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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / el final...

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tenía tantas preguntas pero la persona que buscaba estaba muerta... ¿hace cuanto?, pregunté a una vecina. dijo que hace dos días. ¿cómo sucedió?. me dijo que estaba saliendo cuando dos personas muy elegantes le buscaron, de lo llevaron y por la noche lo echaron como un paquete de regalo, dentro de una bolsa negra de plástico. no sabía qué hacer con mis preguntas así que decidí proseguir mi camino hacia cualquier lugar... un auto se paró a mis pies. entra, dijo un señor muy elegante. no tenía nada que hacer y tenía mucha hambre, entré. eran dos personas elegantes dentro del auto aparte del chofer. una era una mujer hermosa y el otro un tipo bastante mayor y sucio... ¿te gusta?, me preguntó el hombre. la mujer sonrió y miró a través de la ventana, como sintiendo que empezaba la locura... es bella, pero, no tengo ganas señor... ¿qué es lo que quieres?. tengo preguntas, le dije. ¿preguntas?. sí, muchas preguntas... el hombre me miró a los ojos intensamente y dijo que deseaba que le preguntase a él... son muchas, le dije. ¡pregúntame!, gritó. le miré a los ojos y le dije ¿quién era yo?. el tipo sonrió y no cesó de reír... abre la puerta, le dijo al chofer... ¡bájense todos!. la mujer bajó y luego bajé yo. el auto se alejó y yo quedé al lado de la mujer que era muy alta, por lo menos me llevaba una cabeza entera... ¿te gusto?, me preguntó. mucho, le dije, pero no tengo ganas, lo siento. está bien, dijo, vete si quieres y ten unos billetes... no gracias, le dije y me alejé de su lado... caminé hasta llegar a la estación de un bus. una anciana estaba sentada en el paradero, tenía un pañuelo en la cabeza y leía las hojas de un diario... me senté a su lado y esperé a que pasara un bus que se la llevara... pasó uno y ella subió, dejando las hojas del diario sobre la banca de espera. vi alejarse el bus y a la señora y yo quedé sentado la lado de un viejo periódico. cogí todos los papeles y vi la hora. ya estaban pasadas la media noche y sabía que no pasarían mas buses hasta el día siguiente. cogí las hojas y las puse como una almohada en un borde de la banca... me eché y miré las luces del cielo que no eran muchas... todo apuntaba a la eternidad, mientras las preguntas fluían a través de mis labios, y, en silencio... el cielo preguntó: ¿tantas preguntas tienes?. mis labios seguían expulsando preguntas y preguntas hasta quedar seco por dentro... me quise levantar pero no pude, algo me cogía de los hombros... quizá fuera el inmenso cansancio de la vida... de pronto quedé sin preguntas... las vi flotando por los cielos, diluyéndose como polvo por el firmamento... me levanté y sentí que mi cuerpo empezaba a elevarse... no tenía nada en mi vida, tan solo el peso de la eternidad sobre un hijo de carne y sangre... luego, no supe mas... tan solo la belleza de sentirme un todo con todas las cosas, nada mas...

Texto agregado el 14-02-2010, y leído por 164 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2010-02-14 06:57:47 ORale edscrit
 
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