertarla de la ola que ya viene y la madre no la nota y lo saluda felizmente con la mano.
La que al niño le parece una ola inmensa levanta a su madre y por solo un minimo instante, como líquidas plumas de gaviotas o albatroces, reflejada contra el sol tropical la espuma es un penacho sobre el agua.
Las aguas azul y verde de súbito forman una comba que casi verticalmente mantiene a la madre frente a los ojos de su hijo. Como un halo sobe su cabeza la cabellera le flota, es una oscura corona sobre la frente blanca. Los ojos semi-cerrados mientras la faz ligeramente alzada de frente hacia el cielo azul. Brazos extendidos a los lados en busca del equlibrio y del traje azul-marino emerge un cuello que recuerda al de un cisne mientras una pierna se extiende igual que baletista etérea, la otra ligeramente plegada y en ese momento que dura un microsegundo, la estampa de su madre es para el niño lo que más tarde en la vida describiría
como la más sutil poesía plasmada en una imágen imprecedera en la mente del infante, del joven y del hombre viejo, mientras la ola sigue en constante movimiendo subiendo del suelo marino y....la madre sale el frío antro sonriendo y dirigiéndose al niño con el gran amor de siempre le murmura en el oído:
-No tengas más miedo hijito, ya no seguiré nadando, mi goce no será tu tortura. Se enjuga el agua del cabello y luego del resto del cuerpo y tomndo el niño de la mano, caminando en la negra arena, madre e hijo se encaminan tierradentro.
¡Siempre fue mi madre así de bella! Pero aquel microsegundo solo fue parte de su vida y mía.

Texto agregado el 13-01-2010, y leído por 262 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
2013-09-08 04:08:47 Pensé que le sucedería algo malo,que se la tragaría el mar o algo así. Le tengo gran temor a esa masa azul bullente,tanto como la admiración que me provoca***** Victoria 6236013
2012-10-03 21:44:56 Que belleza de recuerdo, la fuerte comunicación que se da entre Madre e hijo sin decir una palabra, pero se queda grabado en el corazón y el alma azuliz
2011-02-19 21:30:57 Un lindo texto, que miedo tendrías!! Muy bien contado.***** silvimar-
2010-06-22 02:09:10 que bonito relato mientra leia mi mente forjo un sin numero de finales es un relato que atrapa.mis saludos. Rocxy
2010-01-14 13:48:07 Es muy bello, mucho, mucho ***** abita
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